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martes, 16 de noviembre de 2010

Tres actitudes para ser un triunfador

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Triunfar puede ser más sencillo de lo que Ud. Creía

Los secretos del éxito pueden ser más sencillos de lo que usted creía

Por Dr. Carlos Monte, Psicólogo y Doctor en Conducta Humana

En muchos años de entrevistar a personas que han triunfado (atletas olímpicos, hombres de negocios, astronautas, gobernantes, y otros), me he dado cuenta de que existe una sutil línea que las separa de otras personas. A esa línea le doy el nombre de “ventaja del triunfador”.

Esta ventaja no es resultado de un ambiente favorable, de un alto cociente de inteligencia, de una educación superior o de un talento extraordinario. Tampoco es cuestión de buena suerte. He descubierto que la clave es la actitud.

Hay muchos ingredientes en una actitud de triunfador, pero el más importante es ser honrado con uno mismo. Para serlo, debemos respetar tres preceptos importantes.

1. Asumir la responsabilidad de nuestros actos. La Biblia nos dice que según lo que sembremos, será nuestra cosecha; los científicos hablan de causa y efecto. El significado es el mismo: nuestra recompensa dependerá de las contribuciones que hagamos. Hemos de aceptar el crédito o la censura por el lugar que ocupamos en la vida. Las personas responsables contemplan los grilletes que ellas mismas se han puesto y, en un momento de honestidad, declaran su independencia.

Rubén Sorrentino creció en un vecindario del centro de una ciudad superpoblada, fue el jefe de una pandilla de adolescentes y purgó una condena en un reformatorio. Recordando que un profesor de primaria había mostrado confianza en sus aptitudes para estudiar, Rubén comprendió que, a pesar de su mediocre desempeño en la escuela secundaria, en el estudio estaba su única oportunidad de tener éxito. A los veinte años de edad reingresó en la escuela nocturna, pasó después a la Universidad de La Plata, donde se recibió con mención honorífica, y luego de trabajar mucho para ello, y con la ayuda de una beca de la Empresa que lo había empleado, terminó su carrera en la Facultad de Economía y Finanzas de la Universidad de Harvard, donde obtuvo su Master en Administración de Empresas, importantísimo título de nivel internacional. Esto no habría ocurrido de no haber tenido tenido Rubén el carácter para modificar su destino.

2. Encontrar nuestras virtudes; buscar nuestras metas. En Hamlet, de Shakespeare, Polonio dice a su hijo: “Y sobre todo: sé sincero contigo mismo, y a ello se seguirá, como la noche al día, que no puedes ser falso con nadie”. Polonio estaba aconsejando a su hijo que viviera de acuerdo con sus convicciones más profundas y sus capacidades, que se atreviera a ser distinto, sin dejar por ello de respetar los derechos de los demás.

Sin embargo, casi todos nosotros nosotros nos encontramos ante un problema: ¿cómo deseamos realmente pasar nuestras vidas? ¿Cómo saber que hemos escogido la carrera apropiada o los objetivos indicados?

Mis investigaciones y mi experiencia corroboran la importancia de aprender “para qué somos buenos”, en vez de dejar que nuestros padres, maestros, amigos o la situación económica se encarguen de hacer nuestros planes a largo plazo.

Cuando fui aceptado en la Escuela Naval Militar de nuestro país, después de obtener calificaciones sobresalientes en la escuela secundaria, tuve que entablar una verdadera lucha para recibirme. Había ingresado en la Escuela Naval (en una especialidad orientada hacia la ingeniería) sólo por complacer a mi padre, e inconscientemente me había dejado desviar de mi interés en las comunicaciones y las relaciones humanas.

Mi posterior carrera en la Marina me enseñó la autodisciplina, a establecer mis metas y a trabajar en equipo. Pero he necesitado un cuarto de siglo para encontrar una profesión que en realidad me gusta y en la que puedo aplicar mis capacidades.

Mi esposa y yo hemos puesto a nuestros seis hijos en contacto con una vasta gama de actividades educativas-culturales, culturales, para estimular sus intereses y ayudarlos a averiguar cuáles son sus posibles pasatiempos y carreras. Nos hemos fijado la meta de ayudarlos a descubrir sus dotes personales, a fin de que puedan aunarlas a sus habilidades adquiridas y a sus conocimientos para llegar a realizarse plenamente.

3. No escapemos: adaptémonos. La adaptabilidad es la clave del éxito, de la salud física y mental. Sometidos a presión, muchos de nosotros nos deprimimos, nos sentimos sin alicientes y perdemos el interés en la vida. Tendemos a beber más, fumar más o depender de tranquilizantes para ayudarnos a afrontar las situaciones. Si bien el alcohol y otros fármacos que combaten la ansiedad atenúan de momento las reacciones emocionales ante las amenazas de dolor o fracaso, también afectan la capacidad de aprender a tolerar estas presiones.

Uno de los mejores modos de adaptarse a las muchas presiones de la vida es, sencillamente, aceptarlas como normales. La adversidad y los fracasos, si los consideramos como retroalimentación correctiva, servirán para crear en nosotros una inmunidad contra las respuestas adversas al estrés.

John Gardner, en su libro Self-Renewal (“Autorrenovación”), afirma que quienes triunfan en la vida no dejan al azar su crecimiento. Procuran crecer sosteniendo un diálogo contínuo entre sus capacidades y las exigencias vitales a que hacen frente.

Al desarrollar las actitudes más importantes para lograr el éxito, debemos reconocer que en la sociedad hay más libertad que nunca, y mayores oportunidades para expresar nuestras cualidades y opiniones. Quienes sienten que los obligan a actuar o a escapar, no dominan realmente sus vidas. Los triunfadores toman el talento o el potencial con que nacieron y lo canalizan plenamente hacia el propósito que los hace sentirse dignos.

En suma, los perdedores dejan que las cosas les ocurran; en cambio, los triunfadores hacen que las cosas sucedan.

Fuente: http://www.vidaplenanet.com.ar/

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