martes, 13 de septiembre de 2011

El posgrado de la discordia



Durante estas  últimas semanas, el Gobierno ha redactado una enmienda en la que acordaba la realización de un posgrado en psicología clínica para aquellos graduados o licenciados que quisieran ejercer en gabinetes o centros privados, cuando hasta ahora solo era necesario completar los 5 años (4 si hablamos de grado) que componen la carrera.

Y yo me pregunto, ¿por qué un posgrado? ¿Por qué ahora? Cuando asistí a la Universidad la respuesta me resultó evidente: la masificación de licenciados con un currículo muy similar ha provocado que el propio Gobierno tomara cartas en el asunto, el posgrado se convierte así en una nueva “herramienta de criba” que facilita la disminución de profesionales en el mercado laboral. Una solución rápida a tanto escarnio: menos profesionales capacitados, menos paro por formación y mayor diferenciación de currículo.

Muchas veces mi padre me recuerda aquellos años en los que “sacarse una carrera” era sinónimo de obtener un buen empleo, pero las cosas han cambiado y los profesionales tienen que hacer un esfuerzo extra formarse y diferenciarse lo suficiente de la competencia para maximizar las oportunidades de empleabilidad.

Las dificultades económicas actuales no implican la desaparición de oportunidades, sino una transformación total de la percepción del mercado laboral: el profesional no debe abandonarse ni acomodarse, sino formarse activamente a lo largo de toda su trayectoria laboral.

Sin embargo y como todos sabemos, los cambios cuestan. Razón por la que deben “inventarse” nuevas herramientas que fomenten la formación y la especialización, aunque ésta no sea ni mucho menos la solución definitiva, puesto que para lo que hoy resulta una solución, para dentro de una década se necesitará de otro tipo de formación que cribe a los profesionales y así hasta el infinito. Debemos entender que la especialización es imprescindible para sobresalir en un mercado saturado en el que poco importa lo que hayas estudiado en la carrera sino lo que puedas aportar en un sector específico del mercado: un filósofo puede ser banquero, un periodista vendedor de seguros, un historiador propietario de una empresa de informática… 

Pero toda especialización requiere de una reflexión previa, y por ello debemos preguntarnos: ¿qué es lo que deseo conseguir? Y ¿qué puedo ofrecer yo distinto de mi compañero? Apuntemos posibles respuestas y empecemos a redactar un plan de acción. Estas son las primeras pautas para convertirse en un nuevo profesional.

Mónica Martínez





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