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sábado, 13 de noviembre de 2010

El cuento de la lata de sardinas


Por: FRANCISCO ALCAIDE HERNÁNDEZ

Cuentan que un individuo le vendió una lata de sardinas a otro por 1 euro. Éste, a su vez, se la vendió a otro por 2 euros y éste último a otro por 3 euros. La lata fue cambiando de manos y subiendo de precio hasta que un tipo la compró por 25 euros y decidió abrirla. Quedó sorprendido al comprobar que la lata estaba vacía y corrió en busca del que se la había vendido poco antes para reclamar la cantidad pagada. Pero todavía quedó más sorprendido cuando el que se la había vendido le dijo:

- Pero hombre, ¿cómo se te ocurre abrir la lata? Esta lata es de las de vender, no de las de comer.

Es una historia que refleja muy bien aquello que Oscar Wilde decía de que "sólo un necio confunde valor con precio". ¿Y qué es más importante? Pues depende. A corto plazo los mercados funcionan habitualmente por precio (algo vale lo que otra persona está dispuesta a pagar) y a medio y largo plazo tienden más a su teórico (y digo teórico) valor objetivo.

¿Qué hacer entonces? Pues depende también. Las burbujas -todas, bulbos de tulipán (1630-37), ferrocarril (1836), petróleo (1973), bonos basura (1987), puntocom (2001), subprime (2008)...- son siempre iguales (ver post "Crisis: la historia se repite"). Una espiral alcista (basada en creencias que adaptan la realidad a nuestro antojo, ver post "Adaptando la realidad a nuestras creencias") da paso posteriormente a una caída de aúpa que consume todo lo alcanzado y más.

El problema de la economía es siempre el mismo: uno sabe que tras un ciclo bueno viene otro malo, pero cuándo y con qué profundidad no lo sabe nadie. Si uno tiene cintura y regate, y saber entrar y salir a tiempo, puede moverse en el mundo de la especulación; si no, mejor moverse en el mundo de la inversión. Lo que diferencia un concepto de otro es principalmente el factor tiempo.

Invertir es rentabilizar el ahorro a medio y largo plazo; especular es pretender que una cantidad de dinero se convierta en mucho en poco tiempo. Invertir y ganar no es complicado; especular y acertar, sí. Invertir es aburrido, pero seguro. Especular es divertido, pero arriesgado, muy arriesgado.

Ya lo decía Mark Twain: "Octubre es uno de los meses particularmente peligrosos para especular en bolsa. Los otros meses peligrosos son: julio, enero, septiembre, abril, noviembre, mayo, marzo, junio, diciembre, agosto y febrero". También decía este autor: "Hay dos momentos en la vida de un hombre que no debería especular: cuando se lo puede permitir y cuando no se lo puede permitir".

Fuente: FRANCISCO ALCAIDE HERNÁNDEZ

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