domingo, 3 de octubre de 2010

Esos terribles prepotentes


Por: Montse Mateos.

La recreación de la juventud del dramaturgo Lope de Vega pone en bandeja uno de los defectos que caracterizan a los genios de nuestro tiempo: La prepotencia que, bien gestionada, puede proporcionar muy buenos resultados a las organizaciones.

Miguel de Cervantes le llamó Monstruo de la naturaleza por atreverse a romper las normas del teatro español a finales del siglo XVI. Pero la osadía le hizo ganarse un sitio entre los grandes de la dramaturgia nacional y sus obras le han sobrevivido generaciones. La juventud y los comienzos de Lope de Vega se relatan en la película Lope que, aunque no ha conseguido el favor de la crítica, sirve de excusa para hacer un repaso sobre esos prepotentes terribles que han llegado muy lejos haciendo gala de su audacia.

Si en la vida no es difícil dar con ellos, en la empresa se pueden convertir en aliados o adversarios capaces de desmontar el mejor de los proyectos: son los creativos, los olvidados, los enfant terrible que no son amigos de las normas de conducta que, a menudo, garantizan el funcionamiento de una empresa.

Lope de Vega leía latín y castellano a los cinco años, la misma edad que tenía otro niño prodigio, Mozart, cuando compuso su primera obra. Si para el austríaco la música llenó toda su corta existencia, en el caso del poeta español las palabras fueron su vida y eso sí que se recoge bien en el filme, que ha aprovechado la lírica del joven maestro para adornar alguno de los mejores momentos. El del famoso Un soneto me manda hacer Violante es memorable.

En las organizaciones, algunos profesionales utilizan palabras vanas para ganarse la confianza de los jefes. Algunos tienen suerte y lo consiguen pero otros, además, llegan más lejos y en poco tiempo ocupan un puesto al lado de la dirección. Son los relaciones públicas que sirven para eso y poco más: excelentes comerciales pero nefastos directivos.

La otra cara de la moneda de estos charlatanes son los que realmente valen, esos niños prodigio que, como Mozart y Lope, se esconden en centros educativos que no saben aprovechar su potencial. Juan Francisco San Andrés, experto en recursos humanos, señala que en España aproximadamente un millón de personas tienen un coeficiente intelectual de 130 o superior; 47.000 con más de 145 y unas 1.600 con más de 160. Sin embargo se queja de que las oportunidades que se da a este colectivo para que se diferencien de los demás son escasas.

Algunos de los que aterrizan en las empresas son tildados de raros porque no se comunican con los demás o tienen, porqué no decirlo, una conducta que genera mal ambiente. Antonella Broglia, consejera delegada de Saatchi & Saatchi hasta 2006, despertó el asombro en un foro de directivos cuando dijo que a sus creativos no les pedía que llegaran en punto a la oficina, ni que acudieran con traje y corbata a trabajar, lo que quería era que crearan y que hicieran su trabajo, para eso les había contratado, el resto era secundario.

En ocasiones el trabajo de algunos genios, como el de Lope, requiere de esa anarquía que, en el caso del jefe –en la película es Jerónimo Velázquez (Juan Diego) dueño del teatro– también supone admitir ciertas dosis de prepotencia en el genio. Saber manejar a estos personajes para que no enturbien el ambiente laboral es un arte, sólo al alcance de los directivos competentes. Éstos deben aprender a liderar con el enojo de aquellos que, aunque aplicados, no brillan con la fuerza de los que poseen el talento y enarbolan la prepotencia como su mejor bandera.

La película:  LOPE
Director: Andrucha Waddington
Nacionalidad: Brasil, España, 2010
Género: Drama

Fuente: Expansión y Empleo

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