martes, 14 de diciembre de 2010

Discreción versus heroísmo, ¿existe realmente el liderazgo personalista?

La literatura sobre el liderazgo suele abundar en anécdotas de héroes que realizaron titánicas tareas. Sin embargo, otro enfoque nos previene sobre el culto de los grandes hombres y pregona un "liderazgo discreto"...

Por Alfons Sauquet

Cuando atravesamos una dinámica de cambios imprevistos en la que abundan los tropiezos y malos pasos y no acertamos a imaginar las vías que permitan la modificación de lo establecido, suele aparecer con fuerza el deseo del liderazgo personalista.

En su búsqueda, perseguimos un referente, una figura singular que ofrezca garantías. Buscamos el individuo lleno de cualidades perceptibles y, en el extremo, llegaremos a pretender el carisma.

Por medio de ese disparo por elevación, revoloteamos en torno a grandes personajes. Al fin y al cabo, la historia parece darnos la razón en ese empeño, puesto que abundan los testimonios de tales sujetos.

Sin embargo, hay una cierta impostura en el fenómeno del liderazgo singularizado en exceso. El imaginario del individuo singular goza de una dieta rica, abundante en anécdotas, frases épicas y gestos felices. En ocasiones, lo alimentan los propios interesados, pero también lo cultivamos entre todos cuando aceptamos la premisa de que si todo salió tan bien, por alguien será.

Como no nos gusta sentirnos juguetes del destino, somos propensos a las atribuciones ex post facto que confirman la existencia de una voluntad individual privilegiada. Este es uno de los nudos gordianos del liderazgo: lo reconocemos por sus efectos y no por sus antecedentes.

Sin embargo, existe una forma más comedida y discreta de liderazgo. Consiste, precisamente, en los modos por los que se regula el privilegio individual atendiendo a lo colectivo. Consiste en la organización de una forma de gobierno que concentra la atención en la relación antes que en la persona del líder.

Tomo para ilustrarlo el modelo de la República de Venecia. No puede afirmarse que no fuera un caso de éxito y, sin embargo, el imaginario popular carece del alimento épico tradicional. Los líderes venecianos son unos perfectos desconocidos.

De hecho, la República de Venecia se ocupó durante siglos de establecer y configurar sistemas de "governance" (diríamos hoy) que limitaran el ejercicio del poder de la mayor autoridad republicana.

Venecia queda lejos (y más lejos aún de los grandes hombres). Sin embargo, nos evoca formas de organización contemporáneas en regiones, clusters, o áreas de innovación en que conviven diferentes stakeholders. Tomemos una de las mejor estudiadas: Silicon Valley.

Quien nos da más y mejor razón de Silicon Valley es la sociología. Hubo un "garage"... (así reza siempre la épica).

Pero siempre hay un "garage". El error es ensimismarnos en la fotografía pues el asunto no está en el lugar sino en las relaciones que allí se tejieron. La jerarquía justifica, a veces, explorar los misterios de cuando los grandes hombres fueron niños.

Pero creo que el liderazgo tiene una parte sustantiva de su horizonte en las relaciones y en su densidad. El liderazgo está, pese a sus dificultades, más distribuido y es, en cualquier caso, más discreto de lo que cuentan las historias.



Fuente:MateriaBiz

No hay comentarios:

Publicar un comentario