sábado, 1 de enero de 2011

Talento exhausto

Los aficionados al deporte han visto que la mayor parte de los favoritos ha sucumbido

Por: Juan Carlos Cubeiro

frente a rivales presuntamente más débiles: el Real Madrid galáctico se derrumbó a dos meses de acabar la temporada; Los Angeles Lakers (NBA) perdió estrepitosamente contra los Detroit Pistons, cuando eran claros favoritos; en béisbol, los New York Yankees, con una nómina de 184 millones de dólares (con mucho, la mayor de todos los deportes) y diez jugadores con salarios superiores a los diez millones de dólares, perdió la serie mundial contra los Florida Marlins, con un presupuesto que es menos de la cuarta parte. Estos desastres de juego colectivo se han dado también a nivel individual. Tiger Woods, después de ganar cincuenta torneos, se encuentra en un prolongado slump. En la Eurocopa, España, Italia y Alemania han sido eliminadas a las primeras de cambio e Inglaterra y Francia en cuartos.

El denominador común de estos fracasos no puede ser la falta de voluntad (a todo deportista le encanta ganar) ni disponer de malos entrenadores sino probablemente... el agotamiento. Muchos partidos, viajes, ruedas de prensa, anuncios, compromisos de todo tipo.

Sabemos bien que talento es capacidad por compromiso y también que es una forma de energía. La energía, si bien no se crea ni se destruye, puede disiparse. A final de temporada, antes de lo previsto, uno puede llegar con las pilas agotadas, exhausto.

¿Qué hemos aprendido de esta situación? Para que los equipos mantengan la energía a niveles aceptables hasta el final, sugiero algunas recomendaciones:

• Las vacaciones han de tomarse muy en serio: los que van de héroes presumen de desconectar poco (los estadounidenses tienen derecho a dieciséis días de vacaciones al año, pero suelen tomarse catorce; los españoles, treinta). Es imprescindible descansar al menos tres semanas en verano para recargar baterías y reenfocarse.

•El equilibrio de vida es rentable: el equilibrio de vida no es sólo una cuestión de dignidad, sino de utilización eficiente de la propia energía. A partir de un punto, los rendimientos son claramente decrecientes y el profesional que deja de ser persona (al no dedicarse a sus amigos, a su familia, a sus aficiones) se deprecia porque se desprecia.

•El equipo necesita momentos de reflexión fuera de la oficina: convenciones anuales, reuniones de ventas, comités de dirección... Han de celebrarse con frecuencia, y fuera del entorno habitual de trabajo. Se comprueba que, a la vuelta, ciertos focos de tensión se han reducido, las personas vienen con espíritu renovado y las prioridades están más claras.

•El líder ha de ser consciente del nivel de energía del equipo: la visión de futuro, inspiradora y compartida, genera energía. La comunicación abierta canaliza adecuadamente la energía. Una sana cultura de ejecución, con cierta autonomía y orgullo de pertenencia, utiliza la energía con eficacia.

•Cuidado con la anorexia corporativa: me lo comentaban el otro día: "Nos hemos creído que esto de la productividad es hacer lo mismo con mucha menos gente". Si la contabilidad convencional es nuestra única guía, podemos caer en la trampa de "ahorrarnos" gastos de personal y no advertir costes de oportunidad (como el del talento exhausto). El cortoplacismo es un engaño manifiesto. Recuperen la energía y nos vemos a la vuelta.

Publicado en Expansión y Empleo. 10 y 11 de julio de 2004.

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