miércoles, 27 de octubre de 2010

¡Expresa tus emociones!

¿Por qué a veces al ver nuestros defectos reímos a carcajadas y otras nos ponemos a llorar? Si bien nuestras emociones pueden “provocar cierto desorden”, también son, para cada uno de nosotros, valiosas guías de vida. Así pues, ¡déjate llevar!

Nuestra cultura desaprueba las avalanchas emocionales, sean cuales sean. Desde pequeños, aprendemos a frenar nuestras “conmociones”, a disimularlas e incluso, algunas veces, llegamos a asfixiarnos. ¡Qué lástima!

¿Qué son los sentimientos?

Los sentimientos son reacciones afectivas naturales hacia aquello que nos llega.

Pueden ser agradables (como la alegría, por ejemplo) o desagradables (tristeza, miedo, enfado…). Débil o intensa, la emoción se manifiesta a nuestras espaldas.

Esta emoción puede estar acompañada por otras sensaciones: rubor, temblores, palpitaciones, interrupción o activación del pensamiento, mutismo, etc.

Los sentimientos pueden alterarte, hacerte proceder o hacerte reaccionar; puedes observar fácilmente estas reacciones impulsivas en los animales o incluso en los niños pequeños: un animal asustado huye o se esconde; el niño, en cambio, estalla en una rabieta o se pone a llorar… Las emociones han jugado un papel muy importante en la evolución del ser humano desde tiempos remotos: el miedo para protegerse del peligro, la cólera para movilizar la energía… La emoción también permite reacciones rápidas. Hace la función de alarma al transmitir un mensaje mínimo, es cierto, pero vital.

En nuestro mundo civilizado, los sentimientos han perdido su valor de supervivencia, pero, sin embargo, no son inútiles. Aunque a veces los perturbemos un poco, siempre nos ayudan a sacar algo bueno.

Espejo del alma…

Nuestras emociones nos hablan de nosotros mismos, de aquello que nos gusta y aquello que nos desagrada, de lo que nos asusta y lo que nos irrita. Nos recuerda quiénes somos, bajo el barniz de nuestra educación y nos proporcionan valiosas indicaciones de los caminos que debemos tomar o esquivar. Si no hacemos oídos

sordos a lo que nuestros sentimientos nos dicen, nos pueden ayudar a tomar decisiones sin dejar de ser fieles a nosotros mismos… Puede aplicarse al trabajo, a la pareja sentimental, a decantarse por un estilo de viaje o sencillamente a escoger una película para ver esta tarde. Los estudios acerca del cerebro* han demostrado que si a una persona se le priva accidentalmente de su memoria emocional tiende a tomar las decisiones de forma racional, lo cual es muy negativo.

¡Tienes derecho a llorar!

Nuestras emociones son la expresión de nuestra vida afectiva. Reconocerlas, aceptarlas y permitirte expresarlas en el momento adecuado nos puede hacer mucho bien. Llorar cuando estás triste, gritar cuando tienes miedo o manifestar un enfado son maneras de liberar las tensiones que acumulas.

Si no deseas expresar tus sentimientos o prefieres enterrarlos en lo más profundo de ti, es necesario, sin embargo, hacer “tolerables” sus manifestaciones para la sociedad en la que vivimos. No es recomendable que te pongas a llorar cuando tu jefe entra en cólera. Es preferible, entonces, que dejes que tu tristeza se manifieste cuando entres en tu casa, lo cual te permitirá deshacerte de la tensión que cargas contigo.

Acepta tus emociones, controla tus reacciones

Nuestras emociones no son buenas ni malas en esencia, sino más o menos incómodas y más o menos intensas según los acontecimientos, pero también según la persona. Ninguno de nosotros reaccionamos de la misma forma ante la emoción. Si bien algunos “pierden los estribos” por miedo a las cosas, otros conservan más fácilmente la calma frente a situaciones peores. Sea como sea, no podrás tener una vida social si das rienda suelta a las innombrables emociones que se te cruzan cada día. Dar vía libre a nuestros arrebatos emocionales será tan negativo como esconderlos. Así pues, no tienes otra opción que controlarlos.

Encontrar un equilibrio

Para evitar grandes explosiones, “golpes de Estado” emocionales, es necesario que tomes conciencia de la emoción que te invade, como por ejemplo, de la cólera que “te saca de quicio”. En ese momento, puedes acudir a tu capacidad de razonamiento para calmarte. En el caso de un adulto, al contrario de un niño pequeño, el campo de las reacciones posibles es inmenso y bastan algunos segundos de atención para evitar comportarse de forma desconsiderada. Cuando las emociones te traicionan, lo más habitual es que no las aceptes, ni siquiera en tu foro interno. Ahora bien, sólo si permites expresarlas, de algún modo u otro, puedes empezar a domesticarlas.



De este modo, no se trata de liberar las emociones en beneficio de la razón, sino, sobre todo, en encontrar la armonía entre las dos. Tener una vida sentimental satisfactoria, sin dejar de ser fiel a uno mismo, supone conseguir mantener esto en un equilibrio siempre frágil.

D. Pir

(*) Descartes’ error : Emotion, Raison and the Human Brain, Antonio Damasio, Editions Grosset NW

Por: Doctissimo

Fuente: Yahoo

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