sábado, 4 de junio de 2011

Cuando No hay otra Salida que Cerrar y Liquidar una Empresa

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Cuando se emprende un nuevo negocio ya sea individual o colectivamente pensamos desde el primer momento en obtener la máxima ganancia y ello solo será posible si las ventas de los productos o servicios que ofertamos se incrementan, lo cual es natural y lógico en todo empresario que arriesga su capital para obtener una retribución económica, de lo cual dependerá que el negocio crezca, entonces crecimiento del negocio es una consecuencia del aumento de las ventas.


Autor: José Antonio Zuñiga Rodríguez


Muy aparte de evaluar la buena gestión, la aplicación o no de estrategias de mercadeo así como de otros factores que conducen al normal crecimiento de la empresa, es muy probable que las ventas no sean las esperadas, ya que por regla general todo negocio no es siempre un éxito, pues de acuerdo a las estadísticas la mayoría de los negocios tiene que cerrar al poco tiempo, debido a que no generaron los resultados calculados o esperados para sus propietarios.

Entonces antes de decidir si cerrar o no un negocio es necesario realizar un análisis tomando en cuenta todos los factores que influyeron para llegar a esta triste pero real 
situación; es decir del inminente cierre del negocio, que a la postre ocasionará despedir al personal, romper relaciones con sus proveedores, dejar de atender a sus leales clientes, además de ya no generar ingresos al estado a través de los tributos; ante esta situación antes de decidir el cierre del negocio lo mas recomendable es venderlo en las condiciones que se encuentre o en todo caso estabilizarlo y luego venderlo.

Ahora bien, si hemos pasado la etapa anterior, y no tenemos otra alternativa, entonces ahora si y sin mucho lamentar ni perder el tiempo debemos cerrar el negocio, pues no hay que olvidar que es el propio mercado de compradores quien lo ha decidido, es decir, es el mercado el tirano quien decide que negocios seguirán vivos, de acuerdo como estas empresas respondan ante las exigencias de sus consumidores.

Cuando decimos hay que cerrar el negocio, nos referimos a que debemos hacerlo ordenadamente, enfrentando la realidad, logrando resolver todas las relaciones que se iniciaron con muchos sujetos que tuvieron que ver con la vida del negocio, como son, los trabajadores, los proveedores, la administración tributaria, los acreedores en general, sin olvidarnos de los clientes; pues muy al margen de haber decidido culminar el negocio debemos dejar resueltas las relaciones obligacionales asumidas.

Si se trata de una persona natural, ésta deberá responder ante sus acreedores con todo el patrimonio que tuviese, a pesar de que en el negocio solo invirtió solo una parte, pues al no haberse individualizado el patrimonio empresarial del patrimonio personal, estos se confunden en un solo y el total responderá ante sus acreedores, pues de lo contrario los acreedores sin mas contemplaciones realizarán una ejecución forzada, llámese remate y adjudicación de sus bienes.

Entonces pues, liquidar un negocio personal (de una persona natural) significa resolver las relaciones con sus acreedores y deudores, y del resultado final lo hubiere pasará a las arcas de dicho sujeto, de lo contrario tendrá que pagar la diferencia o déficit con su patrimonio personal y si no lo hay, entonces deberá ser declarado en quiebra lo cual no inhabilita a ejercer el comercio por un plazo de 5 años.

Si se trata de una persona jurídica, ésta solo responderá ante sus acreedores con el patrimonio empresarial, pues en este caso si se ha individualizado dicho patrimonio a diferencia del patrimonio de sus socios o integrantes, con lo cual deberá afrontar sus obligaciones frente a sus acreedores, y una vez cumplido con todos ellos el resultado final pasará a repartirse entre sus socios, y en caso no alcance para todos los acreedores quedará un déficit, lo cual ocasionará la quiebra de la persona jurídica con la consecuente inhabilitación de sus administradores.

Después de todo que un negocio cierre y se liquide no es una desgracia, pues es solo la consecuencia de una decisión drástica del mercado que son los consumidores, quien decide finalmente quien se queda y quien se va, lo que nos lleva a concluir de que el empresario debe desplegar un mínimo esfuerzo por alcanzar que sus clientes se sientan realmente satisfechos del producto o de servicio que adquieren.

No hay más, pues vivimos en un régimen económico constitucional abierto, con una mínima participación del Estado que actúa solamente como supervigilante para que el mercado no se altere ni contagie por manipulaciones extrañas a la libre voluntad de los consumidores de elegir.


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