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jueves, 11 de noviembre de 2010

VIVIR SIN MIEDO


En momentos de crisis, social o económica, el miedo se hace gigante y muestra su peor cara. El hecho de presenciar cómo afecta a otras personas, lejos de despertar la solidaridad, empatía y deseos de ayudar, puede acobardarnos y a obsesionarnos con cómo proteger “lo mío”.
Craso error, por diversos motivos. Primero, porque dándole tu poder, el miedo se hace más fuerte. Segundo, porque es la unión y la conexión la que nos protege (y no la separación egoísta bajo la bandera del “sálvese quien pueda”). Y tercero, por los poderosos efectos del subidón del que ayuda, tal como explica Joan Boryshenko, autora de Pase lo que pase, no es el fin del mundo (Urano).

1. Acepta la situación que estás viviendo de manera realista: sin negarla, racionalizarla para ocultarla o hacerte ilusiones de lo que en realidad no está ocurriendo. Cuanto antes afrontes los hechos y pienses a fondo en cómo adaptarte a la nueva situación, mejor te irán las cosas.

2. Encuentra en tu interior la serenidad y un propósito para tu vida. Mucha gente ha descubierto dentro de sí misma esa guía, esa luz, esa fuente de fuerza, y la alimenta a través de prácticas como la meditación. La razón es que cuando la mente se calma (libre de los ruidos de los propios deseos, quejas y exigencias), es más fácil ver las cosas como realmente son y relacionarse con el mundo.
3. Ábrete a lo nuevo. Amplia tu visión, mira a tu alrededor con curiosidad y una mente abierta y enfoca detalles que hasta ahora no habías percibido: personas, elementos, situaciones que pueden aportarte aspectos positivos para tu nueva realidad. Tú eres el creador de la nueva situación: constrúyela a tu gusto. Ensaya con pequeños cambios en tu entorno, en tus horarios, en tu rutina. Introduce novedades: bellas, que te inspiren; funcionales, que aporten nuevas actividades... Aprende a disfrutar del encanto que, si te lo propones, puede tener el cambio.

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