Dicen que un pesimista es un optimista bien informado,
incierto, un pesimista es una persona que solo dirige la mirada hacia la parte
negativa de las situaciones. Sin embargo un optimista, dirige su atención hacia
aspectos relevantes de oportunidad, que una situación refleja, sopesándolo con
los matices peligrosos que esta presenta y por lo tanto cree que puede salir
bien parado de la misma.
Con las empresas ocurre exactamente lo mismo, poseen
comportamientos humanos, por que son estos quien las dirige y las lanza a los
mercados a competir. Sin embargo, esta demostrado que ante cualquier revés, una
actitud optimista esta mejor predispuesta y tardara menos en superar esa
situación negativa, que una actitud pesimista.
Dicho esto, no digo nada nuevo si les comento que pasamos
por la peor crisis de muchos años, teniendo presente que aun no conocemos la
profundidad y dimensión de la misma. Estamos padeciendo los primeros impactos
de su furia, paro, falta de financiación, desconcierto, miedo, recelo,
sospechas, vemos morosos por todos lados, bajada de ventas, disminución de
inversiones, y múltiples EREs de empresas que se están viendo afectadas, etc.
Sin embargo, el
momento es duro entre otras cosas por que la definición del problema no acaba
de describirse con absoluta nitidez, no conocemos las causas reales de porque
estamos aquí, de igual manera que hace unos años, tampoco nos preguntamos desde
el punto de vista empresarial por que nos iba tan bien. Ambas circunstancias
afectan muy negativamente en la proyección y dirección de las organizaciones.
Estamos seguros de
los síntomas que presenta la crisis, pero las causas, las verdaderas cuestiones
de interés para saber como llegamos hasta aqui, no las sabemos o no queremos
reconocerlas. Todos fijan las fuentes para determinar el epicentro de la
crisis, en las subprime, malas inversiones, dinero excesivamente barato,
apalancamiento financiero, acciones arriesgadas de negocios, pero me ronda una
cuestión continuamente, los problemas de dinero se pueden solucionar con
dinero, no? y hemos ganado mucho dinero, entonces?, como pueden caer verdaderos
imperios financieros absolutamente solventes, de trayectorias históricas,
empresas que son las dueñas del mundo?. No, no puede ser tan fácil, la
resolución. Son las medidas que se están adoptando, aportar dinero, veremos la eficacia
de las mismas, teniendo presente un futuro no muy lejano.
Mi visión del problema es que estamos ante una de las
primeras crisis de causas estructurales y no de carácter únicamente
cuantitativo. Y es que plantear un modelo social basado y dependiente de algo
tan volátil como el dinero, ojo teniendo claro que sin dinero no hacemos nada,
pero reconociendo también que no se gestiona el beneficio del modelo social y
aportación a la comunidad, sino del beneficio particular , se obvia lo
realmente importante lo cualitativo, si me permiten la metáfora, es como pensar
que cuanto mas gasolina tengamos más lejos nos llevara el coche, sin contemplar
la posibilidad de que la maquina puede tener la transmisión rota. El modelo
actual busca la generación de dinero y se olvida de generar riqueza social
real. Las empresas son agentes imprescindibles de la creación de riqueza social
y los gobiernos garantes de que esa creación se realice de manera éticamente
responsable, así como que su distribución beneficie a la población en igualdad
de oportunidades. Por lo tanto, debemos apoyar las empresas desde todos los
aspectos, exigiéndoles que realicen su cometido, y que su cometido no solo sea
producir dinero, sino bienestar social y mantenerlo, responsabilizándolas de
aspectos importantes en la estructuración social. Y es que en la práctica es el
bienestar social el que retroalimenta los buenos resultados empresariales y por
tanto ahí debe hacerse especial hincapié para que este no disminuya. Para este
cometido necesitaremos de más tiempo, alargaremos los plazos para ganar dinero,
pero el resultado será más perdurable en el tiempo. Esto es lo que se les debe
pedir como contrapartida a las empresas por las ayudas ofrecidas, por el dinero
publico. No hablo de intervencionismo, tal y como se describe históricamente,
sino de libre mercado con metas diferentes a las instauradas.
En la valoración de una empresa en su balance, se debería
incluir como activo real la responsabilidad social corporativa, que desarrolle
esta, así mismo como que esto sea un valor añadido que suponga identificarla
como una organización de interés social para acceso a financiación publica. Es
una buena época para replantear nuevos modelos de gestión para todo lo que no
funciona, sé que hay empresarios que no ven salida a la situación actual, pero
quiero transmitir optimismo porque creo que el ser humano en circunstancias
definitivas siempre genera soluciones.
Las empresas
tendrán que ajustarse a las condiciones de mercado, aplazar inversiones
previstas, reformular sus modelos de negocio, atraer talento a sus
organizaciones, pero sobre todo, tener claro que rol quiere desempeñar en la
comunidad y nuevamente serán los recursos humanos el factor estratégico los que
propicien situarnos en una situación de bienestar. Con todo ello, también
recomiendo a todo el sector empresarial, poseer una actitud optimista a la vez
que no irresponsable, que le permita a su organización tener una oportunidad.
Siempre he pensado que ante la falta de recursos, la imaginación, revisión, compromiso
y profesionalidad pueden ser buenos antídotos, para superar malas etapas.
Estos antídotos
surgen desde el optimismo, por ello debe existir una predisposición a ver la
parte de oportunidad que exhiben las situaciones. Desde el pesimismo solo brotan
comportamientos destructivos, actitudes perjudiciales, pensamientos
inapropiados y sobre todo indiferencia.
Todos debemos trabajar juntos para superar esta etapa,
empresas, gobiernos, agentes sociales, población, etc., pero también es
obligatorio definir que queremos conseguir, y para mi la respuesta es clara,
alcanzar objetivos sociales estables que beneficien a todos los segmentos de
población, el dinero igual que viene se puede ir. La solvencia estructural no.
Como se dice en mi tierra, cada vez que llueve, por mucha agua que caiga,
siempre escampa, salvo que en esta situación, la solución debemos propiciarla
desde nuestra reflexión, capacidad y trabajo. Ahora es un buen momento para
empezar a solucionar esto, eso si por otros caminos que nos aseguren menos
sobresaltos.
Fuente:RRHH Magazine


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