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domingo, 31 de octubre de 2010

La influencia del Flautista

Nadie puede creer que trabajar con el futuro, los objetivos, las ilusiones, las energías o las estrategias de una persona o compañía es una tarea sencilla. Nadie debería pensar que conseguir que una persona sea capaz de exponerse y compartir su interior con su coach es una tarea poco importante. Pocas personas reconocerían que ser capaz de abstraerse de una situación conflictiva y ayudar a visualizar soluciones efectivas es algo prescindible. Y sólo algunas personas eliminan el mérito a quienes utilizando las metodologías del coaching, son capaces de devolver la sonrisa a una persona o a una compañía.

El coaching y los profesionales, que desde sus diferentes perspectivas, visiones y aplicaciones trabajan desde hace años en la ayuda y desarrollo de personas y compañías, se han convertido en un valor en alza y pocas personas con conocimiento son capaces de dudar de la importancia o valía de dichas técnicas.

Pero si bien es cierto que no podemos poner en duda la idoneidad de las herramientas, el mundo del coaching debería reflexionar sobre un tema de vital importancia: El poder de influencia que desde la figura del coach se ejerce y las consecuencias de sus gestos, palabras e incluso acciones.

Los puristas del coaching dicen una y otra vez en sus formaciones, teorías y escritos que el coach no puede recomendar o dirigir jamás una conversación, ya que con ello, se pierde la esencia del descubrimiento interior por parte del cliente, se fomenta una innecesaria dependencia y además esa actitud consigue levantar un muro de juicio que debemos eliminar para la correcta evolución del proceso de desarrollo… Y sin embargo, se influencia.

Aunque renunciemos a las palabras, cada mirada, gesto o incluso pregunta, dirige la comunicación y aunque no sea con carácter tendencioso, acaba otorgando una respuesta activa a dicha influencia. E ahí la gran prueba a la que los profesionales del coaching deben enfrentarse. La lucha contra la vanidad, la lucha contra el poder de su influencia, la lucha por no convertirse en el flautista de Hamelín.

Como en la historia documentada por los hermanos Grimm, el coach desarrolla en su arte la capacidad de atracción, seducción e influencia para ganarse la confianza y así, ser capaz de establecer escenarios efectivos y trabajar con los objetivos e ilusiones de las personas u organizaciones que desarrollan su potencial en procesos evolutivos. 

Como en la fábula situada en la ciudad de Hamelín, la clientela suele acudir al profesional cuando siente que la situación supone un lastre al que no puede enfrentarse en soledad y por lo tanto, está en situación de desventaja emocional y pone su plena esperanza y confianza en un recurso externo.

Como en la leyenda del flautista, es fácil que los logros y avances del proceso coloquen como héroe al coach y no a quienes con su música han conseguido caminar por el sendero correcto y exitoso.

Sin embargo, lo que para muchos es un simple cuento de niños, está basado en una terrorífica realidad. Una de esas realidades que nunca pasan y que si utilizamos el sentido común, nunca deberían suceder. En 1284, desaparecieron 130 niños de la localidad de Hamelín que nunca volvieron, tras seguir por decisión propia a un flautista y así figura en una inscripción de 1600 cerca del legendario lugar: 

“En el año de 1284 en el día de Juan y Pablo siendo el 26 de junio por un flautista vestido con muchos colores, fueron seducidos 130 niños nacidos en Hamelin y se perdieron en el lugar del calvario, cerca de “koppen“.

Si bien es cierto que algunas teorías apuntan a un reclutamiento militar de jóvenes en el pueblo para una guerra de la que no volverían, en la que el reclutador sería el flautista y los colores y la música su discurso embriagador, no es menos cierto que lejos de ser aquella una actitud lejana podemos identificarla en nuestros días como algo excesivamente presente y utilizado.

Recurrimos al sentido común para establecer un marco de valores. Defendemos la profesionalidad para dignificar una profesión y el uso de sus técnicas. Amparamos nuestras acciones en la legitimidad cuando creemos que el proceso está encauzado. Y procedemos a la crítica y al distanciamiento cuando tenemos conocimiento de mala praxis. Pero… ¿Es suficiente?

Los coaches estrella tocan la flauta e interpretan una música que es difícil no bailar. Una melodía perfectamente interpretada que esconde la vanidad de sentirse importante, crear dependencia y con ello, procesos más longevos y una necesidad de reconocimiento social y profesional. Toda persona que gira entorno al desarrollo personal tiene su flauta y eso, como es comprensible, no es negativo. Pero debes saber que con dicho instrumento, puedes provocar dicho escenario de seguidismo sectario o personalista con el que se puede echar por tierra todos los avances conquistados.

El coaching fue creado para desterrar de nuestras mentes y corazones a todas esas ratas que nos devoran por dentro y nos vacían de ilusiones, de valor y de autoconfianza. Los profesionales del coaching trabajan para erradicar los roedores y eliminar los obstáculos que despejen las vías para que las personas y organizaciones caminen con paso firme hacia su éxito. Las diferentes visiones del coaching son como una amalgama de instrumentos desde los cuales interpretar variaciones de una melodía con base poderosa y transparente: Ayudar a otras personas con generosidad a alcanzar sus objetivos personales y/o profesionales.

Debemos ser conscientes de que cada gesto que ejecutemos, tendrá una repercusión en nuestro interlocutor. Que cada pregunta puede derivar la conversación hacia donde podría parecer más cómodo. Que cada tono de voz utilizado está enviando información influyente y con ello podemos pervertir el proceso. 

Nuestras flautas deben estar afinadas para interpretar la mejor melodía enfocada siempre con las garantías y la neutralidad óptimas. Asépticas ante las creencias y respuestas, vibrando con los avances y no con las afinidades personales, rítmicas con la gestión emocional y no con el efectismo sentimental. Y sobre todo, enérgicas ante los obstáculos y no ante la crítica.

Una y otra vez leo la famosa leyenda mientras escribo este artículo y me pregunto ¿es más avaricioso el alcalde que no quiere pagar los servicios o el flautista que conociendo su poder es capaz de arriesgar la vida de los niños y niñas de Hamelín? En tu mano está la responsabilidad de ejecutar una música que eleve las ilusiones, agite las creencias y catalice las acciones para alcanzar éxitos duraderos. Pero nunca olvides, por muchas personas que coreen tu canción, que lo verdaderamente importante es lo que provoca la melodía y no quien la interpreta. 

Autor: Rubén Turienzo

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Fuente: http://www.portaldelcoaching.com/

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