martes, 24 de mayo de 2011

Si tu trabajo te queda pequeño... Aprovecha la ocasión

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Un trabajo... Lo que sea... Un empleo por encima de cualquier otra cosa. La situación económica, la incertidumbre y los cambios vertiginosos (y en algún caso dramáticos) del mercado laboral han llevado a mucha gente a aceptar cualquier ocupación, sin pararse a pensar en si ese empleo le hace feliz o le desarrolla profesionalmente. La sobrecualificación puede resultar frustrante a la larga, pero esta desidia tiene solución.

The New York Times se planteaba recientemente que "el dar gracias por el hecho de tener empleo se transforma con el paso del tiempo en una sensación de aburrimiento y cierta depresión", y se preguntaba si hay alguna forma de cambiar esto.
Para muchos, aún sin ver la luz al final del túnel de la crisis, parece haber llegado la hora de plantearse las consecuencias que implica estar sobrecualificado para un trabajo. Y muchas compañías también se preguntan si esto es realmente positivo a largo plazo.

Lo cierto es que los profesionales sin práctica lo tienen cada vez más complicado en un mercado laboral exigente y competitivo, que presenta dificultades crecientes cuando se trata de acompasar y ajustar los perfiles con las cualificaciones que requieren las empresas.

En el nuevo mercado laboral que surge tras la recesión los niveles de exigencia en lo que se refiere a cualificación son cada vez más altos, pero la adecuación de esas cualificaciones a las necesidades reales de las empresas resultan muy difíciles de ajustar. Según datos del Consejo Superior de Cámaras, un 49% de las compañías contrata a empleados que cuentan con la formación adecuada, y un 40% de los trabajadores se forma trabajando. Esto a las firmas no suele importarles, pero se debe tener en cuenta que hay una serie de competencias que no se dan en aquellos que llegan al mercado laboral. Las universidades dedican mucho esfuerzo en transmitir conocimientos, pero éstos sólo se adaptan a las necesidades de las empresas en la mitad de los casos.


La ausencia de experiencia o de preparación no es mayor problema que la sobrecualificación, que tiene asimismo mucho que ver con la adecuación entre lo que lo que el mercado laboral exige y el mundo académico ofrece. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) alertaba recientemente del aumento del paro juvenil, que ha llegado a cotas mundiales jamás vistas, alcanzando el nivel más alto en la historia y con tendencia a aumentar en 2010. España es además uno de los países en los que "se ha producido un aumento en la inactividad entre las nuevas generaciones durante la crisis". Nuestra tasa de desempleo de jóvenes con educación primaria pasó del 21,4% en 2007 hasta el 46,4% en 2009.

A esta alarma de la OIT se une el hecho de que el paro de los titulados universitarios en España se duplicó entre 2007 y 2009 hasta alcanzar una tasa del 9,4%. En el resto de la UE el incremento fue de un punto, con un 4,8% de los licenciados y diplomados sin trabajo, según el informe anual de la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD).

Esta investigación, que analiza la evolución de la universidad española y su contribución al desarrollo del país, explica que el 21% de la población de entre 25 y 65 años está en posesión de una titulación universitaria, porcentaje similar al de los Estados de la OCDE. Sin embargo, uno de cada diez carece de empleo.
Además, el estudio afirma que en España "sigue habiendo sobrecualificación" porque un 3% de los contratados (casi 300.000 personas) con titulación universitaria está desempeñando tareas para las que no es necesario "un nivel tan alto de estudios".

En este sentido, el informe explica que en España, al cierre de 2008, la proporción de trabajadores en actividades de alta cualificación era del 32,4%, "seis puntos inferior al porcentaje correspondiente para la UE-27, lo que es una adecuada expresión de las diferencias entre la estructura productiva española y la europea".


Para consuelo (aunque sea temporal) de quienes caen en la frustración que implica la sobrecualificación Hilary Pearl, fundadora de la firma de coaching Pearl Associates, aconseja en The New York Times que no se dramaticen los aspectos negativos de este fenómeno, y asegura que esta situación no es el fin de la carrera de nadie. Sarah Hathom, coach de desarrollo profesional y CEO de Illustra Consulting, cree que "aquellos que tienen una cualificación superior al trabajo que tienen que desarrollar han de aprender o deben hacer cosas en su trabajo que no podrían realizar en una posición que les exigiera mucho más".

Los expertos se muestran convencidos de que la frustración que a la larga puede provocar la sobrecualificación puede ser combatida invirtiendo un tiempo extra en diferentes aspectos del negocio en el que uno está embarcado; enseñando o desarrollando tareas de mentoring para otros miembros de la organización; buscando tareas o responsabilidades que le fuercen a uno a aprender cosas nuevas o a trabajar más duro; buscando y encontrando un mentor dentro de la organización que pueda enseñarle a entender las necesidades de la compañía, o incluso desarrollando actividades fuera de ese trabajo que resulta frustrante para sentirse mejor cuando haya que volver a este.

Si esa ocupación para la que usted está sobrecualificado no es demasiado exigente, vea las ventajas de tener más tiempo para dedicarse a aquello que le gusta. Invierta tiempo y esfuerzo en un hobby o en un negocio paralelo que le llene. Esto le hará más fuerte, le proporcionará satisfacción y se reflejará en su actitud cotidiana.

Fuente: Expansion

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