miércoles, 8 de septiembre de 2010

Decidir sin prisa pero sin pausa

Las mejores decisiones se toman después de un proceso de documentación y deliberación. Sin embargo, no siempre se dispone del tiempo necesario para despachar sin urgencia los asuntos. ¿Qué se puede hacer ante esta situación?

El fuerte ritmo que marca el mercado obliga muchas veces a decidir asuntos en plazos de tiempo muy reducidos. Establecer acuerdos importantes implica su tiempo y esfuerzo. Precipitarse excesivamente puede llevar a adoptar una decisión errónea o poco aconsejable.

Antes de equivocarse, conviene determinar la persona responsable de tomar esa decisión. Puede que esa tarea no pertenezca a la persona inicialmente designada, bien porque sea responsabilidad de un cargo superior, bien porque deba ser delegada a un mando inferior.

Asegurar el acierto de las decisiones tomadas pasa por recopilar con antelación la información necesaria para poder elegir. De esta manera se pueden definir cuáles son las diferentes vías de actuación y cuál de ellas es la mejor.

Asimismo, será necesario consultar previamente a personas expertas en esos temas. Convocar una reunión con las personas más adecuadas puede facilitar y agilizar la recogida de opiniones y sugerencias.

Solicitar la opinión del personal implicado en la decisión también puede servir como estímulo para esas y esos profesionales y como refuerzo de su identificación con los valores de la empresa.

No obstante, es necesario no pedir su consejo en el último momento, ya que para conseguir posturas a favor será necesario que den sus opiniones de una manera meditada. De otra manera, los acuerdos no serán consensuados, lo que puede crear posturas encontradas.

Sin embargo, y aunque no es lo recomendable, es posible tomar decisiones acertadas en pocas horas. En estas ocasiones, se hace más complicada la recopilación de información y surge la necesidad de pensar con rapidez.

La presión del tiempo puede causar una excesiva precipitación o temor y hacer que se tomen decisiones equivocadas. En el caso de que el tiempo disponible sea muy escaso, es preferible retrasar la toma de la decisióna asumir posturas equivocadas.

Para poder decidir acertadamente en un tiempo limitado, hay que:

· Fijar previamente el objetivo que se quiere conseguir. Teniendo clara esa meta se podrán clarificar las opciones que se podrán tomar, sin perder el tiempo en otros supuestos.

· En estos casos, el proceso de recogida de información no puede dilatarse excesivamente, ya que no se dispone de mucho tiempo. Lo mejor será definir previamente los datos que se necesitan y fijar un plazo máximo para su recopilación. Los demás detalles e informes serán secundarios en ese momento.

· Consultar, aunque sea precipitadamente, la opinión de otras personas, sobre todo si la decisión les va a afectar directamente. Probablemente, la premura en la toma de la decisión hará que muchas de estas consultas se tengan que hacer por teléfono, ante la imposibilidad de reunir físicamente a todas las personas interesadas.

· Anotar las diferentes opciones y hacer una pequeña evaluación de los riesgos y ventajas de cada una servirá para seleccionar o, por el contrario, descartar posibilidades.

· Cuando finalmente se haya seleccionado un número pequeño de opciones, preguntarse cuál de ellas, si no se toma, producirá arrepentimiento en el futuro servirá para encaminar la decisión final.

El último paso después de tomar una decisión es comunicarla a la plantilla y, en especial, a las personas o empresas que directamente van a sentirse afectadas. En cualquier caso, es preciso asegurar que la decisión es mayoritariamente aceptada y acatada, presentando la postura que se adoptado como la más correcta y justificándola de la mejor forma.

Fuente: www.navactiva.com

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