lunes, 3 de enero de 2011

Lo que no se puede medir…

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En muchos libros de dirección de empresas y en muchas conferencias se oye decir que “lo que no se puede medir no se puede dirigir”. No puedo estar más en desacuerdo con esta afirmación. La mayoría de las cosas importantes en la vida, como son la calidad profesional de un directivo, o el esfuerzo que está poniendo un subordinado en el logro de una meta, no se pueden medir. Una cosa es que esto no se pueda medir y otra muy distinta que no se pueda evaluar. Lo que pasa es que evaluar es algo mucho más difícil que medir. Requiere una competencia directiva muy afinada y por tanto muchos directivos reducen la evaluación a establecer indicadores medibles de las cosas.


Por Miguel Angel Ariño

El problema con los indicadores es que en muchas ocasiones reflejan muy pobremente lo que se pretende evaluar. Además las personas a las que les afecta estas mediciones se acaban centrando en el indicador en vez de en el objetivo. Si además se asignan incentivos económicos an función de esas medidas todavía mucho peor.

Medir es algo casi mecánico y no requiere mucha capacidad directiva, basta con ser un ejecutivo. Evaluar es algo mucho más complejo que requiere valorar tanto aspectos medibles y cuantificables  como otros aspectos más intangibles y menos sujetos a medidas. La evaluación es por tanto siempre subjetiva y no es automatizable como las medidas. La capacidad de evaluar las decisiones es una competencia necesaria en un directivo

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