lunes, 4 de octubre de 2010

Saber si alguien miente

En los negocios, en política o en el amor, sería estupendo saber si alguien nos miente. Desgraciadamente, los humanos no son muy buenos en detectar las mentiras. Nuestra tendencia natural nos lleva a confiar en los demás y de hecho, en nuestras interacciones diarias, que entrañan poco riesgo, esto es lo natural. Cuando no dudamos de las aserciones del tipo "He visto esa película" o "Me gusta tu corte de pelo" nos ahorramos tiempo y energía.

Por: Elisabeth Eaves

Aunque costaría demasiado esfuerzo analizar todas nuestras interacciones para detectar cualquier indicio de engaño, lo cierto es que hay momentos en los que realmente necesitamos saber si nos están diciendo la verdad. Puede darse el caso de que una negociación crucial dependa de conocer la verdad; o quizás ya nos han mentido y queremos saber si esto forma parte de algún patrón.

De hecho, la posibilidad de diferenciar las mentiras de la verdad no solo afecta a nuestras vidas personales, sino que influye también en la economía en su conjunto. La confianza es el lubricante que hace que funcione prácticamente cualquier transacción que acometemos. De hecho, la confianza vale miles de millones de dólares solo en Estados Unidos. (Véase: "The Economics of Trust" -La economía de la confianza-). No es exagerado decir que, al reducir la confianza, los mentirosos nos empobrecen a todos.

Las mentiras que se escriben en las páginas impresas o en una pantalla de televisión podrían ser las más difíciles de detectar. Cuando un periodista de una publicación respetada cuenta una mentira, como Jayson Blair en el New York Times o Stephen Glass, de The New Republic, todos los que tenemos los minutos del día contados probablemente no podamos descubrirlo por nuestra cuenta. (Véase: "Trusting The Media" -La confianza en los medios-).

Y lo mismo ocurre con las campañas de publicidad engañosa. Afortunadamente, al menos en el caso de la política, sabemos que podemos contar con organizaciones sin ánimo de lucro y no alineadas, como Factcheck.org, para comprobar la veracidad de las aseveraciones políticas de los dos lados.

En persona es mucho más fácil hacer un juicio sobre si nos están diciendo la verdad. Los psicólogos que estudian el engaño, sin embargo, advierten que no hay métodos infalibles. Bella DePaulo, catedrática de psicología invitada en la Universidad de California (Santa Bárbara), escribe que "mentir no es un proceso psicológico independiente con sus propios indicadores de conducta.

Es muy importante cómo se siente y cómo piensa el mentiroso." De hecho, muchos de los indicios que caracterizan a los mentirosos, como jugar con las manos o sudar, pueden ser simples indicios de ansiedad. Es difícil diferenciar un mentiroso de una persona honrada que esté muy estresada.

Dicho esto, en los interrogatorios, los agentes de policía y los espías utilizan diversos trucos que los demás podemos usar para mejorar nuestras posibilidades de detectar la mentira.

Los profesionales observan y escuchan, a la busca de indicios de nerviosismo, y prestan una especial atención al contenido de la historia que cuenta un sospechoso. ¿Incluye muchos detalles? Cuando la cuenta varias veces, ¿cuenta siempre lo mismo?

Desde luego, siempre habrá personas que hayan logrado perfeccionar su capacidad de mentir y nunca son fáciles de detectar. Los delincuentes curtidos, sobre todos los que han sido sometidos a docenas de interrogatorios, mejoran cada vez más su capacidad de mentir, explica Derrick Parker, veterano con 20 años de experiencia en el Departamento de Policía de Nueva York. Los magos también saben engañar al público, con buenas maneras y apoyándose en lo que el público espera. (Véase: "In Defense of Trust" -En defensa de la confianza-.)

La mayoría de nosotros, no obstante, no tiene que preocuparse por magos o mentes criminales. De hecho, a la hora de detectar engaños, debemos preocuparnos sobre todo por nosotros mismos. "A menudo, no queremos saber si nos mienten", explica Robert Feldman, catedrático de psicología de la Universidad de Massachusetts. En pocas palabras, estamos programados para creer los piropos y evitar las verdades dolorosas, lo cual facilita mucho el trabajo de los mentirosos.

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Fuente: Forbes.com

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