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domingo, 7 de noviembre de 2010

Tus sueños, ¿amigos o enemigos?


El sueño intriga e inquieta. Puede perturbarnos por sus extravagancias y oscuridades; algunos sólo ven un desorden de nuestro cerebro en el sueño; la psicología le concede mucho interés y la mayoría de nosotros no sabemos muy bien qué lugar atribuirle, ni cómo entenderlo.
Tus sueños, ¿amigos o enemigos?

Entonces, ¿qué es el sueño, algo irrisorio? ¿Un subproducto de nuestro cerebro? O, tal y como sostienen los psicólogos, ¿una vía de acceso a nuestro mundo interior?

Empleamos alrededor de una hora y media de la noche a soñar, lo cual corresponde a cinco años de nuestra vida. Los sueños siguen siendo objeto de estudio. Está claro que soñar es una necesidad psicológica y un factor determinante en nuestro equilibrio psíquico. Sin embargo, los sueños siempre tienen algo de misterio. ¿Juegan a favor o en contra nuestra?
Interpretación neurológica

Para los científicos del siglo XIX, el sueño estaba considerado como una sencilla reacción psicológica provocada por las sensaciones del cuerpo y por el entorno; así pues, el sueño está desprovisto de sentido e intentar averiguar su interpretación es pura fantasía. Esta hipótesis también se aplica hoy en día: el sueño sirve para conservar la memoria. Las imágenes, según esta teoría, son una consecuencia de las reorganizaciones que se producen en el cerebro durante la noche. En este punto existen dos posibilidades: la primera que los sueños constituyen una “compilación” de los recuerdos que se archivan; la segunda, por el contrario, afirma que los sueños representan aquello que queremos eliminar. De momento, estas teorías no se han podido confirmar a través de la experimentación.
Alguien se duerme, un inconsciente se despierta…

Es necesario remontarse a 1900 y a la publicación del libro de S. Freud (La interpretación de los sueños) para darse cuenta que el sueño, al entrar en el campo del psicoanálisis, tiene una función importante: revelarnos a nosotros mismos. Algunos de nuestros sueños tienen un sentido evidente. Son cercanos a la vida cotidiana y realizan por la noche aquello que el día no ha permitido. En periodo de régimen intensivo, por ejemplo, soñaremos que devoramos una enorme chucrut. Pero tenemos la sensación que la mayoría de nuestros sueños adultos carecen de sentido, que son incoherentes y que se alejan mucho de nuestra realidad. Como algunos nos asustan, preferimos no prestarles atención. Sin embargo, lo que hemos aprendido de Freud es que el sueño es la vía de acceso a nuestro inconsciente, esa gran reserva de imágenes, sensaciones, emociones, deseos censurados desde nuestra infancia por nuestra conciencia moral y al cual no tenemos acceso cuando estamos despiertos. Si los sueños son a menudo confusos significa que, a pesar de una cierta relajación de esta conciencia durante el sueño, la censura jamás ha desaparecido. El sueño funciona como un enigma que no se resolverá aunque intentemos interpretarlo o, dicho de otra forma, intenta reemplazar aquello que se nos ha mostrado (imágenes, palabras, sensaciones, emociones) por aquello que esconde (el verdadero sentido del sueño). Así pues, para descodificar tus sueños es posible que necesites la ayuda de un psicoterapeuta que sabrá aclarar aquello que tu conciencia se niega a ver, pero nada mejor que tú mismo para validar la interpretación.
Pesadillas útiles

De la misma forma, los sueños más dolorosos (esas pesadillas que perturban nuestras noches y, en algunas ocasiones, nuestros días) no son nuestros enemigos, puesto que son la señal que nos demuestra que intentamos resolver un conflicto interno, una dificultad, un viejo sufrimiento. Por esta razón a veces los sueños son insistentes durante largos periodos de tiempo. Nuestros sueños buscan incansablemente compromisos entre las diferentes fuerzas que habitan en nuestro interior.

Tomar conciencia de su contenido permite volver a dar vida a aspectos abandonados de nuestra personalidad y, por lo tanto, nos ayuda a vivir con nosotros mismos. Los sueños, aunque sean pesadillas, son la prueba de la extraordinaria vitalidad de nuestra psique, pues son su voz íntima.

San cuales sean las hipótesis, nuestros sueños trabajan a nuestro favor. Según el psicoanálisis, al satisfacer nuestros deseos reprimidos actúan como guardianes de nuestro sueño y como válvulas de seguridad. Al sacar a la superficie aquello que nos afecta “en secreto”, nos permiten descargar nuestras tensiones interiores y evitan que puedan surgir desórdenes, como cansancio, sufrimiento, subida de la agresividad, somatizaciones… Según los neurólogos, los sueños son muy importantes en el desarrollo de la memoria. Entonces, ¿por qué ignorarlos o inquietarse? Todo lo contrario: merecen que los acojamos y los reconozcamos.

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