sábado, 11 de septiembre de 2010

Las ventajas del coaching y las posibilidades del auto-entrenamiento

El coaching es un modelo que tiene la finalidad de desarrollar el potencial de las personas, de forma metódica, estructurada y eficaz, centrándose en las posibilidades del futuro. Es preciso conocer cuáles son los elementos fundamentales y cómo utilizarlos para lograr mayor efectividad.

El entrenamiento psicológico, coaching, como cualquier otro entrenamiento, se hace para lograr, alcanzar, conquistar, resolver, o solucionar, un objetivo muy concreto. Desde nuestra forma de entender este tema, el proceso de lograr un objetivo puede ser, al mismo tiempo, una forma de aprender un método que permitirá al que hoy es entrenado pasar a ser su propio entrenador, hacer Auto Entrenamiento o Auto Entrenamiento Psicológico, para lograr cada vez que lo use, un mayor desarrollo personal. Por este motivo explicaremos sintéticamente, el método que nosotros usamos.

Primera etapa: la concentración.

Lo más importante es la delimitación clara y precisa del objetivo a conseguir. Esto no es fácil en el coaching, porque toda dificultad que se plantea en el ámbito psicológico suele estar mezclada con otras dificultades no resueltas anteriormente. La primera tarea, entonces, es "separar la paja del trigo". Este ejemplo no es casual, lo más difícil, si lo descomponemos en sus elementos constituyentes, aparece extraordinariamente parecido a lo más fácil. Lo más fácil es comparar todo nuestro funcionamiento, incluido el psíquico, al funcionamiento de la naturaleza, entendiendo que nosotros mismos, cada persona, es el mejor, o el más comprensible, modelo de la naturaleza.

Desde este punto de vista, el hecho de que un objetivo aparezca muy mezclado con otros no nos debe sorprender ni preocupar. Es natural. Saberlo y tenerlo en cuenta ayuda. La mezcla, la confusión, el caos, están, siempre, en el principio de cualquier proceso creativo, como el de intentar un determinado logro de objetivos, por ejemplo. Parece una repetición continua de lo que conocemos como el origen del universo, y nosotros somos un micro universo, por lo que es bastante lógico que, al comenzar una tarea, nos encontremos con todo mezclado, en confusión.

Resulta curioso deducir que de aquella tremenda energía que generó el universo, teniendo en cuenta que la energía puede transformarse, pero no desaparecer, nuestro deseo es el heredero indiscutible. En nosotros, como representantes individualizados de toda nuestra especie. Nuestro deseo es el combustible necesario para cualquier tarea. Por lo tanto lo utilizaremos para organizarnos, por orden de prioridades naturalmente lógicas.

Nos aseguraremos que el objetivo que elegimos esté perfectamente sustentado, que cuente con los recursos básicos y que sea, necesariamente, el próximo paso que debemos dar, en el área que hayamos elegido, en nuestra área personal, familiar, profesional, o en cualquier otra. En ese momento es cuando podemos dirigir todo nuestro deseo a una sola zona muy bien delimitada, así es como se concentra, se centra en un solo punto, en lo que tenemos que hacer primero.

Segunda etapa: la memoria.

Cuando revisamos nuestros recursos aparece uno que es como un iceberg, muestra apenas una parte de toda su dimensión, es el impulso evolutivo. Es una fuerza que está en nosotros, viene de antes y seguirá estando después que nos hayamos ido. Este impulso evolutivo esta en nuestra memoria, la consciente, la inconsciente, la personal y la colectiva. Nos produce un cierto estremecimiento este hecho, pero también un gran entusiasmo, porque es fácilmente reconocible que, después del encuentro amoroso entre nuestros padres, el que nos dio vida, nosotros comenzamos a ser nosotros, y no tenemos más remedio que reconocer que nuestra conciencia no tuvo ningún papel en nuestro desarrollo hasta nacer. Como tampoco la tiene actualmente cuando dormimos y nuestro organismo se mantiene activo. El impulso evolutivo nos ha dotado con mecanismos no conscientes que se hacen cargo de más funciones que la propia conciencia. Pero no son ajenos a nosotros. Son una parte nuestra, casi desconocida, pero nuestra.

La memoria, por ejemplo, almacena no sólo todos los detalles, hasta el más ínfimo, de todo lo que hemos vivido, sino también todo lo aprendido por nuestra especie desde su existencia. Esto significa que si conseguimos organizar un intercambio consciente entre nuestras dos partes, nuestra fuerza se multiplica, no sabemos por cuánto, suponemos que no hay más límites que nuestra propia ignorancia. Por lo que vemos que el reconocimiento de la dualidad, consciente / no-consciente, y la intención de integrarla hace que el logro de nuestro objetivo se vea con mayor seguridad y confianza.

Tercera etapa: la imaginación.

Aquí conviene detenerse un momento y reflexionar. Hemos descubierto fuerzas que no sabíamos que estaban y siempre estuvieron ahí. Es más, dijimos que nos utilizaríamos como modelos de la naturaleza y, como sabemos que todo interactúa y se asemeja, vemos que esa dualidad que está en nosotros, una parte claramente visible y otra más oscura, es la misma que el día y la noche, el verano y el invierno, la infancia y la vejez, la vida y la muerte. Todo rueda por ciclos. Lo importante es incorporar esto a la conciencia y ampliarla, lo más posible, paciente, pero constantemente.

Nuestros sentidos nos informan, la traducción de esa información debe ser lo más certera posible. Nuestros sentidos más habituales de percepción son cinco, pero la combinatoria matemática de 5 da 120, nada menos que ciento veinte combinaciones posibles de percepción. A estas habría que sumarle las emociones, las sensaciones y los recuerdos. Es evidente que ajustar al máximo la información que nuestros sentidos nos proporcionan, nos permite profundizar la comprensión de las personas, las situaciones y las cosas. Lo que, a su vez, nos permite visualizar nuestro objetivo con mayor cantidad de detalles.

A veces hablamos de la imaginación como si habláramos de una maquinita de orquestar fantasías inalcanzables. Imaginar es pensar en imágenes, ver con la mente. Al hacernos una imagen de lo que queremos alcanzar, nuestro objetivo, podemos ajustar detalles con más precisión. Y es evidente que cuanto más clara y detallada tengamos la meta, más fácil llegaremos.

Cuarta etapa: la clasificación.

Todo lo que percibimos y lo que interpretamos de lo percibido y lo que pensamos sobre lo percibido, lo clasificamos en nuestra memoria de acuerdo a criterios y sistemas que utilizamos, posiblemente, desde la adolescencia, a veces desde la infancia. En cualquier caso es seguro que nuestro sistema de ideas es anterior a la decisión que hemos tomado, la de lograr un determinado objetivo. Esto complica nuestro funcionamiento. Porque cuando se inicia un proceso que desembocará en un mayor desarrollo personal, que es lo que siempre sucede cuando se logra un objetivo deseado, tenemos que revisar todo el sistema de ideas anterior, el que no incluía la decisión tomada. Una especie de "limpieza de primavera". De actualización.

Esto es necesario porque a través de nuestra historia hemos clasificado gran cantidad de información que aparece cargada de sentimientos y emociones que tuvieron su sentido en aquél momento, pero en el actual no. Hubo cambios en nuestra relación con nosotros mismos y con el entorno, por lo que inevitablemente debemos actualizar nuestro sistema ideario, nuestros modelos de pensar. Especialmente en el ámbito que atañe a nuestra tarea, la tarea es la que nos marca la dirección a seguir y sus necesidades logísticas.

Somos, simultáneamente, el instrumento de producción de nuestro objetivo y el campo de acción donde opera este instrumento. Estamos en un modelo de producción de cambios. Cambios en nosotros, en nuestras circunstancias y en nuestra forma de producir el producto privilegiado por nuestro deseo. Por eso es más que conveniente que observemos detenidamente la coincidencia, o el desvío, de nuestro accionar con relación a nuestra forma de clasificar, en nuestra memoria, que es nuestro archivo o fichero, las nuevas asociaciones de ideas, sentimientos y emociones, ya que son el material con el que trabajamos para el logro de nuestro objetivo.

Quinta etapa: la intuición.

Si le prestamos atención a nuestro lenguaje, veremos que después de pasar por las anteriores etapas, reclama un ajuste, esto es porque nuestro lenguaje refleja el estado actual de nuestra conciencia. A mayor conciencia, mayor posibilidad de acción. Nuestra mente incorpora, asocia y clasifica la información de la realidad externa, mezclándola con la que ya tenemos acumulada en nuestra memoria individual y colectiva. De esta mezcla surgen nuevas formas de percepción.

Como la intuición, que proviene de la limitación de un campo de atención, de la concentración en él, de la incorporación de los recuerdos ilustrativos, del buen uso de la imaginación creativa y de la clasificación correcta de todo el material conseguido. Si a este conjunto le agregamos la posibilidad de acceder a una comunicación directa con nuestra parte genérica, inconsciente, que es la que sigue el impulso evolutivo, llegamos a la intuición.

La comunicación entre lo que somos y lo que fue el desarrollo de toda nuestra especie, camino que está inscripto en nuestra memoria histórica y también en nuestros genes, es la intuición. La voz de la experiencia. Casi 8 millones de años de experiencia acumulada y registrada detalladamente. Cuando conseguimos oír esa voz, intuimos. Así es la intuición, surge como "una percepción interna y fugaz de una idea o una verdad que aparece como indudable a quien la tiene". Es la voz de la experiencia, no duda.

Sexta etapa: el cambio.

Cuando aprendemos algo de nosotros mismos ya no podemos volver atrás, nos encontramos en una situación distinta. Somos distintos. Hemos cambiado en lo que más nos interesa actualmente, en la forma de percibirnos con relación a nuestro objetivo principal. El cambio es interno y determina nuestra percepción de lo externo, nos da la seguridad de que nuestro conocimiento comienza por muy poco y se va ampliando, en la medida que utilicemos, atenta y conscientemente alertas, a estos cinco principios activos que constituyen a este modelo de producción que estamos comenzando a utilizar.

Sabemos que si alimentamos a nuestra mente con percepciones bien definidas y verificadas, haciendo uso de toda la memoria colectiva, de la más libre imaginación creadora y nos aseguramos de clasificar todo correctamente, nos beneficiaremos con la enseñanza interna de la intuición. Ésta nos indica el cambio más importante que se da en nuestros modelos de pensamiento, para conseguir algo no tenemos que estar en contra de nada más que de nuestra propia ignorancia sobre algunos aspectos del tema que nos ocupa.

Al conectarnos con nuestras nuevas fuerzas auxiliares, que son totalmente auténticas, las que están en nuestra parte inconsciente, hemos logrado la visualización de una fuente energética inconmensurable. Con calma y desde una voluntad de integración total, viendo que la mayoría de los obstáculos que suponíamos entre nosotros y nuestro objetivo no eran tan grandes como nuestro desconocimiento sobre ellos, podemos utilizar una forma de cooperación, induciendo a nuestro inconsciente a que elabore respuestas para preguntas concretas. Es algo muy similar al proceso de siembra, una sola semilla por vez, equivalente a cada pregunta, y esperar a su cosecha, la respuesta. El tiempo es subjetivo.

Séptima etapa: los logros.

Esta etapa, la verdadera, tendría que describirla cada uno de los que hayan llegado hasta aquí. El conocimiento de los logros es individual, existe una ley de crecimientos desparejos y distintos, que ratifica la particularidad de cada uno, debemos poner en primer plano a nuestro objetivo y, desde él, podremos evaluarnos y analizar los logros. Que quede muy claro que no hemos buscado, ni encontrado, ningún elemento extraño a la naturaleza de las personas. Más bien nos detuvimos en los elementos que conforman esta naturaleza y descubrimos que el lenguaje cotidiano y el pensamiento usual que lo acompaña, tienden a restarle importancia a casi todos los instrumentos y sistemas que las personas traemos desde nuestro nacimiento y que son el producto de más de 8 millones de años de evolución.

Esta tendencia tan negativa y poco enriquecedora está motivada por la inercia, la propiedad de los cuerpos, en este caso de los cerebros, de no modificar su estado de reposo o de movimiento, si no es por la acción de una fuerza, que puede romper lo no creativo, la inmovilidad, o el movimiento sin dirección predeterminada, esta fuerza es nuestro deseo, en acción, transformado en voluntad. Ese es el poder definidor. Rota la inercia, con cada logro de un objetivo, aprendemos más de nosotros mismos y de nuestras posibilidades, lo que nos permitirá afrontar el siguiente objetivo con mayor eficacia. Un punto de llegada es, al mismo tiempo, el inicio de un nuevo ciclo. Indefinidamente. Como la vida misma.

Fuente: http://www.navactiva.com/es/documentacion/las-ventajas-del-coaching-entrenamiento-psicologico-y-las-posib_21451

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