miércoles, 13 de abril de 2011

¿Por qué decir que no a un ascenso profesional?


En el mundo empresarial se suele pensar que el desarrollo profesional debe seguir un rumbo ascendente en el que cada vez se asumen más responsabilidades y se experimentan mejoras salariales. Con esta base resulta complicado que un trabajador reflexione sobre si realmente resulta el mejor paso para su carrera. ¿Por qué decir que no a un ascenso profesional?

Debería ser habitual que la organización realizara un análisis concienzudo de sus necesidades y hablara con los empleados que mejor pudieran cubrirlas adaptándose a las nuevas exigencias para así realizar una buena selección interna, pero en ocasiones se suele seguir un criterio de antigüedad y se nos puede poner en una situación donde chocan nuestros deseos y nuestra realidad.

Autoconcepto y presión social

Uno de los beneficios no económicos de un ascenso es el derivado de la percepción social que se tiene sobre un puesto de responsabilidad y nuestra necesidad de pertenencia a los grupos que conforman nuestro entorno.

Esta presión parte de nuestra propia autopercepción basada en el “yo múltiple”. Es decir, nos definimos por la complejidad de situaciones en las que nos desarrollamos y por tanto por la cantidad e importancia de las actividades en la que nos movemos normalmente. Un puesto de trabajo complejo o de responsabilidad permitiría desarrollar nuestro “yo” en nuevas facetas y esto es incluso más relevante que esa supuesta presión social que en gran parte nos hemos autoimpuesto.

Un asenso acaba con una parte de nuestro “yo” que posiblemente es origen de satisfacción si nos desenvolvemos con éxito en nuestro puesto. A nivel de autoestima puede ser más beneficioso ser un buen comercial a ser un mal director comercial aunque a la hora de decidir se producirá un conflicto entre nuestra felicidad actual y la posibilidad de obtener mayor respeto social e incluso éxito personal.

Los procesos de selección interna deberían ser capaces de analizar nuestras capacidades de desarrollo pero en última instancia seremos nosotros los que debemos estudiar si el ascenso llega en el momento adecuado de nuestras carreras o si no estaremos a la altura del reto. En este momento nos encontraremos otro problema y es de nuevo la presión social.

No está bien visto rechazar una oportunidad de ascenso y puede ser visto por los superiores como un gesto de desprecio y comodidad ante el trabajo por lo que deberá acompañarse por una argumentación coherente que reafirme nuestro compromiso con la organización. Los esfuerzos para rechazar un ascenso son mayores que los realizados para aceptarlo pero las consecuencias de dar un paso en falso son importantes.

El ciclo de vida del trabajador

Por su propio interés, las empresas deben facilitar la libre elección del trabajador y eliminar la presión de aceptar un ascenso. El puesto de responsabilidad debería ser asumido por alguien con convicción y no impuesto como un paso obligatorio del que no se enriquecerá nadie.

Además, la empresa puede realizar planes de carrera para los principales activos humanos de modo que se asegure el correcto desarrollo profesional y que el ascenso se produzca en un momento adecuado en el que ya se haya realizado la formación necesaria para potenciar el éxito del cambio.

Los empleados pasamos por varias fases desde que asumimos un puesto y pasamos de una fase inicial de “enamoramiento” a una última etapa de declive en la que la organización tendría que actuar para aumentar el incentivo profesional.

Los ascensos o ampliar las tareas del trabajador son buenas maneras de revitalizar el ciclo de vida profesional pero realizar estas acciones en la fase de madurez puede acabar con la autoestima del trabajador si no se acompaña de las acciones formativas anexas.

No podemos pensar solo en el dinero pues este viene acompañado de obligaciones, responsabilidades, flexibilidad horaria, etc… El trabajo forma una parte importante de nuestro “yo” y por tanto debemos tener mucho cuidado con los pasos que damos durante nuestra vida. El momento puede ser la clave y en esto tiene mucha importancia la actitud de la empresa y la capacidad de analizarnos a nosotros mismos.

Un ascenso puede ser una oportunidad de seguir creciendo junto a la empresa o una forma de romper nuestro crecimiento natural y quizás acabar la relación con la organización que nos dio la oportunidad.

Muchos querrían estar ante esta disyuntiva pero no te dejes engañar por la voz popular: razona y toma decisiones coherentes. Sean cuales sean tus razones para no aceptar el ascenso, si son bien defendidas fortalecerán tu vínculo con esa empresa que tanto te valora.

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