sábado, 16 de julio de 2011

No inventes un producto, inventa la experiencia para el usuario

Estoy seguro (y está más que demostrado) que un producto bien creado se comprende de la misma forma en China que en Sevilla. Por ese motivo no inventemos un producto, inventemos la experiencia para el usuario. Un producto tiene una utilidad medible pero la experiencia es un tatuaje en el uso del mismo.

La experiencia para el usuario es lo que hace que repitamos, que asociemos una sensación a un producto. Es habitual escuchar: “probé esta marca de coches y nunca he cambiado”. Es un ejemplo de cómo un producto cala en el usuario gracias a su personalidad. Este hecho es considerado publicidad por algunos o narcisismo del CEO de la empresa.


El neuromarketing explora “lagunas de racionalidad”. Pasamos de los resultados científicos a los empíricos. Esta “ciencia” mide los puntos débiles del impacto de la publicidad en la mente de humanos. Sin embargo, en muchas ocasiones no existe un por qué dado que es el propio usuario quien no sabe explicar el por qué de su elección, ya que ésta no es racional.

Teoría de las perspectivas

Esta teoría nos permite describir cómo las personas toman sus decisiones en situaciones donde tienen que decidir entre alternativas que involucran riesgo, por ejemplo: decisiones financieras. Partiendo de evidencia empírica, la teoría describe cómo las personas evalúan las potenciales pérdidas y ganancias. Debemos añadir que nos movemos dentro de un punto de referencia inducido por un marco de referencia.

¿Y cuáles son nuestras actitudes ante el riesgo? Existen diferencias bien definidas entre la teoría clásica y la teoría de la perspectiva. La teoría clásica predice que la aversión al riesgo es independiente de un punto de referencia, por el contrario, la teoría de la perspectiva predice que la aversión al riesgo está en el dominio de las ganancias; y, la búsqueda del riesgo está en el dominio de las pérdidas (excepto para pequeñas probabilidades).

Es una técnica más. La elección de dicha técnica estará reñida con el producto que inventemos. Si éste estará relacionado con el software de contabilidad podremos jugar con la situación de botones, localización de menús y colores. La parte de la organización, atajos de teclado y ratón serán vitales ya que el usuario asociará este programa a velocidad de respuesta y, por tanto, menos trabajo, que es al fin y al cabo lo que buscamos. Con menos movimientos conseguir más.

Psicología del producto

Es célebre el experimento que hizo 7Up. Cambió el color de sus botellas al amarillo, un 15% de los usuarios afirmaban que el refresco les sabía más ácido. Los usuarios no somos totalmente racionales por eso nuestro comportamiento es, a veces, difícil de prever pero no tanto de evaluar.

Nuestro cerebro, a veces, no toma siempre decisiones racionales pero sí toma siempre las que más nos satisfacen, la evaluación constante de nuestros puntos de contacto con el usuario y cómo éste los percibe, parece un buen camino a seguir. De este camino, las empresas deben crear el producto. No debe ser un camino sin curvas, más bien unos pilares para que cada usuario cree su propia infraestructura.

Conclusión

La libertad debe proliferar entre el embalaje del diseño. Enamorar al cliente desde la comprensión del producto es lo que debemos conseguir. Un producto atractivo hará que se acerquen clientes, pero si añadimos un diseño que haga más cómoda la utilización de dicho producto haremos que el usuario vea una belleza y practicidad.

Esta unión de belleza y practicidad de un producto nos da como resultado un producto con personalidad. Todo aquello que tiene personalidad es imitable pero genuino. Éste es el precio a pagar por algo que se puede copiar; siempre existirán imitadores que se lucren, pero habrá más personas que lo veneren.

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