miércoles, 9 de febrero de 2011

La sabiduría de un monje

A un monasterio enclavado en las montañas de Nepal llegó un joven monje.

Por: Santiago Álvarez de Mon

 Desde el principio su integración fue complicada. Su carácter difícil, su controvertida conducta, no facilitaban las relaciones. Transcurridos varios meses, la situación llegó hasta tal punto de que varios monjes veteranos tomaron la iniciativa de ir a ver al director.

Después de explicarle algunos conflictos, le sugirieron que lo mejor era que abandonara el lugar. Ante la resistencia del superior, le pidieron que ordenara su marcha. Sin fruto en sus demandas, optaron por hacerle el vacío.

De repente, un día el joven monje decidió marcharse. Enterado el director de su salida decidió ir en su busca. Le preguntó por qué se había ido. Poco convencido de las explicaciones recibidas, tras un diálogo sincero, le suplicó y convenció para que volviera con el resto de la comunidad. Los mayores no entendían nada. ¿Por qué le ha traído de vuelta? ¿No se da cuenta que desde su llegada todo son problemas?

El director, después de escucharles atentamente, contestó: "Estamos aquí para, a través de la meditación y el silencio, alcanzar la bondad y el amor, la paz en nuestros corazones. Gracias al aire fresco traído por nuestro compañero me he dado cuenta de que estamos lejos de nuestra meta. Su presencia nos ayudará a perseverar".

Pensando en la organización moderna, el cuento tiene muchas lecturas. Hoy me fijaré sólo en una. No es infrecuente escuchar comentarios sobre lo bien que se ha adaptado fulano a nuestra empresa, lo rápido que se ha amoldado mengano a nuestros hábitos y costumbres. Recuerdo hace unos meses un off-site con una importante institución española. Hablando de un fichaje exótico se comentaba que todavía no entendía la cultura de la firma, que no acababa de asumir los modos y maneras de una institución española. El director del grupo comentó: "Probablemente nuestro compañero tendrá que hacer un esfuerzo para entender la filosofía de esta casa. Sin embargo, también esta empresa tendrá que cambiar para que perfiles "extraños" se encuentren cómodos y aporten el enorme valor por el que les hemos fichado. Si en aras de la necesaria adaptación se diluyen en la colectividad y pierden su independencia y creatividad originales, mal vamos".

Se hizo un silencio elocuente, todos tenían que aprender, no sólo el fichaje. En otra ocasión, también con una gran corporación española, el caso fue distinto. Era evidente que se habían equivocado. Pese a su currículo, sus primeros pasos confirmaron que el encaje institucional era difícil. El máximo ejecutivo concluyó: "Hemos cometido un error, contratarle. No cometamos el segundo, mantenerle". Con elegancia prescindieron de él, para provecho de ambas partes.

En un mundo donde la diversidad y la complejidadnos envuelven, la integración de "agentes extraños" es un desafío singular. ¿Qué capacidad tiene nuestra organización para detectar, seducir, incorporar y retener a savia nueva, a "monjes diferentes"? ¿Somos acogedores de talento e ingenio o, como los santurrones del cuento, maniobramos en la sombra para que no triunfen?

Siguiendo al director del monasterio, ¿cuál es el problema? ¿Quién lo tiene? Mientras no tengamos respuesta, ojo con la solución. No por fácil y obvia es la mejor.

Fuente: Expansión

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