El día que vi a Mauricio, padre de dos niños y líder
comunitario en una ciudad de Jalisco, sus ojos habían perdido el brillo, así
que pensé que algo andaba muy mal en su vida. En efecto, me contó que tenía
problemas de dinero, que su matrimonio estaba en riesgo y que unos resultados
médicos lo obligaban a trabajar menos.
Por Julio Bevione
“He perdido el timón de mi vida”, dijo con angustia. Le
recordé que todos podemos cambiar lo que no nos gusta si nos empeñamos en ello;
que Dios nos da fuerzas cuando las perdemos, y que, sobre todo, debía revisar
cómo estaba viviendo y dejar de tomar decisiones irreflexivas. No importa dónde
estemos parados: el caos puede ser el mejor escenario para poner en orden las
piezas de nuestra vida y hacer que funcione.
He aquí las preguntas que le hice a Mauricio para
ayudarlo a salir de su dura situación:
¿Qué
podemos hacer con los recursos que tienes?
Muchas veces creemos que las circunstancias en las que
nos criamos o en las que vivimos impiden que nuestra vida funcione. Esto ocurre
porque pensamos sólo en lo que nos falta, y no en lo que ya tenemos. Todos
disponemos de lo necesario para entrar en acción; deseo, voluntad y
perseverancia. No es el dinero ni una buena escolaridad lo que nos hace
destacar, sino esas tres cualidades que, en mayor o menor medida, ya están
desarrolladas en cada uno de nosotros.
¿Quién
tiene el poder en tu vida?
“No puedo”. Esta frase nos decimos cuando nos invade la
negatividad. Si nos sentimos sin poder, es que lo hemos perdido. Preguntémonos
si estamos enojados por algo o con alguien. A esa persona le hemos dejado
nuestra atención mental y emocional, y si no la sacamos de nuestro pensamiento,
no podremos recuperarlo.
¿Estás
dispuesto a dejar ir lo viejo?
No podemos tenerlo todo al mismo tiempo. Debemos elegir con
qué nos queremos quedar y qué debemos soltar, sean cosas materiales, creencias
o un empleo. Cuando algo nos resulta muy pesado de llevar, es que estamos
cargando con lo que ya no necesitamos y hay que soltarlo.
¿Qué
piensas de ti mismo?
Lo que creemos de nosotros mismos le da forma a nuestra
vida. Si pensamos que somos impuntuales, lo confirmaremos llegando tarde a
nuestras citas. Revisemos esas creencias, y borraremos de nuestra mente las que
nos ayuden a ser mejores. Así, pensaremos de otra forma y nuestra autoestima
crecerá. Si somos más amables con nosotros mismos, la vergüenza y la culpa que
tanto nos dañan se disiparán.
¿Puedes
visualizar tu futuro?
Si no podemos imaginarlo, no podremos crearlo. Tener una
idea clara de lo que queremos atrae pensamientos que refuerzan esa idea y nos
impulsan a actuar. Visualicemos nuestra vida dentro de uno, cinco y hasta 10
años. Esto nos infundirá ánimos y confianza en nosotros mismos.
¿Buscas
pretextos para no actuar?
Las excusas nos paralizan. Cuando decimos “no es el mejor
momento”, “no tengo tiempo” o “me falta dinero”, es por miedo, pero hay que
vencerlo y actuar. La voluntad acaba con las excusas. Hagamos lo que podamos,
pero hagámoslo.
¿Tendrás
paciencia para cambiar?
Al tratar de hacer cambios podemos presionarnos demasiado
y errar el rumbo; por ejemplo, reaccionar con ira al intentar ser compasivos.
Hay que darnos tiempo. Los cambios duraderos se logran paso a paso.
¿Estás
dispuesto a pedir ayuda?
Nadie lo sabe todo ni puede hacer todo. Hay que pedir
ayuda cuando sintamos que es necesario. Siempre habrá alguien que pueda
aportarnos su experiencia y darnos luz para ver las cosas con claridad.
Para vivir en
positivo no basta con pensar en positivo. También necesitamos estar
constantemente atentos a lo que hacemos y lo que decimos. Tenemos que vivir tan
atentos de nosotros mismos como del mundo que nos rodea.
Fuente:cl.selecciones.com


No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada