lunes, 6 de septiembre de 2010

Llega a ser lo que eres, 'The Blind Side'

Basado en una historia real, esta película ofrece una interesante reflexión sobre el 'efecto Pigmalión' en la gestión de personas.
A través del ejemplo de Big Mike queda patente que se puede cambiar y mejorar. Con mucho esfuerzo, tesón y apoyo sus potencialidades van convirtiéndose en actualidades, porque su vida ha adquirido un argumento algo que a menudo falta en las nuestras y sin lo cual vivir se convierte en tarea bien penosa y profundamente desorientadora.
The Blind Side, la película por la que este año Sandra Bullock se llevó el Óscar a la mejor interpretación femenina, está basada en la vida de Michel Oher. Apodado Big Mike por su corpulencia, es un adolescente negro nacido en un gueto marginal de Memphis: hijo de una madre drogadicta, carece de padre y tiene un sinfín de hermanos aquí y allá que tampoco conoce. Sin familia y arraigo, su vida hasta ahora ha sido un deambular por diversas instituciones de acogida.
Aparte de su torpeza física mencionada, tampoco parece que mentalmente posea especiales aptitudes. Su cociente intelectual es de 80 –francamente bajo– y sus destrezas para el estudio y aprendizaje escolar se encuadran, siempre según los test, en el 5% inferior.
Curiosamente, a cambio, hay un rasgo de su personalidad que destaca muy por encima de la media: posee un elevado instinto de protección de aquellos seres queridos que ve en peligro. No parece así a priori que con este bagaje Big Mike pudiera conseguir nada en esta vida: al menos eso afirman –y firman– los psicólogos.
Sin embargo, la vida no es en última instancia psicología –un error muy extendido de funestas consecuencias– ni tampoco algo que se nos da prefijado de antemano. Bien al contrario, es algo que tenemos que hacer a diferencia de la vida animal. Por eso la vida nos da mucho quehacer y vivir supone en cierto sentido desvivivirse.
Volvamos a Big Mike. Su frágil y hermética personalidad y su vivir –más bien sinvivir– se cruzan con la sorprendente figura real de la decoradora y dueña de una cadena de restaurantes Leigh Touhy (Sandra Bullock), que lo acoge en su casa y se hace cargo, junto a su marido y sus dos hijos, de nuestro protagonista. Y ahí se produce un giro bien singular, dando pie a nuevas trayectorias inimaginadas en la vida del gigante adolescente.
El 'efecto Pigmalión' y sus consecuenciasLa acción benéfica de Leigh Touhy no termina en la mera compasión estática, sino que se introduce en el management puro. Piensa que su nuevo hijo adoptivo sí puede aprobar su curso escolar contra todos los pronósticos pedagógicos.
Sus expectativas sobre Big Mike rebasan las que posee el resto, que ya vimos que cotizaban a la baja. Y toda la película será una puesta en escena de lo que se conoce como efecto Pigmalión mediante el cual las expectativas que un profesor o jefe tiene sobre sus alumnos o colaboradores influyen decisivamente sobre el rendimiento positivo –o negativo– de éstos, como se desprendió del famoso experimento de Rosenthal.
La proyección positiva de Sandra Bullock –todo un personaje– sobre las potencialidades de su nuevo hijo, hace que, no sin dificultades, avances y retrocesos, Big Mike vaya superando las diversas asignaturas con aprobados raspados, con la ayuda de un personaje clave: su exigente –y paciente– profesora particular, que actúa en consonancia con la madre en cuestión.
Lo mejor de este chaval va saliendo a la superficie y lo que es más importante: se descubre como persona –esto es, como un quién y no ya como un qué– con todo lo que ello tiene de enriquecedor, pero también de responsabilidad. Sus potencialidades van convirtiéndose en actualidades, porque su vida ha adquirido un argumento algo que a menudo falta en las nuestras y sin lo cual vivir se convierte en tarea bien penosa y profundamente desorientadora. Me temo que en nuestras empresas hay, sí, carreras profesionales pero no argumentos vitales, y eso explicaría algunas cosas del malestar imperante.
Sin embargo, como buena manager, la señora Touhy no se conforma con eso. Piensa que su hijo es capaz de llegar a ser jugador de rugby. Otra vez las evidencias parecen indicar que es un objetivo desmesurado: Big Mike tiene problemas de coordinación motora –pesa 140 kilos y mide 1,93 metros– y le cuesta entender las estrategias del juego, muy complejas para su cabeza. Además carece, recordemos, de la agresividad necesaria que implica este deporte.
Pero su madre adoptiva y su entorno no se rinden: siguen proyectando expectativas de éxito que hace que nuestro protagonista las vaya alcanzado contra todo pronóstico. Otra vez más el efecto Pigmalión eficazmente gestionado.
En la actualidad Michel Oher es jugador titular de los Baltimore Ravens, ni más ni menos. Y ello gracias a la gestión eficaz de las expectativas y rendimiento de la decoradora-empresaria Leigh Touhy. Como si conociera perfectamente aquella advertencia de Píndaro tan paradójica y enigmática en apariencia:
"Llega a ser lo que eres". Pero tan fructífera cuando nos aplicamos a ello.
Por: Ignacio García de Leániz Caprile, profesor Comportamiento Humano en la Empresa
Fuente: Expansión y Empleo

No hay comentarios:

Publicar un comentario