viernes, 8 de octubre de 2010

Hasta que el cash flow nos separe

La planificación financiera es un factor clave a la hora de encarar un emprendimiento. ¿Cuánto necesito? ¿Quién financia? ¿Por qué financia? ¿Cómo financia? ¿Hasta cuándo financiar?

Por: Leonardo Veiga, Isabelle Chaquiriand

Uno de los factores que más incide en la mortandad de los emprendimientos es una mala planificación financiera. Un emprendimiento debe comenzar identificando una oportunidad clara y con potencial, seguir con el desarrollo de una solución que permita explotarla, formular un modelo de negocios que capture parte del valor que esa solución genera y diseñar una estrategia que permita llevar ese modelo a la práctica, siendo un componente esencial de esa estrategia el financiamiento.

Las preguntas claves que debemos definir en el marco de la planificación financiera son: ¿Cuánto necesito? ¿Quién financia? ¿Por qué financia? ¿Cómo financia? ¿Hasta cuándo financiar? Vayamos analizando cada una de ellas.

¿Cuánto necesito?

Uno de los problemas más frecuentes cuando se emprende es estimar las necesidades financieras sobre la base de la construcción de un solo escenario, el “probable”. Una de las destrezas requeridas de un emprendedor es reducir al mínimo las necesidades sobre las cuales se construye esa estimación. Diferir inversiones que no sean imprescindibles, reducir al mínimo el crédito concedido y al máximo el obtenido, son algunas de las buenas prácticas financieras de un emprendedor. Pero aún así, lograr el financiamiento requerido es uno de los objetivos más difíciles de alcanzar. Es así como suelen terminar con un presupuesto muy austero, que apenas se logra cubrir con el financiamiento obtenido, lo que es un enorme riesgo, simplemente porque no hay margen de maniobra si ese escenario probable deja lugar a otro menos probable pero más adverso, cosa que sucede en la mayoría de los emprendimientos.

Es necesario pues formular planes de contingencia frente a escenarios alternativos adversos. Si hay algo peor que un escenario alternativo adverso, es salir a buscar financiamiento cuando este ya está instalado.

¿Quién financia?

El grueso de los emprendimientos se financian por los propios emprendedores y por su familiares, pero esas no son las únicas fuentes de financiamiento. También están los amigos, conocidos, inversores ángeles, organismos de promoción del emprendimiento, fondos de capital de riesgo, bancos comerciales y los propios proveedores (al concedernos crédito).

La dificultad en el acceso a cada fuente de financiamiento es distinta, y los emprendedores suelen recurrir a las que menos exigencias imponen. Esa es la razón por al cual los recursos propios y familiares tengan tanto peso.

El emprendedor tiene que realizar un adecuado mix de fuentes de financiamiento. El agotar las fuentes de financiamiento de fácil y rápido acceso y dejar las más difíciles para cuando sea necesario es una práctica suicida bastante frecuente. Combinado con nuestro punto anterior lleva a que los emprendedores salgan a buscar financiamiento adicional en el contexto de un escenario adverso imprevisto, situación en la cual –como es previsible– esas fuentes de financiamiento estarán prácticamente cerradas. Si un potencial financiador es reticente en circunstancias normales, mucho más lo será si recurrimos a él en el contexto de problemas y urgencias.

Nuestra recomendación es que debe reservarse parte de los recursos de más fácil acceso (propios y familiares) para enfrentar los escenarios adversos planificados. Es cierto que esto es más fácil de decir que de hacer, pero también es cierto que es mucho mejor hacer ese esfuerzo adicional de captación de votos cuando no estamos contra la pared.

¿Por qué financia?

Otro error que normalmente se comete por parte de los emprendedores es no tener lo suficientemente claro cuáles son los objetivos y expectativas de aquellos que van a financiar el emprendimiento. En el ánimo de lograr los recursos requeridos el emprendedor tiene la tentación de minimizar los problemas que un eventual conflicto de intereses pueden generar. Luego, una vez que el emprendimiento está en marcha, se encuentra con la desagradable sorpresa que la diversidad de intereses con el inversor se transforma en un factor de conflicto permanente que dificulta enormemente el proceso de toma de decisiones. Un caso particular de este problema es en el caso del financiamiento por parte de familiares, amigos y conocidos. En esos casos el error más grave suele ser que el emprendedor sobredimensione el peso que lo afectivo tiene en la motivación de ese círculo íntimo de inversores.

¿Cómo financia?

El tema de la motivación de quién financia va muy unido a la forma en que lo hace, y el emprendedor debe asegurarse que existe coherencia entre ambos aspectos. Una gran cantidad de emprendimientos, por ejemplo, son iniciados por varios socios que realizan aportes financieros diferentes. En algunos casos esas diferencias se espera se compensen con distintas aportaciones de trabajo. En otros casos se van incorporando socios capitalistas a lo largo de la vida del emprendimiento. Todas estas situaciones, si no han sido claramente definidas en términos contractuales, terminan siendo fuente de conflictos. Cuando el tiempo pasa, es frecuente que se olvide lo importante que fue ese aporte financiero de un socio en un momento crítico, y formalizar los acuerdos en que se arribó en aquel momento se vuelva muy difícil, con la natural molestia del socio financiador.

Entre socios, o entre socios y financiadores, cuando reina un clima de confianza, es normal que se sienta que ya habrá tiempo en el futuro para formalizar los términos contractuales de la relación. Hacer lo contrario sienten que es ir en contra de esa confianza. La experiencia indica que esperar no es lo más aconsejable.

¿Hasta cuándo financia?

Aún cuando queramos minimizar riesgos, el fracaso es una hipótesis siempre presente. Si analizamos las estadísticas de sobrevivencia de los emprendimientos, es en realidad la más factible de todas las hipótesis. Tiene que haber pues un plan de salida y es importante que sea definido desde un principio, cuando uno puede definir los extremos que lo justifican con la cabeza fría. Una vez que se entra en el fragor de la lucha cotidiana por sobrevivir, el emprendedor suele perder la objetividad requerida. Es muy frecuente que el emprendedor entre en un mundo de fantasía, en donde siempre espera que mañana las ventas aumenten, o que la introducción de cambios –cada vez más desesperados– provocarán un cambio cualitativo de la situación.

Es necesario saber cuándo parar y aceptar los costos de ello, cuando todavía son administrables.

Otro error frecuente es la ilusión de las ganancias. El emprendedor ve sus ventas aumentar y sus ganancias crecer, y no se da cuenta que es una ficción contable. La realidad muchas veces es que ese aumento de ventas está sustentado en un financiamiento inexistente, y en el corto o mediano plazo termina en una crisis difícilmente superable. El emprendedor debe tener la disciplina de no pretender crecer más allá de lo que su estructura de financiamiento permite.

La dimensión financiera no es la esencia de un emprendimiento, y así suelen sentirlo los emprendedores. Es percibida como un obstáculo frustrante que impide hacer lo que es verdaderamente importante: producir y comercializar el bien o servicio que es la razón de ser del emprendimiento. Esa actitud es el punto de partida para la generación de una debilidad estructural de los nuevos negocios, y la explicación de buena parte de los fracasos.

La caja es a una empresa lo que el sistema circulatorio a una personal. Es mala idea comenzar una carrera con anemia.

Fuente: http://socrates.ieem.edu.uy/

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