domingo, 12 de septiembre de 2010

Un futuro con sabor a Google

Jeff Jarvis imagina cómo sería vivir al estilo del buscador
Por: ROSA JIMÉNEZ CANO
Jeff Jarvis (EE UU, 1954), periodista y profesor de la Universidad de Nueva York, da un golpe de efecto y multiplica los comentarios de su blog en cada post. Devolver su iPad a los pocos días de uso por no encontrarle la utilidad que prometía no solo generó polémica, sino también reflexión.
Cada vaticinio o análisis de este gurú tecnológico viene cargado de ruido, buzz en la jerga de Internet. De hecho, su blog -con una antigua rotativa en la cabecera- lleva por título BuzzMachine (http://www.buzzmachine.com/).
Google presentó Instant, una mejora en el buscador que arroja los resultados mientras se escribe, sin necesidad de dar a ningún botón. Según se teclea, aparecen debajo las páginas sugeridas. Este cambio, que ahorra entre dos y cinco segundos por búsqueda, significa un cambio radical en el mercado del posicionamiento web. Así, el precio de cada palabra en las búsquedas patrocinadas cambia por completo. Cobra un nuevo valor todavía por definir.
Dos años antes de que se crease esta tecnología, Jarvis ya hablaba de ello como una posible acción de futuro que cambiaría el mundo del posicionamiento en buscadores. Su libro se mantiene en esta misma línea. Entre la sorpresa, unos argumentos que parecen ficción y la admiración por la capacidad visionaria del autor. Bajo el lema Hagas lo que hagas, Google lo acabará haciendo mejor que tú, y además gratis. ¿Estarás preparado? el autor va desgranando la manera en que Google ha cambiado muchos negocios y cómo lo haría con los que aún no ha tocado.
Un ejemplo de cambio en el que Google ha tenido y no ha tenido que ver son los anuncios clasificados. Craig Newmark creó Craiglist (http:/www.craiglist.org), algo parecido a un tablón de anuncios virtual en el que cada cual pone lo que necesita u ofrece, ya sea un piso, una bicicleta o un servicio. Con tablones por ciudades y temas, Craiglist -salvo de manera excepcional- no cobra por anunciarse o usar el servicio. Podría haber sido un servicio más en la web. El hecho excepcional, el origen de su gran éxito, está en que gracias a Google se llegaba antes a este servicio y resolvía mejor las necesidades.
¿Dónde ha ido a parar todo el dinero que movían estos anuncios? Seguramente a las arcas de Google y sus búsquedas patrocinadas. La cuestión es que, desde entonces, los anuncios clasificados han cambiado para siempre.
Como periodista, Jarvis tampoco se olvida del futuro de los medios, aunque a su manera: "Soy optimista: en 2020 tendremos más periodismo, más información y más apertura. No lo tendremos si mantenemos la idea de que las noticias pueden o deben pertenecer a una organización o si nos definimos a nosotros mismos por un único medio".
Una de las claves del libro es el gusto, casi gozo, por airear y mostrar los errores. Por evidenciar que el camino aún está por asfaltar. Google, con filosofía beta, como se denomina en el mundo web a las versiones preliminares, ha creado un buen precedente. Si algo no funciona, no hace falta pedir disculpas; la etiqueta beta significa que se está en proceso de creación, pero también de mejora. Así es como el buscador creó su servicio de correo (GMail), los mapas, o las búsquedas en diferentes idiomas. Las correcciones y sugerencias de los usuarios sirven para mejorar el resultado final, y hasta se premia con invitaciones a servicio premium a los cazadores de errores. Las frecuentes caídas de Twitter en sus inicios o sus deficientes traducciones se justifican al ser hechas por un colectivo que no espera nada más que reconocimiento a cambio de su aportación.
Jarvis presenta hasta 40 principios como este para entender la manera en que Google hace negocios. El escritor los repite como un mantra:
- Toma caminos alternativos.
- Acumula usuarios, no dinero.
- Dedícate a lo que hagas mejor y toma de otros el resto...
Tirando de imaginación, Jarvis juega a diseñar una posible universidad dirigida por Google, o una entidad bancaria creada según estos criterios, un periódico, una compañía de transportes, una central eléctrica o un coche...
Hace falta una buena ración de crédito para leer, por los argumentos expuestos por el autor, sin indignarse o emocionarse, hasta llegar al final. Tras su lectura, el libro apasionará a los entusiastas del gigante de las búsquedas. La falta de una explicación sobre los negocios que se quedan en el camino inquietará a los más escépticos. En cualquier caso, conviene tenerlo a mano y comprobar cuántas de sus providencias se van cumpliendo.
Fuente: Negocios/El País

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