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lunes, 1 de noviembre de 2010

El gusto por la queja

Nos gusta quejarnos. Desde pequeños somos conscientes de que si lloramos nos hacen más caso y como nuestros padres no quieren vernos sufrir, aceptan nuestra manipulación y nos dan lo que pedimos. Pero ¿no nos harían el mismo caso si riéramos?

Por: Ruben Turienzo

Cada vez que alguien te cuenta algo, lo hace desde la negatividad; “Qué mal he dormido”, “Pues llevo unos días un poco ploff…” y no es que me dedique a escuchar los problemas de los demás ni mucho menos, es simplemente que a las personas, nos gusta quejarnos. Lo aprendimos de niños y creemos de “mayores” que si seguimos dando pena, la gente será más tolerante, les gustaremos más o incluso se interesara más por nosotros o nuestro estado de ánimo.

Sólo tienes que darte un paseo por el muro de tu red social favorita y verás como la mayoría de los estados tienen que ver con excesos de calor, jefes malhumorados, cabreos, ganas de irse de vacaciones, situaciones incomprensibles, quejas al infinito, acusaciones, agresividad… ¿Te has dado cuenta de esas personas a las que siempre les va mal todo? ¿Tienes identificados a tus contactos que sólo escriben buscando la complicidad emocional o el cariño perdido? ¿Eres tú una de esas personas?

Es cierto que alguien muy sabio me dijo una vez “no te fies de aquella persona a quien le vaya todo bien” y es cierto. Decir que mi nube de felicidad es infinita sería mentir, pero si hay una cosa cierta: Prefiero hablar de cosas positivas, de proyectos a alcanzar, del éxito que alcanzaremos… de la felicidad de tomarme mi merecido helado de los viernes. Prefiero escribir un “espero disfrutar de este lunes” a un “ojeroso y cansado, voy a una reunión de lunes”. Es vital que comprendamos que el positivismo debe comenzar por cada uno de nosotros, por cada una de nosotras. Debemos creer en ser felices y sembrar elementos para que estos hagan enraícen. Si tu lenguaje es positivo, recibes lenguaje positivo y sí, es cierto, algunas personas dirán que tienes demasiada ingenuidad, pero ¿acaso no la tienen los niños cuando son pequeños y son felices?

Pero vayamos un paso más allá, ¿Y si todos fuésemos igual? ¿Y si forjásemos nuestras relaciones en las cosas positivas que nos rodean? Yo tengo una teoría. Nos volvemos negativos por afinidad. Cuando decimos a alguien que nos está contando que su jefe es fantástico, le contestamos; “Pero ten cuidado no vaya a ser que te pase como al primo de X que…” y ya está, ya hemos sembrado la duda y por tanto la negatividad. Si alguien nos cuenta que ha conocido a alguien genial; “quiere llevarte a la cama”. Si estamos pensando en un amigo que ha hecho algo maravilloso por ti; “algo te pedirá a cambio”… ¡¡Cambiemos nuestra influencia social!!

Por supuesto debemos ser precavidos y por supuesto debemos estudiar el escenario con todas las visiones y detalles, pero ¿no es más divertido y más enriquecedor exponerse y vivir de verdad en la felicidad y la transmisión de mensajes optimistas y no cargando con una coraza pesada y lastimera? Inténtalo, haz una prueba estos días y comparte sólo las cosas positivas que te sucedan. Anima a la gente a que invierta en su felicidad, en que crea en ella misma, a que confíe en esa persona y a que se forje una mayor valentía. Anima a la gente a vivir, ya que si no, estarán muertos en vida.

Deja de quejarte y propón soluciones.

Deja de quejarte y comunica positividad.

Deja de quejarte y comunica con una sonrisa.

Deja de quejarte e intenta transmitir energía positiva.

Si quieres algo, lucha y trabaja para conseguirlo. Con valentía, perseverancia y metodología. Si no lo consigues no culpes al resto, examina qué ha pasado y vuélvelo a intentar. Si crees que has fracasado descubre cuánto has avanzado desde que te planteaste la meta. Si surge la frustración, recuerda lo positivo de la experiencia. Si alguien te pregunta “¿Cómo estás?” por que no intentas contar algo positivo y lo más importante, ¿y si intentas no influir sembrando dudas, comunicando en negativo o compartiendo sólo aquello que te molesta o cabrea?

Yo confío en que seremos capaces.

Fuente: http://rubenturienzo.com/

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