jueves, 6 de enero de 2011

Ganará el que tenga más cintura

Josep Ginesta aboga por un nuevo perfil profesional, para el que se requiere una gran destreza, que sepa adaptarse a los cambios y sepa manejarlos, pero además que tenga inquietud por la formación.

Por: Josep Ginesta

Los últimos tiempos han sido duros para la mayoría de profesionales. El contexto socioeconómico nos ha obligado a cambios de rumbo, de estrategias, a priorizar, a aplicar el coste de oportunidad, gestionar la dura inmediatez. Entornos de gestión a los que no estábamos siempre habituados. Hay quien dice que hemos palpado la cruda realidad, y que ahora salimos de nuestra burbuja. Apuesto por pensar que la realidad es mutante en un mundo globalizado, todo es real, pero rápido e incontrolable. Cada vez somos más expertos en gestionar la incertidumbre, algo que, a menudo, es demasiado cercano al caos.

En contextos complejos es donde destacan los mejores. Cuando todo funciona viento en popa, ser bueno es fácil. Pero cuando hay que ser creativo y adaptarse a la gestión por restricción, no todos atesoramos las habilidades necesarias para estar a la altura. Es obvio que los profesionales debemos ser adaptables a las circunstancias. Debemos saber navegar con viento, pero también con la calma. Debemos saber maniobrar en la opulencia y en las miserias. Los profesionales, directivos o no, pero especializados y con gobierno sobre procesos, debemos ser adaptables a nuestro entorno, casi miméticos con los contextos que nos toca manejar en cuanto a amenazas y oportunidades. Debemos saber ajustarnos a lo que nos viene dado sin escondernos debajo de la mesa o el diván. Porque además, debemos ser conscientes que no nos juzgarán por el estilo, sino por el resultado. Y si el resultado no acompaña, no es el esperado, aunque no hayamos perdido posiciones respecto a nuestros competidores, aunque sea fruto del un contexto desfavorable, seremos, sin más, y muy a pesar de muchas cosas, perdedores, y muy probablemente, historia.

Los profesionales del futuro, debemos ser inteligentes, entendida la inteligencia como esa capacidad de adaptarse a situaciones nuevas de forma casi espontánea, pero además, eficiente. El tiempo es oro, y cada día nacen varias oportunidades o perdemos tiempo en la toma de decisiones por no haber sabido leer el guión de los indicios. El profesional del futuro es camaleónico, es también rápido, astuto. Estamos en un mundo cada vez más salvaje, en el que no gana el más fuerte, sino el que mejor se adapta.

Y se adapta, y hago otro símil, el que tiene cintura para bailar. Los profesionales debemos tener una excelente técnica. Pero la cintura nos la da el tener una capacidad importante de mejorarla con formación, y en contacto permanente con redes profesionales, para que uno no se desvanezca en el mercado y quede descatalogado. Nuestro día a día intenso, nos secuestra demasiado y no nos deja reflexionar ni crecer muchas veces. Y eso, es formación también. Y la formación, ámbitos de reflexión o de recreación, pueden ser cortos, muy específicos, o bien, de visión general pero que nos actualice. De hecho, soy de los que creo que los títulos deberían tener fecha de caducidad. Eso mejoraría la competitividad, y déjenme provocar un poco, también a muchas de nuestras universidades. Pero además de esta base esencial, debemos tener habilidades en las competencias llamadas transversales. Los profesionales debemos saber liderar o coordinar personas, y también, tener amplias capacidades en planificar, organizar, gestionar nuestro tiempo y el del entorno, y sobre todo, reinventar permanentemente. Gestionar estas variables, es clave.

Me contaba Juan, un alto ejecutivo con el que he compartido unos días, que en seis años que lleva en esta posición, ha pasado de triplicar la cifra de negocio de su empresa a reducirla nuevamente casi en lo que la encontró, pero con una diferencia, ha reducido el punto muerto y los costes fijos, de forma que al mínimo repunte de la cifra de ventas, hará a su empresa mucha más rentable que en toda su historia. Además la está enfocando hacia mercados emergentes en todos los continentes, donde va a asegurar mercados futuros por si el español no repunta. Nueva realidad, nuevas habilidades. Ha traducido la opulencia en restricción. Ha tomado decisiones en la inmediatez que no aseguran el futuro de su organización, porque dependerá de muchas vicisitudes, pero ha puesto la semilla para que si llueve, la raíz crezca fuerte y el tronco esbelto. A quien en las situaciones negativas, gestiona el cambio de paradigma y cultural, para convertirlas en oportunidades, yo le llamaría, por supuesto, inteligente.

Igual que la competitividad se hace sostenible cuando se innova, se renueva, o sencillamente, cuando algo se mejora, el profesional es sostenible en las organizaciones, cuando aporta el valor necesario en el momento necesario, y ello depende de la técnica y de la gestión del entorno de trabajo y presión al que podemos estar sometidos, pero sobre todo, de cómo manejamos nosotros mismos nuestro futuro y el de nuestro negociado.

Y no duden por el valor que nos dará nuestra organización hoy, ahora, mañana por los aciertos y esfuerzos. Eso es ya historia, amigos. Un directivo valioso, lo es en un lugar, en un momento, para lanzar un proyecto, un plan estratégico, pero no para la posteridad. Lejos queda el tiempo en que uno era directivo de una sola organización y se prejubilaba en ella. Es que nuestras organizaciones, a menudo, por la propia necesidad de subsistencia, nos acaben reemplazando. Sabemos que somos efímeros, pero a menudo, lo olvidamos, y de ahí, el apunte.

Fuente: Cinco Días

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