miércoles, 16 de febrero de 2011

10 cosas que nunca hay que decir en el trabajo

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La barrera entre lo que pensamos realmente y lo que decimos debe tener la fuerza de un dique para contener nuestra incontinencia verbal, y evitarnos problemas por decir lo que pensamos en nuestro sitio de trabajo. He aquí una guía infalible  sobre lo que no debemos decir si queremos conservar nuestra carrera en alto.

1. Ese no es mi trabajo

Hoy más que nunca somos entes multifuncionales, y se nos valora por nuestra capacidad para hacer más de un tarea en particular. Decir que esto o aquello “no está en mis funciones“, sólo demuestra nuestra incapacidad en sectores para los que se ha considerado, o en los que se daba por hecho que podríamos intervenir.
Y por otra parte, que alguien nos pida ayuda en tareas ajenas a las nuestra, es un halago, pues demuestra que nos valoran más allá de lo que sabemos hacer.
Y cuando las cosas se ponen feas, y es necesario recortar empleos, ¿a quién crees que se prefiere? ¿Las palabras “no es mi trabajo” te garantizan el favor de tus superiores en un tránsito así?

2. No me importa ayudarte con esto

No hay nada peor que alguien que ofrece y presta su ayuda, pero que lo hace en contra de su voluntad. Y para rematarlo, exhibe una falsa sonrisa en su rostro. La actitud lo es todo al prestar ayuda, y fingir la voluntad de prestar auxilio, es como no ayudar en lo absoluto.

Si no te desagrada prestar ayuda a alguien en particular, pasa de ello con una frase amable. Alude a tu nivel de incompetencia, osencillamente di que no. Pues de otra manera, s ólo te exhibes como una persona desagradable y perezosa. Y eso impactará en el futuro de tu trabajo.

3. No le digas a nadie esto, pero…

Si es secreto, guardátelo. Si es sobre alguien en el trabajo, guardátelo dos veces. Hay una ley inviolable: quien te ofrece una noticia sobre una persona, también las difunde acerca de ti. Y no hay nada que la gente aprecie menos que un chismoso.
A nivel empresarial el tema adquiere tintes delicados: si información vital sale de la empresa, no es difícil imaginar sobre quien irán las miradas acusadoras…

4. Hace años que no tengo un aumento

En la empresa moderna, la antigüedad es un valor relativo, y la larga permanencia en un puesto no está bien vista, pues habla de estancamiento, de incapacidad para superarse a uno mismo.

Quejarse de que hace mucho tiempo que no se recibe un aumento es una confirmación de lo anterior: alguien que se lamenta por no recibir un aumento debido al tiempo que lleva en un puesto, y no por la productividad y los méritos. Los aumentos (y los ascensos) se ganan, no se esperan.

5. Me estresa mucho trabajar aquí

Quejarte sistemáticamente por lo duro que es tu trabajo, o por lo demandante de la empresa o de sus políticas, te convierte en el tipo de persona que siempre es hecha a un lado, y a la que nunca se escucha. Ni por tus compañeros, ni por los altos mandos.
Si tienes quejas por tu carga de trabajo, el ambiente de la empresa o la manera de hacer las cosas, entonces utiliza alguno de los canales con los que cuentas para hacer llegar tus observaciones a quien puede cambiar el curso de las cosas.

6. Tengo una curiosa condición médica

A los ojos de tus compañeros, no hay nada peor que un hipocondríaco. Lejos de verte como una rareza necesitada de atención y cariño, serás marginado como alguien dispuesto a inventar lo que sea en aras de recibir un poco de atención.

A los ojos de tus jefes, la historia es muy distinta: tus invenciones o realidades sobre tus raras enfermedades, te convierten en un riesgo de gastos médicos…

7. ¿Crees en Dios?

Los temas de sobremesa y de los talk shows no son la mejor estrategia para ganar popularidad en el trabajo. Un curro no es un club social, y los compañeros de trabajo no se valoran por sus opiniones (ni te valoran por ellas), sino por su capacidad de trabajo, equilibrio mental y don de gentes.
Elevar un debate sobre tus creencias e ideología (aunque te sepas en lo correcto) sólo te 
demuestra como un ser conflictivo.

8. Anoche quede destruido

Todos tenemos derecho a una buena noche, pero pavonearse sobre la capacidad alcohólica no es algo que deba hacerse con el jefe y los compañeros. Hay dos pecados al respecto: presumir de tus actividades fuera del trabajo estando en él, y exhibirte como un irresponsable. Nada que te haga ganar puntos.


9. No tengo tiempo para eso

Una de las cosas que deberíamos saber por defecto es que todo mundo en el trabajo está ocupado, así que no debería ser un argumento para no realizar alguna tarea extra el “estar muy ocupado”. Se honesto, y si tienes tiempo para hacer lo que te piden,hazlo, y si otras tareas te lo impiden, pide tiempo hasta que termines lo que estás haciendo.

10. Acabo de comprar un regalo carísimo para el jefe

Nadie ve con buenos ojos a un derrochador, y menos si ese derroche cumple la función de llenar esos huecos que tu trabajo no cubre.
Y el primero ver con malos ojos ese mal gasto será tu jefe.

Fuente: Blogtrabajo

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