viernes, 4 de marzo de 2011

El autónomo, un superviviente solitario

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El americano' invita a reflexionar sobre el drama de la vida solitaria del profesional liberal independiente, que ha de sacar adelante su trabajo sin suficiente información, sin apoyo de otras personas y con escasez de recursos.


Dirigida por el prestigioso fotógrafo Anton Corbijn, El americano es una rareza del cine comercial estadounidense que, con un buen guión y un destacado protagonista –George Clooney–, no puede pasar inadvertida entre las películas de este año. Con un inicio magistral, el espectador se queda enganchado con una historia dura que, sin embargo, nos puede recordar etapas de nuestra vida personal y laboral.

La película cuenta la historia de un fabricante de armas para asesinos a sueldo que, oculto en Castel Monte, un tranquilo pueblo de las montañas italianas, realiza un nuevo encargo mientras mantiene una relación difícil con algunos de los habitantes de esa localidad.

Jack, el protagonista, es el reflejo de un hombre tremendamente comprometido con su profesión que, como muchos autónomos, actúa en solitario y con pocos recursos. Dejando al margen la connotación ética de su actividad, ¿qué profesional por cuenta ajena no ha soñado alguna vez con trabajar de forma independiente para otros, ofreciendo libremente sus servicios, escogiendo la actividad y gestionando su tiempo? Sin duda, es una quimera para muchos, máxime cuando no todo son ventajas.

La verdad es que este sueño muchas veces no se llega a cumplir. Ser autónomo es una práctica difícil de gestionar: se depende de un tercero para trabajar. Un cliente que a menudo reclama con tiranía calidad y exige el cumplimiento de unos plazos y al que, además, hay que rendir pleitesía. Conclusión: si se quiere prescindir de él resulta casi imposible. Esta es la situación a la que llega Jack, en este caso, con tintes dramáticos.

Mejor solo
Uno de los aspectos destacables en la película es lo meticuloso y frío que se muestra el protagonista con su entorno, tanto en el aspecto personal como en el laboral. Parece que está poco interesado en establecer relaciones afectivas más allá del plano laboral para poder llevar a cabo su tarea con responsabilidad. Jack es un hombre tan comprometido con su trabajo que, para conseguir sus retos, establece distancias emocionales, un autocontrol que resulta trágico.
Como el protagonista de esta película, el autónomo tiene problemas de comunicación y confianza con otros, porque debe trabajar venciendo inercias, carece de información final suficiente y de recursos. A diferencia del empresario independiente, los que trabajan en organizaciones y en equipo conocen las metas finales, pueden contrastar sus inquietudes con otros, acceder a recursos y autodirigirse hasta los límites de su compañía. Cuando las circunstancias o la propia decisión personal llevan a estos profesionales a trabajar como autónomos es inevitable que, en algún momento, el agobio de la soledad y la sensación de aislamiento sean sus únicos compañeros de trabajo.

Al margen de la ficción, en el mundo profesional han surgido nuevas fórmulas de trabajo como el coworking para de romper con la soledad y el aislamiento profesional. Lo que conocemos en español como cotrabajo consiste en compartir el espacio de trabajo con otros profesionales, aunque no desempeñen tareas parecidas, un sistema que funciona, por ejemplo, en Estados Unidos. Allí los espacios de coworking se han multiplicado, permitiendo que los profesionales desempeñen su actividad laboral en un espacio comunitario y multidisciplinar rodeados de compañeros de trabajo que, a priori, nada tienen que ver unos con otros. De ahí surge la posibilidad real de encontrar socios y colaboradores, así como de intercambiar conocimientos, experiencias, contactos y cartera de clientes.

Emprender la carrera en solitario supone elevadas dosis de valentía, entusiasmo y, sobre todo, tener muy claros los objetivos. Los autónomos deben planificar, conocer los pros y los contras y estar preparados para asumir cualquier inconveniente inesperado. Jack se mueve en un mundo siniestro y oscuro donde prima el enriquecimiento, no se hacen preguntas y las miradas y los silencios tienen un significado. Si se quiere llevar una empresa, con este panorama, el fracaso está casi asegurado.

Fuente: Expansion

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