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viernes, 15 de octubre de 2010

AUTOESTIMA Y FELICIDAD


Existen personas que tienen baja autoestima, que son exitosas, logran sus metas y destacan, pero no necesariamente son felices. Para ser feliz se requiere libertad y la baja autoestima nos esclaviza.

Por David Fischman

Cuando Enrique se graduó, entró a trabajar a una empresa tomando una posición de jefatura. Allí se esforzó más que nadie, quería demostrar que era muy competente, trabajaba 10 horas diarias. Rápidamente ascendió en la organización y tomó puestos de mayor importancia. Siempre sentía que el tiempo le faltaba para hacer todo lo que se proponía. Quería demostrar que era el mejor empleado. Tuvo la oportunidad de hacer su propio negocio y desde entonces no ha parado de trabajar 14 horas diarias. Ha logrado metas imposibles, pero nada es suficiente. El no se queda tranquilo, siempre siente que tiene que hacer más. Mientras tanto, la vida pasa a su costado, sus hijos se hacen más grandes y él está cada vez más lejos.

Enrique es el típico caso de una persona exitosa en los negocios, en cumplir sus metas, pero en el fondo, infeliz. El problema es que, en su mente, tiene la creencia: “Si no logro lo que aspiro, si no alcanzo mis metas, no voy a valer o no me van a querer”. Con esta creencia en la mente, cada vez que consigue llegar a una meta, tiene el sentimiento de que no es suficiente, que necesita seguir avanzando. Porque solo si sigue demostrando que es capaz, será querido.

¿Cómo puede Enrique tener una idea tan irracional en su mente? El origen de este tipo de creencias se da en la niñez y se guarda en las memorias inconscientes. Por ejemplo, su papá trabajaba mucho durante del día, Enrique era el segundo hijo y tenía un hermano menor que demandaba toda la atención de la madre. Enrique quería jugar, recibir cariño, pero su padre no estaba y su madre estaba ocupada con el hermano. El se sentía no querido, que no valía lo suficiente. Finalmente, Enrique aprendió a llamar la atención, sacándose buenas notas, siendo un alumno aplicado. Desde ese momento instaló la creencia: “Si no tengo logros, no me quieren”.

En el presente, Enrique sabe que sus padres sí lo quisieron, que él interpretó equivocadamente lo que ocurrió en su niñez generando estas creencias distorsionadas. ¿Pero tener esta información es suficiente para cambiar? La creencia “Si no tengo logros, no me quieren” está empernada (fijada) en nuestra mente con tornillos de mucho dolor y rabia. Se requiere que desentornillemos tornillo por tornillo, que tomemos conciencia de todo el dolor que sentimos, de toda la rabia acumulada y que nos pongamos en paz con este incidente. Solo así, la creencia podrá ser cambiada.

Cuando tenemos baja autoestima, según Lefkoe, creamos estrategias de sobrevivencia. En el caso de Enrique, su estrategia fue hacer y hacer para sentirse que vale. Otras personas crean un ego gigantesco para mostrarle al resto cuán importantes son. Otros, más bien buscan agradar y tener muchos amigos para así compensar su vacío. En otras palabras son esclavos de su baja estima.

Cuentan que una persona soñó que se cruzaba con un monje y este le entregaba un diamante invalorable. Al día siguiente la persona se cruzó con el monje de su sueño y le dijo: “Tú tienes algo que me pertenece”. El monje sacó un diamante y se lo entrega en la mano. El hombre se sentía muy afortunado, pero cuando quiso descansar no pudo dormir. Al día siguiente buscó al monje y le devolvió el diamante y le dijo: “He venido para que me des aquella riqueza que te permite desprenderte del diamante con tanta facilidad”.

El diamante en esta historia es todo lo que el ego busca, fama, aceptación, reconocimiento, entre otros. La persona con autoestima no necesita el poder externo porque ya se siente completo interiormente.

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