domingo, 29 de mayo de 2011

¿Cuál es la mejor jornada para trabajar?

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Cada empresa es un mundo. Desde el momento en el que en cada una se desarrollan actividades diferentes a lo largo de las diferentes cadenas de suministro de productos y servicios, las necesidades son distintas, aunque es cierto que existen puntos en común. Uno de ellos es el tipo de jornada en el que se desarrolla el trabajo. Vaya por delante que ante la cuestión de “cuál es la  jornada óptima para trabajar”, no creo que haya una respuesta única y absoluta, sí que veo muchos puntos a favor en la jornada continua, frente a otras alternativas.

Existen importantes puntos a favor en el trabajo continuado a lo largo de una jornada “compacta”, de 8 horas del tirón (o casi). El más importante para mi es el de la disponibilidad de tiempo que tienen las personas que trabajan de esta manera, para poder desarrollarse en otros aspectos de la vida diferentes al trabajo: poder atender a la familia, mejorar sus habilidades y conocimientos a través del estudio, practicar deportes y aficiones, descansar,… cualquiera de estos aspectos favorece que haya trabajadores motivados, sanos y dispuestos a trabajar, y sólo a trabajar, durante la jornada laboral.


Si se para uno a pensarlo un momento, algunas de las consecuencias en la sociedad de las jornadas “eternas” de hoy en día no son nada esperanzadoras: personas que están en la empresa más tiempo de la jornada estipulada ocupando huecos que deberían ser para otras personas que no encuentran trabajo; problemas provocados por lagunas en la educación de jóvenes que están acostumbrados a no ver a sus padres porque llegan muy tarde del trabajo; problemas de salud por no practicar deporte habitualmente; menor desarrollo personal del deseado; dificultades para seguir estudiando y ampliando conocimientos…

También existen falacias que van en contra de la jornada contínua, que aún no he conseguido que nadie me las demuestre. Una de ellas es la productividad, factor que considero que, salvo en ocasiones puntuales, a medio y largo plazo nunca es mayor en otro tipo de jornada más amplias, como la jornada partida. Teniendo en cuenta que la productividad es un cálculo que se puede hacer como a uno le venga en gana (recuerdo cierta planta ensambladora de coches que presume de ser “la más productiva del grupo” porque es la que más coches fabrica por metro cuadrado de superficie industrial), si se hace un cálculo de resultado neto por persona, las cuentas parece que salen mejor si se “X” personas trabajan más horas que si trabajan menos horas. Lo importante es el resultado obtenido que, como digo, a la larga no he conseguido que nadie me demuestre que es mejor.

Además de lo personal, está lo medioambiental. Si se trabaja en jornada continua, se requieren 2 desplazamientos para ir y volver del trabajo, normalmente en coche en muchos sitios de España. Si se trata de una jornada partida, los desplazamientos y, por tanto, su impacto medioambiental, se multiplican por dos.

Todo lo mencionado en los párrafos anteriores es perfectamente compatible con la flexibilidad de horarios. No siempre es posible hacer un mismo horario y no todo el mundo tiene la misma flexibilidad para llegar a una hora u otra. Hay trabajos que requieren estar en horarios fijos, por ejemplo, para atender al público a una hora determinada o para dar el relevo a un turno. Pero se pueden plantear fórmulas de jornada continua que permitan conciliación entre la vida profesional y la vida personal (familia, aficiones,…), también alguna que permita el teletrabajo.

A modo de conclusión, quiero destacar que este es un tema de lo más importante y que requiere que se le vaya prestando la atención necesaria. Mientras unas empresas han visto las ventajas de separar el trabajo del resto de facetas de la vida, estrategia win-win, con la que salen ganando los empleados y el negocio, otras aún siguen pensando que la mejor manera de hacerlo es la fórmula antigua de la esclavitud. Hoy en día los hábitos de la sociedad han cambiado, la mujer se ha incorporado desde hace tiempo al mercado laboral y la familia no se educa sola, el conocimiento de nuevas materias no aparece en el cerebro por arte de magia, el descanso se consigue a base de horas de desconexión, la salud difícilmente acompaña sin deporte y con altos niveles de estrés,… En definitiva, racionalicemos las jornadas de trabajo y agrupemos horas laborales para poder disfrutar de la vida.

Fuente: Blog de Sage

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