domingo, 13 de marzo de 2011

Qué no hacer en el trabajo


Pesimistas incorregibles, cenizos, quejicas profesionales, victimistas, pelotas, agresivos con un pronto explosivo, ladrones del tiempo y la energía de los demás, chismosos o criticones... Si usted se identifica en estas categorías de la fauna más abyecta de oficina debe saber que todas estas emociones, actitudes y comportamientos ponen en peligro su imagen profesional, su carrera o su empleo. 

Por: Tino Fernández

Los chimosos y los creadores de rumores están entre lo peor de la fauna tóxica de oficina con la que muchos tienen que convivir (y malvivir) cada día. Un reciente estudio de la firma Opinion Research sitúa a estos en el top 5 de los comportamientos más abyectos en el lugar de trabajo, pero no están solos: la investigación cita también a aquellos que utilizan constantemente una jerga ininteligible, a los que pasean hablando por el teléfono móvil y restriegan a todos sus conversaciones, o a los que "no guardan una etiqueta correcta en el lavabo", que es una manera amable de calificarlos. En el catálogo de comportamientos, actitudes o emociones que se deben evitar en el trabajo hay una gran variedad que supone un menoscabo de nuestra imagen, de la carrera profesional o, de manera inmediata, que pueden llevarnos a perder el empleo.

"en los tiempos difíciles, en los que hay hipersensibilidad y el autocontrol emocional es más complicado, se multiplica el número de profesionales que caen en espirales negativas que les llevan a situaciones personales y de actuación perjudiciales para ellos mismos, para sus compañeros y para las empresas en las que trabajan".

La cuestión es cómo se entra en estos remolinos negativos y qué errores hay que evitar para no dejarse arrastrar por esa corriente inútil y dañina. 

Ser un cenizo

Un error casi imperdonable: "El de los pesimistas que siempre lo ven todo mal. Ya lo eran en los buenos tiempos, pero su efecto quedaba diluido por el clima de éxito general. Ahora, en tiempo de penumbra, su influencia es aún más poderosa".

En esta misma línea están aquellos que se lamentan todo el día. "resulta tentador ir de víctima. Repitiendo esos lamentos una y otra vez, como un mantra, uno golpea el cerebro tanto que al final se cree que está amargado, y se comporta como tal, cuando la realidad es que todos estamos igual y la mayoría lo lleva bien. Si uno se repite machaconamente a sí mismo cosas negativas, al final las cree y sólo quiere ver lo que ratifica su visión desgraciada".

Esto tiene mucho que ver con el error de interpretar siempre lo peor: "En estos momentos se toman muchas decisiones, hay cambios continuos, movimientos, comunicación defectuosa... Todo está servido para que el lado perverso de nuestra imaginación dibuje escenarios terribles inexistentes. Eso produce agobio y estrés, que a su vez genera peores interpretaciones".

Generar conflicto

Hay personas que crean más conflictos de los que son capaces de resolver. "se trata de gente que convierte el trabajo del día a día en un conflicto permanente, en el que se generan ambientes perniciosos por la creación de problemas".

Dar cancha a los quejicas: "Los hay que siempre se quejan de todo. Son personas agota-ánimos, siempre pesimistas, y conviene huir de ellas o ignorarlas para que no contagien su mal fario".

El rumor o el chisme bien usado puede ser beneficioso en términos de comunicación interna, para lanzar o recibir información que no circula por los cauces oficiales, o para aflorar ideas o innovaciones que tampoco seguirían las vías comunes de la organización.

Pero a pesar de la posible defensa que puedan tener, lo cierto es que el rumor y el chisme ocupan un lugar de honor en la galería de los horrores de oficina. Participar en corrillos destructivos "resulta frecuente alrededor de la máquina de café, o en cualquier ocasión informal. Se forman grupos de compañeros con unos minutos para charlar sin más, pero el problema es que los seres humanos, cuando estamos en ‘manada’, nos transformamos y nos encanta criticar. Eso, que hasta puede resultar divertido en una tertulia entre amigos, pasa a ser tóxico en un entorno complicado como el actual, ya que todo lo que se dice –medio en broma medio en serio– acaba influyendo y dejando una sensación exagerada de que todo es un desastre”.

“demasiadas veces no se sabe controlar las críticas y tendemos a cultivar campos de minas que nunca sabemos cuándo van a estallar".

Otro error, como es "creer que el jefe es el enemigo. Ahora todos exigimos que los de arriba hagan lo que tengan que hacer para que podamos salir adelante. Pero pocas veces nos alineamos con los jefes comprendiendo su misión, e incluso los ponemos en el punto de mira. El verdadero enemigo es la crisis, la necesidad urgente de ahorrar costes, de vender más, y los que tienen que gestionar eso lo mejor que puedan y sepan son los jefes, con mejor o peor acierto, pero han de gestionarlo sin demora. Empeñarse en verlos como enemigos te hace reaccionar a cada decisión con hostilidad. Eso te convierte en un problema más para el jefe, que empezará a distanciarse de ti".

Otro error fatal que afecta a jefes y empleados: "El pronto, tan extendido en España, y que crea una cultura de la desconfianza en la que la gente trata de satisfacer al jefe antes que dedicarse a su trabajo". En este sentido Pilar Jericó, directora general de Be Up, cree que las organizaciones penalizan la agresividad sin sentido, aunque en algunas culturas esta se permite a los jefes.

El ‘pronto’ lleva a una cultura de la desconfianza y a no dedicarse al verdadero trabajo

"aquellos profesionales que usan el tiempo de los demás como si fuera el propio. Absorben el tiempo y la energía del resto para disponer de ellos a su conveniencia".

Las reuniones eternas e improductivas son un ejemplo de este disponer de las horas de trabajo ajenas. Algunos estudios realizados en compañías estadounidenses revelan que allí tienen lugar cada día once millones de reuniones, y que la mayor parte de profesionales se ven involucrados en 61,8 millones de éstas al mes, lo que supone la pérdida de 31 horas mensuales, que equivalen a cuatro jornadas laborales completas.

Se suele hablar de la necesidad de mejorar la productividad de los empleados, pero si hablamos de los directivos, entre estos también se dan factores que llevan a la pérdida de tiempo, porque ciertas organizaciones y determinados entornos laborales "permiten" a algunos ejecutivos ser improductivos y refugiarse en tareas rutinarias.

El desprecio

Mucha gente se deprime ante los comentarios despectivos que otros hacen sobre su trabajo, su rendimiento o su persona. "el problema no es tanto el comentario como el efecto devastador que provoca, porque muchos otorgan a otros el poder de agraviarles, un poder que no tienen si no se lo da el ofendido. Cuando un ‘nadie’ te lanza una afrenta no hay que permitir que su acción se convierta en daño emocional. Sea quien sea, no tiene ese poder; se lo damos nosotros sin querer. Piensa que es un insecto el que te incordia, imagina a un pequeño gusano que se arrastra y te grita sandeces o insultos. Probablemente te reirías, o sentirías lástima por él".

"lo que más penaliza la gente es el desprecio, así como la prepotencia, o el exceso de orgullo. Todos necesitamos sentirnos importantes, útiles y reconocidos, y queremos líderes que generen compromiso y marquen objetivos claros. Las emociones que vayan en contra de esto son las que causan problemas en la organización".

Energía negativa

Otro grave error es "dejar de divertirse, creando un clima en el que reír o ser amable no encajan. La presión y las dificultades vienen del exterior. Puertas adentro se hace lo que se puede, y por tanto es bueno mantener la energía positiva. Para ello nada mejor que el buen humor. Pero en estos tiempos es fácil olvidarse de esto y descuidar pequeños detalles que ayudan mucho a mantener el ánimo".

Tampoco conduce a nada el no creer en un futuro mejor. "al final, ‘se ve’ lo que uno cree. Se puede contemplar la situación actual visualizando un futuro mejor; que todo esto acabará en nuevos retos, en cambios esperados o no; que traerán nuevas oportunidades, mucho aprendizaje o una gran satisfacción por haber sido capaces de superar las dificultades. También se puede tomar la decisión de dejarse llevar, y así caeremos en los errores anteriores, dejando que la influencia negativa que provenga del entorno no encuentre ningún escudo protector". Si uno cree que al final todo irá bien, así será, y además disfrutará del camino. Si no se plantea nada, o todo es negativo, obtendrá "nada o algo negativo".

De este modo llegan el pasotismo y la apatía. Cuando uno ya no entiende nada, ya no cree en nada y no ve que esto vaya a ningún sitio, lo fácil es bajar el nivel de rendimiento. Para qué esforzarse si no hay seguridad de si estaremos o no el mes que viene, o si cambiará totalmente la estrategia y no servirá de nada.

Encontrar excusas para la apatía es ahora más fácil que nunca.

"el problema es que el bajo rendimiento trae resultados mediocres, por lo que baja nuestra autoestima y nuestra imagen profesional, no permite disfrutar de los logros y deja demasiado tiempo para caer en los victimismos; favorece la mente ociosa, con lo que termina por decaer todo nuestro ritmo vital. El buen rendimiento nos mantiene en forma".

Llorar es siempre penoso

"Los hombres no lloran" es una máxima con la que han crecido millones de niños. Y parece que las mujeres tampoco deben hacerlo, al menos en horario laboral.

Kim Elsbach, profesora de ‘management’ en la Universidad de California, ha estudiado durante tres años las consecuencias que implica el llanto en el trabajo. De acuerdo con sus investigaciones, las mujeres son más proclives que los hombres a hacerlo, porque la manera en que socializan es diferente. La mayor parte de los hombres han sido educados firmemente "para no llorar", y reprimir esta emoción es para ellos casi un acto reflejo. Elsbach añade que "desafortunadamente para las féminas, las lágrimas en el trabajo se perciben con un desdén especial y las consecuencias para ellas son particularmente perjudiciales".

"llorar en público en el transcurso de una reunión, o por culpa del estrés que provoca el trabajo se considera especialmente ruinoso para una mujer, y también un síntoma de debilidad". Además, llorar en una entrevista de evaluación puede ser tomado como un intento de manipular el resultado y una falta de profesionalidad. Elsbach sólo admite el llanto en casos de una pérdida personal grave, como la muerte de un familiar o una situación de divorcio, y en estas situaciones advierte que "todo tiene un límite".

La revista ‘Forbes’ citaba recientemente el caso de algunas directivas estadounidenses que han sido públicamente muy críticas con la manifestación de este tipo de emociones en la oficina por parte de las mujeres. Martha Stewart, ejecutiva y emprendedora de los medios, tenía siempre preparada –durante su etapa de conductora del ‘reality’ de negocios ‘El Aprendiz’, impulsado por Ted Turner– la frase "llora y estás despedida. Las mujeres no lloran en el trabajo". Y la magnate de las relaciones públicas, Kelly Cutrone, decidió escribir un libro en ese sentido, con un título revelador: ‘Si tienes que llorar, sal fuera’.

"durante mucho tiempo, las emociones se han reprimido, aunque luego se ha visto que son buenas si se presentan de una manera positiva".

"las emociones positivas se aceptan en términos de motivación, y las negativas son objeto de rechazo, pero hay que recordar que ambas van juntas”. 

“las emociones negativas pueden estallar en cualquier momento, provocando daños colaterales".

"deberíamos dejar espacio para las emociones más difíciles, como la posibilidad de expresar frustración. Tanto los jefes como los empleados deben pensar en cómo expresarlas. Hoy se pide innovación, pero esto implica mucho más que ser siempre optimista. Hay que crear espacio para tener conversaciones difíciles, gestionar la frustración y tener en cuenta que ésta puede llevar al llanto".

"en tiempos de crisis, siempre es mejor mostrarse positivo, porque eso flexibiliza las situaciones. Hay que saber aprovechar el lado positivo. Decir sí a las emociones, pero rechazando todo aquello que suponga crear un conflicto. Tenemos que buscar apoyos, salidas y soluciones".

El término "resiliencia" que, en este caso, supone aplicar a las personas la flexibilidad que muestra un material antes de romperse, y se identifica con la capacidad para afrontar las malas situaciones.

Fuente: Expansión


No hay comentarios:

Publicar un comentario