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martes, 26 de octubre de 2010

El cuento de los tres cerditos para emprendedores



Voy a intentar explicar una cosa que llevo reflexionando durante las últimas semanas, mediante un guiño al famoso cuento de los Hermanos Grimm.
Había una vez una aldea llamada España en el planeta Internet, en la que vivían un montón de cerditos. Todo era felicidad a rebosar sin ningún tipo de preocupación.
Cada uno de ellos construía su casa para vivir lo más cómodamente posible en la aldea. Unos la construían con paja, que podían conseguir muy fácilmente y en grandes cantidades a un precio de broma, obteniendo finalmente una casa enorme sin mucho esfuerzo. Otros usaban madera, era un poco más dificil de conseguir, pero con algo de trabajo conseguían buenos resultados y una casa con una robustez lo suficientemente aceptable como para vivir en una aldea donde no existen las preocupaciones. Otros sin embargo, construyeron su casa sobre cimientos de ladrillo, mucho más caro y que no permitía construir una casa tan grande en el mismo espacio de tiempo que usando paja por ejemplo.
Un día, llegó la crisis el señor lobo a la aldea. El lobo se puso a soplar y tal, y destruyó todas las casas menos las de ladrillo, devorando evidentemente a los cerdos que había en el interior de ellas.
Hasta aquí genial la historia para los cerdos que construyeron su casa de ladrillo salvo por un pequeño detalle: ¿qué pasaría si sus clientes en lugar de tener casa de ladrillo, hubiesen optado por una flamante casa de paja o madera?
Lo que cabría esperar es que los cerdos tendrían que salir a la calle en busca de otros nuevos amigos con casa de ladrillo, lo que les pondría en una situación bastante comprometida con el señor lobo en algunos casos.
A lo que pretendo llegar con esta historia que he ambientado en el terreno de internet, pero que se puede aplicar a más ámbitos, es a la conclusión de que además de ser bueno tener una base sólida en nuestro modelo de negocio, quizá sea crucial trabajar con otros que también la tengan (independientemente del tamaño de su casa). De esa forma se puede evitar que la crisis nos acabe obligando a cerrar la persiana.

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