miércoles, 16 de febrero de 2011

Cuando el puesto me queda grande


Por fin ha conseguido un ascenso pero, ha llegado a un puesto que le viene grande. No posee las cualidades, aunque conoce los objetivos del cargo.

Por: Montse Mateos

 Tiene dos opciones: Fingir que lo sabe todo poniendo en juego su reputación profesional y la rentabilidad de la empresa, o actuar con cautela reconociendo sus carencias desde el inicio y ejerciendo un liderazgo sano que refuerce y contagie su entusiasmo para hacerlo lo mejor posible. De usted depende. Pero recuerde que a veces la ambición le puede costar muy cara.

Dicen las malas lenguas que todo el mundo asciende hasta que logra superar su nivel de incompetencia. Pero olvide dichos absurdos porque cuando por fin se logra un puesto de responsabilidad hay que dejar a un lado el vértigo, la inseguridad y asumirlo con destreza y mucha habilidad. Llegar a la dirección es un cambio de carrera, y si piensa que el puesto le viene demasiado grande la peor opción es la valentía desmesurada. 

“al final el equipo acaba descubriendo las carencias. Hay que ser una persona llana. El jefe debe asumir que no es Superman y que sólo con la ayuda de su equipo puede ganar la fortaleza de la que carece”. 

“el manager que actúa con poca humildad fracasa, el equipo tiene que puntuarle, admitir y discutir sus propuestas”.

“Sorpréndase a usted mismo, tome distancia y valore todo aquello de lo que ha sido capaz, que seguro que es mucho fue mucho más que lo que imaginó en un principio. Lo dijo Nelson Mandela en su discurso de investidura: Jugar a ser pequeños no sirve al mundo”. Si no deja a un lado el miedo que supone salir de una zona de confort profesional donde todo se controla y pocas cosas constituyen un reto, difícilmente logrará un ascenso.

Del vértigo a la seguridad del cargo

La sensación de socorro aumenta cuanto más grande es el grado de responsabilidad. Pruebe a enfundarse unos pantalones diez tallas mayor que la suya. Probablemente no puede dar ni un paso.

Esta percepción de angustia del recién ascendido está tan cargada de intensidad emocional como vacía de argumentos objetivos: “Es frecuente y hasta lógico sentir vértigo. El promocionado percibe cómo ha sido súbitamente extraído de su zona de confort y ahora descontrola. No sabe muy bien qué hacer ni a quién acudir. La peor reacción es intentar disimular o esconder sus limitaciones”.
 
Pese a los miedos, pocos serían capaces de despreciar la oportunidad de un puesto mejor remunerado y de más responsabilidad. Por muy grande que le venga, el ser humano es ambicioso por naturaleza, y si rechaza una oportunidad de ese tipo, nunca va a saber si realmente era de su talla. 

Ante la propuesta de un ascenso lo más sensato es expresar las dudas, las inseguridades y pedir ayuda:

“Es una forma honesta y realista de empezar con buen pie. Por un lado, el candidato se ganará la confianza de quien le ha designado para el puesto y, además, si se actúa de esta manera con el equipo de trabajo también se pueden ganar muchos puntos desde el principio”.

La humildad puede ser un arma infalible, “cuando se expresa con sinceridad se ganan adhesiones. Quien quiere aparentar el conocimiento que no tiene termina ofreciendo su peor imagen”.

Un buen líder entiende el liderazgo como un servicio a sus subordinados: “Las personas necesitan confianza, recursos, disponibilidad, tiempo y alguien que le haga la vida más difícil. El ‘nuevo’ tiene una oportunidad de oro para dar esa autonomía a sus colaboradores, aprender de ellos pero sin dejar de lado su liderazgo. La confianza y el ejercicio de la delegación efectiva son los mejores recuerdos que se puede guardar de un jefe”.

A veces lo más complicado es cambiar el chip e intentar no demostrar nada. “Al margen del puesto hay que tratar de no defraudar, sobre todo a la persona que ha depositado su confianza en el candidato. Por esta razón hay que conocer las expectativas del puesto”.

El presidente de 2C identifica varios tipos de líderes: Los de banda ancha, que poseen un afán de dominio y prevalencia en cualquier sitio; los de banda estrecha, capaces de asumir el mando sólo en determinadas circunstancias; y, por último, los no líderes, para los que mandar es un auténtico suplicio.

“Cuando un jefe se fija en alguien para un ascenso suele ser porque posee la capacidad de influencia suficiente para conseguir resultados”.

En resumen, si el puesto que le ofrecen es demasiado grande actúe con humildad, seriedad y, fundamentalmente, confianza en sus capacidades. Los buenos líderes raramente se equivocan cuando designan a alguien para un puesto. Se trata de decisiones pensadas, valoradas y contrastadas de manera que el margen de error es bastante reducido. Y sobre todo, no olvide algo básico:

 “La mayoría de los directivos prefieren colaboradores que quieran aunque no lo sepan todo, antes que a los que saben pero no quieren

Fuente: Expansión

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