jueves, 16 de septiembre de 2010

La I+D empieza en uno mismo: de la persona al profesional


Por: Esteban J. Larreta

La Innovación ha de ser el espaldarazo definitivo que ponga al Capital Humano donde le corresponde: el centro de la empresa. Todo ese esfuerzo sólo será posible si se concibe la empresa como un ser vivo que se encuentra en constante evolución y donde la Innovación Técnica debe tener una repercusión transversal.

Soy de la idea de que cuando en el entorno empresarial se maneja el concepto de Innovación, tendemos a olvidarnos de una parte o un aspecto que para mí es fundamental y es La Persona. Yo concibo la Innovación y su buena gestión cuando esta empieza por uno mismo.

Hasta hoy la Innovación ha sido casi exclusivamente un ámbito o un campo de trabajo y análisis para ingenieros y técnicos. Pero yo al menos entiendo y defiendo que la mayoría de los "factores clave" que intervienen en el éxito de una empresa que apuesta por la Innovación pasa por su Capital Humano. Esto quiere decir ni más ni menos que la gestión del conocimiento y del talento se deben convertir en herramientas que generen valor añadido a la empresa. Hablo del trabajo colaborativo y, como Coach, de un Estilo de Liderazgo Emprendedor, que, en mi opinión, deberá estar basado en gran medida en el ejemplo. Estoy convencido, además, de que hay que Innovar, de que hay que crear una nueva Cultura Empresarial donde el I+D+i en Personas lidere el cambio, el proceso de transición o, directamente, las diferentes estrategias empresariales y los modelos de negocio relacionados con la Innovación.

Todo ese esfuerzo sólo será posible si se concibe la empresa como un ser vivo que se encuentra en constante evolución y donde la Innovación Técnica debe tener una repercusión transversal y todos esos cambios, todas esas repercusiones, tendrán que incidir necesariamente en las funciones y los procesos que lleve a cabo el departamento o área especializada en Recursos Humanos de la empresa. La Innovación es necesaria y cada día cobra más fuerza, pero sin un control ni una buena gestión no sólo no beneficia a la empresa sino que puede perjudicarla gravemente. Para que esto no suceda, la Innovación ha de conceder protagonismo a las personas, a sus ideas, capacidades y compromisos, ha de estar, en definitiva, al servicio de esta nueva cultura empresarial.
Creer en la persona

Desde hace unos cuantos años se defiende la teoría de que han de ser los Recursos Humanos los que creen un nuevo concepto de empresa más humana, más cercana,. Pues bien, desde las disciplinas de Desarrollo Organizativo (D.O.) más vanguardistas se habla o, mejor dicho, se interpela directamente al empresario a que base el cambio que debe introducir en su organización en las personas: que la persona sea el facilitador del cambio. Si la empresa ha de estar en constante evolución y gran parte de su éxito depende de su capacidad de adaptación a nuevos entornos a nuevos escenarios, ¿no cree que merece la pena hacer un esfuerzo por Innovar en Personas? ¿Por aprender nuevos modelos de gestión personales empezando por uno mismo? Es tan sólo mi opinión, y como tal puede ser errónea, pero intuyo que la Innovación ha de ser el espaldarazo definitivo a la hora de poner a los Recursos Humanos o al Capital Humano de la empresa en el lugar que le corresponde: un lugar primordial, del que llevamos hablando desde finales de los años setenta y que, por unos motivos u otros, nunca llega.

En definitiva, hay que fomentar y creer en la potencialidad de las personas con las que trabajamos. Precisamente, en esa situación, el “coaching” se plantea como el mejor aliado del gestor. Un sistema que, en mi caso, no sólo cuenta con el certificado de la International Coach Federation, ICF, sino que además presenta una serie de características que lo hacen único ya que aseguro un servicio absolutamente personalizado, exclusivo, de persona a persona, y que garantiza total dedicación y confidencialidad al usuario.

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