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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Creatividad: un reto para todos


Para los suecos Jonas Ridderstråle y Kjell Nordström -autores de Funky Business y Karaoke Capitalism- uno de los mayores males sociales es la estandarización, un “mundo karaoke” en el que todo se copia: “Vivimos en la sociedad del exceso, con un exceso de empresas parecidas, que emplean a gente parecida, con educación parecida, con ideas parecidas, produciendo cosas parecidas, con precios parecidos y con calidad parecida”.

Muchos otros autores proclaman el mismo mensaje: la falta de autenticidad. El escritor uruguayo Eduardo Galeano, en una conferencia reciente, apuntaba: “Estos son tiempos de uniformidad obligatoria en todo. Nunca el mundo ha sido tan desigual en brindar oportunidades y tan parejo en los hábitos que impone”. Michael Porter, profesor de Harvard, también decía en los comienzos de este siglo: “El 75% de las empresas que conozco no tienen estrategia y se limitan a imitar a sus competidores. Si todos persiguen el mismo objetivo, las compañías terminan por parecerse cada más y, entonces, el cliente elige con base en el precio. Las empresas no deben intentar ser las mejores, sino ser singulares. Destinar sus recursos a innovar y descubrir nuevas necesidades que puedan cubrir mejor que nadie”. Es lo que el Profesor de Estrategia del INSEAD, W. Chan Kim, denomina estrategia del “océano azul” -en contraposición a la estrategia del “océano rojo”- consistente en crear en el mercado espacios no disputados en los que la competencia resulta irrelevante: “En contra de lo que la mayoría cree, la mejor estrategia para sacar del juego a la competencia no es competir directamente con ésta, sino, por el contrario, dejar de competir. Es mejor tocar un mercado virgen, que nadie haya tocado y que tenga el potencial de crecer. En los océanos rojos, la competencia pone las reglas; en los océanos azules, la competencia se vuelve insignificante”.

Si hay algo en lo que existe unanimidad es que la competencia es cada día más fuerte. Ello implica que las ventajas competitivas tienden a reducirse o eliminarse en periodos cada vez más cortos. La tecnología acorta los tiempos de espera considerablemente. Antaño, cualquier invento o adelanto era fuente perdurable de ingresos durante largos periodos. Tardaba años en ser copiado. Hoy no, es cuestión de días o meses. Prácticamente todo es replicable y con herramientas que permiten reaccionar con mayor velocidad de respuesta.

¿Dónde está la solución?

En la creatividad permanente. Para el ex CEO de GE, Jack Welch, “hoy día los héroes son los que tienen ideas”. La creatividad es un ingrediente clave en el contexto competitivo actual y lo será aún más en el futuro, ya que se trata de lo único que no podrá hacer la tecnología. El éxito está en trabajar la originalidad y no ser una fotocopia, única manera de ser realmente competitivos en el escenario que nos ha tocado vivir: “En un mundo en el que tenemos demasiado de todo sólo sobrevivirán los negocios que tengan una receta original. La copia de las estrategias de negocios -dicen Ridderstråle y Nordström- en el mejor de los casos, te pone en el medio del pelotón, no en una posición de liderazgo”. Por tanto, todo depende de ser creativos y ofrecer algo distinto. El compuesto químico está en la singularidad. Así lo especifica Michael Foldhaber: “Si tu trabajo no tiene nada de especial, nadie reparará en ti con independencia de lo duro que trabajes, y eso significa que tampoco te pagarán mucho”.

I. CREATIVIDAD: ALGUNAS IDEAS

La creatividad no es cosa de genios o unos pocos privilegiados. El ser humano es creativo por naturaleza. Todos los somos. Es una facultad incrustada en la naturaleza humana. Muchas veces, sin embargo, esa creatividad está anestesiada por una educación demasiado cartesiana, lógica, matemática y racional y necesitamos de situaciones de crisis para que despierte. Albert Einstein decía: “La necesidad y el hambre son los motores de cambio del mundo”. Lo mismo, con otras palabras, lo afirmaba el Lazarillo de Tormes: “El hambre agudiza el ingenio”. Gustavo Zerbino, uno de los supervivientes del accidente aéreo en la Cordillera de Los Andes en 1972, confesaba: “La creatividad se desarrolla con la necesidad. En la montaña hicimos de todo. Nadie sobrevive 24 horas a 40 grados bajo cero y a más de 4.000 metros de altura con ropa ligera y nosotros lo hicimos. Cuando necesitas algo y le pones pasión, al final aprendes cómo se hace”. Muchas veces la adversidad despierta los talentos ocultos que el ser humano esconde.

La creatividad no es descubrir la pólvora o tener una idea genial. Creatividad es encontrar soluciones a los múltiples inconvenientes que van surgiendo en la vida diaria, tanto en nuestra faceta profesional como personal. Por tanto, la creatividad nos incumbe a todos. En gran medida, a los empleados no se les paga por saber mucho sino por resolver problemas. La erudición está bien, pero ante todo la empresa busca gente pragmática que encuentre alternativas a los numerosos escollos que todos los días aparecen encima de la mesa. Con actitud creativa siempre hay caminos para salir adelante.

La curiosidad es el ingrediente básico de la creatividad. Las personas más creativas son personas intelectualmente curiosas. Les interesa casi todo de todo y tienen siempre los ojos y los oídos bien abiertos. Les gusta viajar, leer, pasear, la gastronomía, la historia, el deporte... No se tiene creatividad por inspiración divina. La creatividad no surge de la nada sino que hay que darle inputs -a poder ser, muchos y variados- para que se manifieste. La creatividad es el resultado de la combinación o asociación de ideas que el cerebro produce con la información que tiene. Cuantos “más inputs” suministremos al cerebro -las posibles combinaciones serán mayores- y “más variados” -los resultados serán más originales- tanto mejor será nuestra creatividad.

La creatividad es un “medio” no un “fin”. La creatividad por la creatividad no vale nada. La creatividad es interesante en la medida que está orientada hacia la consecución de unos objetivos. No hay que olvidar que la vida -y la empresa- tiene una parte pragmática que no se puede pasar por alto: presupuestos, plazos, recursos... El equilibrio entre creatividad y rentabilidad es imprescindible, aunque evidentemente, nada fácil de conseguir. La creatividad (aspecto emocional) debe estar conducida y dirigida por la lógica (aspecto racional). La emoción sin razón desemboca en el caos; esto explica por qué muchos artistas han fallecido en la miseria sin ver reconocidos sus méritos. Su única preocupación era crear.



La creatividad hay que trabajarla. Somos seres de hábitos y un hábito se construye a base de la repetición de actos. La creatividad es como un músculo que toma forma con el ejercicio; por eso, para ser creativo en las grandes cosas hay que serlo previamente en las pequeñas: en la cocina preparando una receta de manera diferente a la habitual; con el coche cogiendo caminos alternativos a los de siempre; probando restaurantes nuevos cada cierto tiempo; haciendo el esfuerzo de conocer gente diversa -de otros países, profesiones, estatus...- aunque nos resulte incómodo. El conformismo no es un buen aliado de la creatividad. Robert Frost en “The road not taken” escribe: “Dos caminos divergían en el bosque; yo cogí el menos transitado y eso hizo que todo fuese diferente”. El cocinero Sergi Arola lo tiene claro: “La creatividad es una actitud inconformista que te lleva a intentar cambiar la realidad”. La gente creativa siempre quiere dejar su impronta personal y está probando nuevas formas de hacer las cosas que lleven su ADN.

II. ENEMIGOS DE LA CREATIVIDAD

Uno de los mayores enemigos de la creatividad es la tradición y la costumbre. La inercia del pasado pesa demasiado. Existe una tendencia a hacer las cosas de manera continuista. ¿Quiénes son las personas más creativas del mundo? Los niños. ¿Por qué? Porque su disco duro no está infectado de virus -convencionalismos, prejuicios, tópicos...- que son tremendamente dañinos tanto desde el punto de vista “mercantil” -para las empresas- como “vital” -para la felicidad de uno mismo-.  A medida que los niños se hacen mayores pierden su espontaneidad e ingenuidad para descubrir nuevas formas de ver el mundo. La educación, excesivamente analítica y racional, les van limitando poco a poco. Por eso, una de las claves para fomentar la creatividad en los “adultos” pasa por perfeccionar los sistemas educativos en la “infancia”, cuyo objetivo último es enseñar a pensar. Según apunta Edward De Bono -uno de los principales especialistas en creatividad- “la educación actual desperdicia dos tercios de los talentos de los seres humanos” ya que “la educación es un impulso histórico. Hay muchas cosas que hoy no se enseñan porque la inercia es hacer siempre lo mismo. Esto significa un gran desperdicio de talentos en la sociedad”. Necesitamos, por tanto, aprender a pensar, a mirar las cosas de manera desacostumbrada; o con sus palabras, “debemos enseñar a ver las posibilidades, las alternativas, a transitar por esquemas no rutinarios, y ése es el pensamiento que no está demasiado desarrollado”. Estamos fuerte en pensamiento “analítico” y débiles en pensamiento “creativo”. La mayoría de las organizaciones discurren de manera analítica y científica y necesitan discurrir y pensar creativamente. Ésta es la idea sobre la que descansa el concepto de lateral thinking (pensamiento lateral) “aquel que necesitamos para cambiar nuestros conceptos, enfoques o percepciones. El pensamiento es la capacidad humana más básica y durante 2.400 años le hemos prestado muy poca atención. El pensamiento occidental (lógico-racional) da por sentados conceptos a partir de los cuales comienza a trabajar. Cuando pensamos, siempre tratamos de descubrir qué es, pero realmente nunca hemos desarrollado suficientemente el pensamiento sobre qué puede ser. Está permanentemente juzgando y tratando de señalar contradicciones para obligar a una elección de juicio o para probar que la otra parte está equivocada. El pensamiento lateral cambia ese enfoque. Apuesta por la construcción y acepta posibilidades aunque sean contradictorias y mutuamente excluyentes, que son la base de la ciencia y el progreso. Cuando uno crea ideas nuevas, no tiene por qué estar en lo cierto a cada paso. Puede utilizar provocaciones deliberadas y después avanzar hacia nuevas ideas útiles”.

El éxito mal gestionado es otro de los grandes enemigos de la creatividad. Porque conduce casi inevitablemente al acomodamiento y la autocomplacencia. Steve Jobs, en su famoso discurso de Stanford en junio de 2005, tras ser despedido de la compañía que él mismo había creado, comenta: “La pesadez de ser exitoso fue reemplazada por la liviandad de ser un principiante otra vez, menos seguro de todo. Me liberó para entrar en una de las etapas más creativas de mi vida”. El éxito aburguesa, genera rigideces y conduce a la repetición de tareas en lugar de explorar nuevas formas de hacer las cosas. Es conocida la historia de un suicida que salta de un rascacielos y al pasar por el tercer piso le preguntan: “¿Qué tal?” A lo que contesta: “Hasta ahora todo bien”. Muchas las organizaciones se comportan de forma similar. Como las cosas marchan bien, no se cuestionan nada, aunque posteriormente el tiempo las acaba dejando en fuera de juego.

La necesidad de aprobación de los demás también supone una losa. Ser creativo, supone ser diferente y apartarse del discurso tradicional, lo que implica no comulgar con lo que piensa la mayoría. Una persona creativa es, en cierto modo, un visionario; y un visionario es habitualmente un incomprendido: ve cosas que los demás no alcanzan a captar, lo que genera no pocas enemistades. Hay que desprenderse esa dependencia de opiniones ajenas y aprender a caminar según las propias convicciones. Aprender a no escuchar también es de vez en cuando una virtud. Michel Cahier escribe: “Hombre de fe y convicción el creativo está convencido de tener razón contra todo el mundo. Autodidacta o ingeniero diplomado, el creador es un hombre de oposición, un anticonformista: inconsciente de las dificultades, pero enamorado de su idea, no acepta el mensaje de los mayores, el discurso de la razón. Cree en la innovación y el cambio. Demuestra su movimiento andando”. El escritor irlandés George Bernard Shaw también es de la misma opinión: “La persona razonable se adapta al mundo, mientras que la no razonable tiende a adaptar el mundo a sí misma. Por ello, todo progreso se debe a las personas no razonables”.

La experiencia mal entendida constriñe igualmente la creatividad. Conviene no confundir “experiencia” con “infalibilidad”. La primera, que es “virtud”, engendra su “vicio”, la segunda, cuando no se domestica correctamente. Creerse que uno lo sabe todo de todo -por muchos tiros que se hayan pegado- es un grave error. Por otro lado, fiarse incondicionalmente del bagaje pasado no es lo más prudente en tiempos de rápidas transformaciones. En el momento presente, no basta saberse respuestas de memoria porque rápidamente cambian las preguntas. Jean Paul Getty lo expresaba así: “In times of rapid change, experience could be your worst enemy”. Adoptar una actitud humilde parece lo más recomendable en la era que nos ha tocado vivir.

III. ALIADOS DE LA CREATIVIDAD

Preguntar es una de las formas más inteligentes de prosperar. Álex Osborn, creador del brainstorming, asegura que “la pregunta es la forma más creativa de las conductas humanas”. Martín Heiddeger afirmaba algo parecido: “La pregunta es la forma suprema del saber”. Aquí los niños nos vuelven a dar todo un ejemplo. Son grandes “preguntones”, quieren saber y saber. Están continuamente preguntando e indagando porque una pregunta te va llevando a otra y así sucesivamente se van descubriendo nuevas zonas desconocidas. ¿Por qué nos cuesta tanto a los adultos preguntar? Porque el miedo al ridículo es espantoso -la ironía con quien se equivoca es grande- lo que supone un lastre notable para el aprendizaje.

Cuestionar paradigmas y romper hábitos; que damos por cierto y que hemos incorporado sin someterlos a examen -a veces son totalmente erróneos- y que nos restan oportunidades de mejora. En muchos casos, el éxito pasa por desaprender viejos hábitos para incorporar otros nuevos. Alvin Toffler, autor de “The third wave”, lo remarca: “El analfabeto del futuro no será aquél que no sepa leer o escribir sino aquél que no sea capaz de desaprender cosas viejas para aprender otras nuevas”. Sobre esta cuestión merece la pena leer “Desaprendizaje organizativo” (Ariel, 2004), coordinado por José Manuel Casado. Allí se dice: “El aprendizaje y el cambio son procesos que comienzan con el desaprendizaje. Significa olvidarnos de nuestras imágenes sobre cómo concebíamos las cosas y adaptar nuestros esquemas mentales a la nueva situación. Implica cambiar nuestro modelo mental. El modelo mental es el filtro que nos hace interpretar la realidad de una forma u otra. Ese filtro -gafas, dicen otros- se ha ido construyendo a lo largo de los años por nuestra educación, por nuestra experiencia, etc. Es algo muy arraigado en nosotros y actúa de manera inconsciente, hasta el punto de que ni nos damos cuenta. Sin embargo, el resultado de ese filtro, las imágenes que percibimos o construimos, son las que determinan nuestro comportamiento”.

Sin embargo, desaprender viejos hábitos casi nunca resulta una tarea sencilla. Keynes decía: “Lo más difícil del mundo no es que la gente acepte nuevas ideas, sino que olvide las antiguas”. El psicólogo Konrad Lorenz lo explica con este ejemplo: “Incluso en el hombre civilizado adulto, cuando un hábito está ya muy bien enraizado, evitarlo resulta mucho más difícil de lo deseado. Una vez me di cuenta, mientras circulaba en coche por la ciudad de Viena, que siempre seguía un mismo itinerario para ir a un sitio y para volver utilizaba dos distintos, y todo esto en una época en la que no existían las calles de dirección única. Me rebelé contra este animal de costumbres que veía en mí e intenté tomar el camino de vuelta para ir y viceversa. El resultado asombroso de esta experiencia fue un sentimiento muy claro de inquietud ansiosa, tan desagradable, que volví a elegir el trayecto habitual. Aunque el ser humano no ignora que este hábito bien enraizado tiene un origen puramente fortuito que el hecho de alterarlo no puede engendrar ningún peligro, una excitación llena de ansia le empuja a ser fiel”.

Para mejorar y cambiar hay que poner mucho de nuestra parte. Como casi siempre, la voluntad es esa llave maestra que nos permite abrir cualquier candado; varita mágica que convierte sueños y realidades; fuente de energía incontenible que desafía límites y supera carencias; pócima milagrosa que transforma deseos en obras de arte. En definitiva, la esencia de la excelencia. Me despido con un poema del escritor británico James Allen (1864-1912):

“Obsérvate a ti mismo, amigo mío.

Tú posees todo aquello que grandes hombres tuvieron.

Dos brazos, dos manos, dos piernas, dos ojos

y una mente pasa usar, si estás despierto.

Tú eres el mismo obstáculo que has de superar.

Tú sólo has de señalar a dónde quieres ir,

el objetivo que quieres conseguir

y el sacrificio que estás dispuesto a pagar.



Coraje y valor deben venir de ti,

que toda persona marca su camino.

Obsérvate a ti mismo, amigo mío,

tú posees todo aquello que grandes hombres tuvieron.

Con el mismo equipaje, ellos empezaron.

Pon en ello, pues tu empeño y di: Yo puedo” 

1 comentario:

  1. El sentido común y la creatividad son los pilares del desarrollo mental, de la evolución del ser humano. Interesante artículo!

    Saludos,

    Enrique Bardelli
    e_bardelli@hotmail.com

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