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martes, 31 de mayo de 2011

El síndrome de Estocolmo empresario

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¿Pueden los empresarios quedar atrapados por ideas o productos que alguna vez fueron exitosos? Diego Pasjalidis asegura que sí y que el vínculo sentimental que se genera puede llevar al fracaso. Para conocer ejemplos de esta situación y sumarse al debate haga click aquí.

Los empresarios no quieren - ni siquiera lo piensan- cambiar aquello que les ha asegurado el sustento durante mucho tiempo. Eso, que hasta hoy es un buen negocio, puede ser que a futuro no lo sea.

El entorno cambia y, si bien las necesidades humanas pueden ser más o menos estables (alimento, salud, cobijo, esparcimiento, etc.), las evidencias de estas cambian de forma permanente: ya no se trata de alimentarse, sino de comer algo rico, algo distinto, gourmet o sano.

¿Qué es el síndrome de Estocolmo?

Cuando una persona es retenida en contra de su voluntad, permanece aislada y sólo se encuentra en compañía de sus captores, puede desarrollar cierto afecto hacia estos. Este sentimiento puede surgir como vínculo consciente y voluntario por parte de la víctima (para obtener cierto control de la situación o algunos beneficios de sus captores), o bien como un mecanismo inconsciente que la ayuda a negar la situación y a no sentir la amenaza y/o la eventual agresión de los secuestradores.

"Estocolmo" en las empresas

En este caso, el poder lo tiene el negocio o, mejor dicho, aquella forma de pensar que le ha venido asegurando el éxito. El empresario se encuentra “preso” de dicha forma de pensar, y lo que quiere es mantener esa relación reciproca de “hago más de lo mismo y me aseguro más de lo mismo”. Claro, esta relación será sana cuando al negocio le va bien.

Cuando el “captor” enloquece, por las presiones del entorno y/o por el cambio en algunas variables o conductas de los consumidores, nos encontramos que esa imposibilidad de la “victima” de reconocer que el “captor” es malo y debe actuar en consecuencia, se convierte en un vínculo sentimental muy fuerte que puede terminar por llevar a la empresa y al empresario al fracaso.

El síndrome de Estocolmo empresarial está ahí. Todos, en lo personal o laboral, pudimos haber sufrido algo similar. ¿Les ha pasado o conocen a alguien que lo haya experimentado? ¿Cuál ha sido su experiencia?

Fuente: MateriaBiz

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