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martes, 28 de junio de 2011

¿Conviene mostrar las emociones en el trabajo?


En la medida en la que la vida personal, con sus complicaciones, queda inevitablemente entrelazada con lo que vivimos en nuestro lugar de trabajo, la manera en la que podemos demostrar nuestras emociones en el entorno laboral también cambia.

Por: Tino Fernández

El entorno laboral siempre se ha tenido por un reino hiperacional, lógico, con horarios estrictos y organización cuadriculada. El mundo de las emociones estaba fuera de los muros de la oficina. Anne Kreamer, que fue directora creativa de Nickelodeon, y que formó paerte del equipo fundador de Spy Magazine, exploraba recientemente en The New York Times las actitudes hacia las emociones en el entorno laboral. La autora de It´s always personal: emotion in the new workplace hace una nueva version del pensamiento de Descartes: "pienso y siento, luego existo".

En los viejos tiempos preinternet y premóviles, lo normal era relacionar la esfera laboral con los aspectos racionales y la privada estrictamente con lo emocional. Sin embargo, a medida que el trabajo y la vida familiar caminan casi juntos, esta distinción parece anacrónica y cada vez más difícil de argumentar y defender.

La gente envía correos electrónicos a su familia y amigos desde su lugar de trabajo, y recibe mensajes de colegas y clientes por la noche en su casa, o durante las vacaciones. La línea entre la vida privada y y la esfera laboral es cada vez más delgada, por lo que aquello que antes se consideraba como un comportamiento estrictamente privado se refleja ahora en el trabajo, a través de las redes sociales.

La línea entre la vida privada y y la esfera laboral es cada vez más delgada, por lo que aquello que antes se consideraba como un comportamiento estrictamente privado se refleja ahora en el trabajo

Kim Elsbach, profesora de management en la Universidad de California, ha estudiado durante tres años las consecuencias que implican algunas emociones, como el llanto en el trabajo. De acuerdo con sus investigaciones, las mujeres son más proclives que los hombres a hacerlo, porque la manera en que socializan es diferente. La mayor parte de los hombres han sido educados firmemente "para no llorar", y reprimir esta emoción es para ellos casi un acto reflejo. Elsbach añade que "desafortunadamente para las féminas, las lágrimas en el trabajo se perciben con un desdén especial y las consecuencias para ellas son particularmente perjudiciales".

La revista Forbes citaba recientemente el caso de algunas directivas estadounidenses que han sido públicamente muy críticas con la manifestación de este tipo de emociones en la oficina por parte de las mujeres. Martha Stewart, ejecutiva y emprendedora de los medios, tenía siempre preparada durante su etapa de conductora del reality de negocios El Aprendiz, impulsado por Ted Turner la frase "llora y estás despedida. Las mujeres no lloran en el trabajo". Y la magnate de las relaciones públicas, Kelly Cutrone, decidió escribir un libro en ese sentido, con un título revelador: Si tienes que llorar, sal fuera.
La "sabiduría popular" suele aconsejar que aquellas emociones que podemos erxpresar en casa no las llevemos al terreno laboral. Esto cambia en la medida en la que la vida personal, con sus complicaciones, está inevitablemente entrelazada con lo que vivimos en nuestro lugar de trabajo.

En el nuevo escenario se pueden apuntar algunos consejos prácticos.

- Durante mucho tiempo, las emociones se han reprimido, aunque luego se ha visto que son buenas si se presentan de una manera positiva.

- Las emociones positivas se aceptan en términos de motivación, y las negativas son objeto de rechazo, pero hay que recordar que ambas van juntas. Las emociones negativas pueden estallar en cualquier momento, provocando daños colaterales.

- Deberíamos dejar espacio para las emociones más difíciles, como la posibilidad de expresar frustración. Tanto los jefes como los empleados deben pensar en cómo expresarlas. Hoy se pide innovación, pero esto implica mucho más que ser siempre optimista. Hay que crear espacio para tener conversaciones difíciles, gestionar la frustración y tener en cuenta que ésta puede llevar al llanto.

- En tiempos de crisis siempre es mejor mostrarse positivo, porque eso flexibiliza las situaciones. Hay que saber aprovechar el lado positivo. Decir sí a las emociones, pero rechazando todo aquello que suponga crear un conflicto. Tenemos que buscar apoyos, salidas y soluciones.

Fuente: Expansión

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