domingo, 5 de septiembre de 2010

Juegos de poder: Cómo cambiar las reglas

Por: Mercedes Costa
En el trabajo, en la familia, con nuestra pareja, con los amigos, en las juntas de la comunidad de vecinos, en la cola del mercado cuando alguien deja de respetar el turno, en los debates televisados de los candidatos a la presidencia del país…… en definitiva en todas las relaciones de los humanos con otros humanos se establecen, para bien o para mal, juegos de poder a los que no podemos dejar de jugar.
Así es, no podemos dejar de jugar porque es imposible una relación en la que los implicados no se influyan mutuamente y es, igualmente imposible, que esa influencia mutua se reparta al cincuenta por ciento, respetando un perfecto equilibrio entre los jugadores. Por todo esto, el reto es jugar y salir bien parado.
En el Centro de Negociación y Mediación del I. E. hemos estudiado las distintas formas que adoptan las relaciones de poder y qué nos jugamos en cada una de ellas.
Hemos estudiado las situaciones en las que los desequilibrios de poder son pequeños y la relación se asemeja a una negociación cooperativa, y también aquellas situaciones en las que la asimetría en tan grande que pareciera imposible jugar a otra cosa que no fuera el sometimiento a los dictados del más poderoso.
En este artículo vamos a centrarnos, precisamente, en esos “juegos imposibles” en los que uno de los jugadores parte con tal ventaja, que para el otro parece quedar sólo una opción: acatar las reglas que se le imponen.
Y es que entre los humanos se da una tendencia a asumir de forma automática la identidad que nos propone el “poderoso”, entrando así en una espiral de “dominio-sometimiento” que se perpetúa y agranda progresivamente las diferencias.
En efecto, sea cual sea el tipo de relación al que estemos jugando, casi todos nos “identificamos” con el papel del “débil” o el “sometido”, cuando las condiciones nos son desfavorables en nuestro encuentro con otro (el jefe, el negociador poderoso, el líder, el experto, el fuerte…).
Sin embargo, hay grandes diferencias individuales: Hay quien, a pesar de las dificultades, adopta una identidad fuerte y apuesta firmemente por sus propios recursos para alcanzar lo que quiere en sus relaciones con los demás. Hay quien, por el contrario, a la más mínima señal de oposición o enfrentamiento por parte del otro jugador, se rinde incondicionalmente y acepta sumisamente lo que se le impone.
A continuación, vamos a aportar las claves para ampliar nuestros márgenes de acción y salir bien parados, incluso en aquéllas situaciones en las que, a priori, diríamos que lo tenemos todo perdido.
En estas situaciones, las escasas probabilidades de no rendirse y someterse frente a un gran desequilibrio de poder, sólo se harán efectivas y se incrementarán, haciendo uso de recursos de alta eficacia que neutralicen los efectos de ese poder inicial, como los que proponemos a continuación:
1►Ante el impacto al comprobar que somos la parte débil del juego de poder, debemos ——————————————-Ejercer un control emocional inmediato y eficiente. Esto se puede conseguir a través de recursos como la relajación respiratoria, la ralentización o demora de la respuesta y la reflexión para recordar cuál es nuestro objetivo.
2►Ante la tendencia natural a “someterse” frente a un poder incuestionable (“el otro es poderoso, luego yo debo ser sumiso”) debemos ———————————— No reaccionar. Esta tendencia podemos controlarla actuando del siguiente modo: disminuyendo ante el otro las señales de sometimiento, revisando el análisis que, de forma automática, hemos hecho de la situación, y dejándose aconsejar por otros.
3►Ante la “trampa” del rol de víctima, debemos———– Mantener un planteamiento de resolución de problemas, Esta actitud podemos conseguirla manteniendo el control emocional, dejando de pensar y de hablar acerca de lo negativo de nuestra situación, no centrando nuestra atención en juzgar al otro, y preguntándonos por las acciones que podemos emprender para contribuir al logro de nuestro objetivo.
4►Ante el riesgo de alcanzar conclusiones prematuras y sesgadas, debemos ——————– Hacernos con toda la información pertinente para, así, evaluar mejor la situación particular (única) en que uno se encuentra. Esto lo haremos por medio de la indagación, la observación, la reflexión y la escucha.
5►Ante el reflejo de mostrar señales de debilidad y sometimiento ante el otro, debemos—————- utilizar en la comunicación “señales de autoafimación“, inesperadas para el más poderoso, que van influyendo en él y van cambiando el reparto de poder establecido en un principio. Estas “señales de autoafirmación” son posibles gracias a recursos comunicativos como los siguientes.
.- Responder con frases breves, directas y sin palabras o elementos no verbales que supongan sometimiento (por favor, le suplico, le ruego, titubeos, volumen de voz, miradas, etc…)
.- Legitimar al interlocutor como tal, no como un superior; con preguntas, sin insultos, sin valoraciones, sin interrupciones ni otros elementos no verbales que desautoricen.
.- Expresar de forma directa los propios deseos, poner condiciones y aportar información pertinente, sin que el otro la pida.
.- Negarse explicita y directamente a peticiones, órdenes o condiciones que el otro trate de imponernos, tanto verbalmente como a través de otras acciones.
.- Reiterar la línea de acción escogida hasta comprobar su eficacia de cara al logro del objetivo que se pretende.
6► Ajustar el grado de autoafirmación a lo requerido, en cada momento, por las condiciones, tanto comunicativas como objetivas que la situación presente. De esta forma, lograremos equilibrar el juego de poder sin hacer un uso abusivo del mismo (el abuso de poder supondría que habríamos arrebatado el poder al otro para jugar nosotros su papel).
Estas 6 caves constituyen un “plan de acción para cambiar las reglas en los juegos de poder”. En este plan, cada paso es requisito indispensable para el siguiente, de forma que sólo podremos hacer uso de los recursos más complejos citados en los puntos finales, si hemos superado con éxito las etapas previas.

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