domingo, 5 de septiembre de 2010

Implicancias del “Factor Z” para aprender, emprender, innovar y liderar

Los emprendimientos exitosos están basados en emprendedores excelentes. Si bien no es requisito poseer dotes personales excepcionales, es importante que tengan rasgos de comportamiento apropiadamente madurados y una capacidad bien desarrollada para desempeñarse socialmente.
conceptos operacionales pertinentes tanto para emprendedores creadores de empresas como para cualquier persona que ejerza una tarea profesional por cuenta propia, o como empleado.
En contraste con los aspectos básicos de la personalidad, que a menudo son muy difíciles de cambiar, las competencias sociales puede ser fácilmente mejoradas mediante el aprendizaje y la práctica de sus aspectos claves:
1) gestión de redes de relaciones sociales,
2) comunicación asertiva,
3) adaptabilidad,
4) la empatía,
5) la percepción social y
6) la adopción de una razonable (racional) cuota de audacia para entablar y desarrollar relaciones sociales y profesionales.
Tales prácticas deben estar integradas transversalmente en los programas de formación de todos los niveles educacionales (escolares, medios, superiores y de perfeccionamiento profesional), con contenidos adaptados a los entornos socioculturales regionales donde se habrán de desempeñar los alumnos.
Aún con ideas bien fundamentadas, estrategias bien planificadas, con buena competencia técnica y alta motivación, gran cantidad de emprendimientos fracasan por falta de competencia social por parte de sus emprendedores.
No existe posibilidad alguna de mantener un negocio sin las habilidades necesarias para negociar tomando ventajas, para poder persuadir a los demás para que se comporten en beneficio del proyecto (por ejemplo proporcionando el capital financiero), o para poder motivar a los clientes para que compren.
Comportamientos antipáticos o inadptados al contexto sociocultural provocan irritación en las personas de quienes se espera precisamente lo contrario hacia el propio emprendimiento. La “impresión interpersonal” que genera el propio emprendedor y sus empleados es un factor decisorio de la calidad (frecuencia e intensidad) de las relaciones que se establecen entre el emprendimiento y su mercado.
En vista de estas consideraciones, parece razonable sugerir que los esfuerzos para “armar socialmente” a los empresarios y profesionales podría ayudar a reducir los riesgos de fracaso. Más aún: desarrollar, fortalecer e incrementar la competencia de las “habilidades sociales” de profesionales y empresarios contribuye, además con su éxito, con la fortaleza del tejido productivo regional.
Cuando a Albert Eistein se le pidió que describa las condiciones necesarias para tener “una vida feliz”, respondió con la siguiente ecuación: “Si una vida feliz es igual a “A”, entonces A = x + y + z, donde x = trabajo, y = juego, y z = mantener la boca cerrada”.
Distintas observaciones complementarias a este “modelo” indicaron que el término “z (mantener la boca cerrada)”, se refería a determinados aspectos de la competencia social.
En efecto, el “factor z” puede ser uno de los principales recursos para tener éxito; porque en la medida en que nos apliquemos el “factor z” tendremos mayores oportunidades de escuchar lo que la gente quiere de nosotros.
Fuente: http://www.mariodehter.com/ , Mario Dehter CEO Blog

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