jueves, 10 de marzo de 2011

¿Cuánto nos cuesta perdonar?

"Si no perdonas tú el tiempo lo hará."

"Perdonar lastima menos el alma que el olvido."

El perdón , y la ausencia de recór derrumba barreras,  muros, y nos permite avanzar. lo más difícil es  perdonarse a uno mismo. 

Un  estudio de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) ha analizado los cambios emocionales que surgen entre sexos y generaciones a la hora de perdonar. El análisis, que se ha publicado en la Revista Latinoamericana de Psicología, demuestra que los padres perdonan con más facilidad que sus hijos, y las mujeres más que los hombres. 

“Una variable decisiva en la capacidad de perdonar es la empatía, y las mujeres tienen más capacidad empática que los varones”, señala Carmen Maganto, coautora del estudio y profesora titular en la Facultad de Psicología de la UPV, en declaraciones a la Agencia SINC. 

Los hijos consideran que “las cosas se perdonan con el paso del tiempo”, pero los padres aluden a razones como “el arrepentimiento y el perdón de la otra parte” y “la justicia por medio de la ley”. En la definición del perdón, padres e hijos tienen similares concepciones. Falta de rencor, reconciliación y comprensión-empatía son los términos que mejor identifican el perdón para ambos grupos. 

Sin embargo, hombres y mujeres presentan más diferencias. Para ambos “la falta de rencor” es lo que mejor define el perdón. Pero los varones dan una importancia mayor a esta característica.


Este es, sin duda, uno de los temas duros de la vida. A su alrededor se han creado catedrales de malentendidos y no pocas enfermedades asociadas a la necedad de continuar siendo víctimas de quienes nos han herido. 

Perdonar es la experiencia de paz y comprensión que se siente en el presente. Se perdona al confrontar las reglas rígidas que uno(a) ha trazado para el comportamiento de los demás, y al enfocar la atención en las cosas buenas de la vida, no en las malas. 

Perdonar no significa olvidar o negar las cosas dolorosas ocurridas.
Perdonar es la poderosa afirmación de que las cosas malas no arruinarán nuestro presente, aun cuando hayan arruinado nuestro pasado. 

Hay tres componentes principales que motivan la creación de largos y dolorosos resentimientos: 

* Tomar la ofensa exageradamente personal
* Culpar al ofensor por nuestros sentimientos
* Crear una historia de rencor 
Piense en alguna herida personal para así darse una idea de cómo lo aflige ahora. Cierre los ojos y piense en aquel doloroso suceso por un momento.

Cuando recuerde claramente lo ocurrido, piense o escriba brevemente un resumen sobre aquella experiencia. Cuente la historia de lo que pasó, en el papel o en la cabeza. 

Ahora analice lo que pasa cuando piensa en ello hoy. Por ejemplo, ¿cuál es su pensamiento más recurrente al recordar el suceso? Luego tenga en cuenta cómo se siente y fíjese cómo reacciona su cuerpo al revivir el dolor.

Una vez consideradas sus respuestas, por favor responda a las siguientes preguntas: 

1. ¿Piensa usted en esa dolorosa situación más de lo que piensa en las cosas buenas de la vida?
2. ¿Al pensar en ello siente incomodidad física o alteración emocional?
3. Cuando hace memoria sobre el particular, ¿lo hace con los mismos pensamientos?
4. ¿Repite la historia una y mil veces en la cabeza? 

Debe quedar claro que los rencores no son señal de enfermedad mental.
Sentirse herido(a) tampoco es indicio de estupidez, debilidad o falta de autoestima. Sencillamente significa que no se está preparado(a) para afrontar las cosas de otra manera. Sentirse herido(a) en la vida es normal pero difícil, y casi todos creamos rencores en algún momento. Sin embargo, que sean comunes no significa que sean saludables. 

Por más preparación que se tenga para perdonar, hay momentos en que es útil -hasta necesario- sentirse molesto(a). Puede ser que algún límite personal haya sido violado; podemos hallarnos en peligro o haber sido maltratados. Aun así, las situaciones que exigen reaccionar con molestia son muy pocas.
Reaccionar movidos(as) por el dolor sólo ayuda cuando ello soluciona el problema.

Ceder el poder

El error más grande que se comete bajo el efecto de las sustancias estresantes es culpar de nuestra molestia a la persona que nos lastimó. Al culpar a otros por nuestros sentimientos, les cedemos el poder de controlar nuestras emociones. Seguramente tal poder será mal usado y seguiremos heridos (as). Es alarmantemente alta la cantidad de personas que le ceden poder a aquellos que nos los quieren. 

Sentirnos mal cada vez que pensamos en la persona que nos lastima se vuelve costumbre y nos hace sentir víctimas de alguien más poderoso.

Responsabilizar a las personas por sus acciones no es lo mismo que culparlas por nuestros sentimientos.

Fuente: 7 farOs

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