lunes, 6 de diciembre de 2010

Así será el ejecutivo de 2020


Se requiere un estilo de dirección más globalizado y profesionalizado. El tipo de directivo que tiene en mente Rosa García, vicepresidenta de Microsoft en Europa Occidental, es aquel que quiere comerse el mundo, salir a competir en mercados internacionales y que no le teme a la diversidad. La primera pincelada que extiende sobre el lienzo Isidro Fainé, presidente de La Caixa y de la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos (CEDE), es firme: "El directivo tiene que trabajar más y mejor, no hay más remedio, tenemos que ponernos al frente de la manifestación porque el ejemplo, no la palabra, es la mejor herramienta para manejar voluntades".

Por Paz Álvarez

Al directivo de 2020 lo sigue perfilando Petra Mateos, presidenta de Hispasat y una de las dos mujeres (la otra es Carmen Riu, consejera delegada de la cadena hotelera Riu) a las que convocó Zapatero el sábado pasado a la reunión de empresarios en Moncloa: "Ha de ser rápido tomando decisiones, poniendo atención a la transparencia y al buen gobierno". Porque el secreto del éxito no está en prever el futuro, sino en configurar entidades capaces de prosperar en un futuro que no puede ser previsto. "Han de convertir los riesgos en oportunidades, sin perder de vista el largo plazo", agrega Mateos.

Luis Conde, presidente de Seeliger y Conde, antes de dibujar su trazo, narra el naufragio que estuvo a punto de costarle la vida en las costas de Senegal y del que ha extraído unas valiosas lecciones, que gusta de compartir por si pueden servir de utilidad a otros directivos. Así lo hizo ante un millar de representantes de la clase ejecutiva reunidos esta semana en Gerona en el III Encuentro de Directivos CEDE, convocados por dicha organización.

"Todo lo que hice lo hice mal, me metí solo en el naufragio, en el que me acompañaba mi hijo Lucas, de nueve años". Para empezar, erró al fichar al capitán del barco, recomendado por un headhunter, "que se equivocó". Tener un objetivo y fijar un rumbo es lo que se debe hacer antes de plantear una travesía, ya sea marítima o empresarial. "El nuestro era perfecto, íbamos a Cuba y yo ya había cruzado el Atlántico varias veces, pero el capitán no utilizó las nuevas tecnologías para fijar el rumbo y cogimos una tempestad que nos hizo perderlo todo, nos hundimos". Y no fue un fallo puntual, "sino una concatenación de errores". Por ejemplo, los valores: cuando éstos "no encajan con los de la compañía no hay compromiso, y sin eso no se puede edificar nada importante".

También se requiere, enumera Conde, pasión, lealtad con el proyecto, tolerancia, respeto por los demás, compromiso con la sociedad, espíritu emprendedor y ganas de no rendirse nunca. "Al capitán le faltaban los valores y yo no lo supe ver por las prisas. No escuché porque en la vida de un empresario sus niveles de tolerancia van subiendo a medida que sube su seguridad". Y agrega que este percance le sirvió para aprender lo que no se aprende en la mejor escuela de negocios. "Las crisis nos despiertan los discursos dormidos, nos invitan a reinventar nuestra forma de vivir". Por tanto, según Conde, el directivo de la próxima década deberá tener valores sólidos, como "el esfuerzo, la tolerancia y ser capaz de sacar lo mejor de cada trabajador, además de una actitud positiva".

Siempre en movimiento

El directivo de 2020, según Carlos Colomer, presidente de The Colomer Group y de la Comisión de Innovación de Telefónica, estará siempre en movimiento. "Se tendrá que pasear por el mundo, porque el nivel de influencia es importante. Si tienes 250.000 empleados, hay que bajar la cultura de la empresa a todos los empleados". Y asegura que el ejecutivo del siglo XXI se asemeja al del XIX: la innovación es el nexo de unión.

"Un innovador es aquel que es conocedor de su sector. Se acabó el directivo general para todos, llegará el directivo experto en un sector, que sabe ver los desafíos, y el que crea una empresa para resolver un nicho, ese es el emprendedor", detalla Colomer, que insta a los ejecutivos a buscar la "cocreatividad, allí donde se encuentren los polos opuestos de atracción de su sector y, a partir del conocimiento de sus clientes, redefinir su creatividad", señala.

El consejero delegado de Universia, Jaume Pagès, se pregunta dónde estará ese directivo del futuro, pero espera que, esté donde esté, "no agote su curiosidad, sea consciente de que sabe poco y haya aprendido a aprender.

Política y empresa

Pagès rememora a Bertrand Russell para definir la estrategia a seguir por la nueva generación de ejecutivos: "Hay que ser lo suficientemente valiente para cambiar las cosas, modesto para aceptar lo que no se puede cambiar, e inteligente para distinguir las unas de las otras". Los jóvenes también pintaron sobre el lienzo, y a perfilar el trazo les ayudó el ex presidente de la Generalitat Jordi Pujol, quien recordó lo que es más importante para un político: "Tener un proyecto, una idea, después un programa, aunque no se lea, y luego emoción. En el campo de la empresa debe pasar eso también".

El consejero delegado de Layers, Marcos Cuevas, le pide al nuevo directivo que tenga "el conocimiento necesario para entender la realidad, ya que es un generador de oportunidades", a la vez que señala que deberá ser capaz de trabajar en un equipo multidisciplinar, "donde impere la cultura de la confianza en contraposición a la cultura del miedo". Recomienda dejar el "ego en casa y pensar en el bien común". El director de Agbar en Cataluña, Jonás de Miguel, ahonda en la necesidad de "pensar globalmente y a largo plazo", además de tener en cuenta el talento de todos los lugares del planeta, para lo que se requiere de "más inteligencia social para ser sensibles hacia lo local y adaptarse a las empresas de los mercados en los que se actúe".

A la movilidad física y mental se refiere Javier Pérez Dolset, presidente del grupo Zed, para lo que "deberá hacer uso de la tecnología, con el fin de contactar con el resto de directivos, pero también desplazándose a otros países para mantener una relación social". Este ejecutivo alabó la fuerza de las mujeres, "con más hambre para crecer, además de ser más listas y tenaces que ellos". El profesor de Esade Carlos Torrecilla le puso color al cuadro al asegurar que "la meritocracia se impondrá sobre la antigüedad, y el directivo dejará de no actuar para no equivocarse". El último brochazo lo dio Pujol, quien aseguró que para "hacer un negocio hay que tener una idea de largo recorrido".

Fuente: Cinco Dias

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