jueves, 2 de septiembre de 2010

Critíqueme por favor

En las ciencias, las preguntas suelen tener una respuesta concreta como "cinco" o "masa por velocidad de la luz al cuadrado". En cambio, en las artes y el diseño no hay "constantes" o "ecuaciones" o "leyes" que diriman lo "correcto" de lo "errado". Por el contrario, recurrimos a la antigua y venerable tradición de la crítica como un medio que busca mejorar una obra según muchos criterios subjetivos.
Muchos de los criterios con que son juzgadas las obras de arte son cada vez más útiles para aplicarlos a los negocios:
Humanidad: ¿plantea una pregunta interesante sobre la forma en que vivimos?
Progreso: ¿la obra implica un avance en cierto campo?
Formalismo: ¿demuestra la presentación alguna experticia o talento?
Completud: ¿estamos en el final del ciclo de un acto creativo o aún a medio camino?
Y se puede agregar, o inventar, aun más criterios sobre los que pueden basarse las evaluaciones.
¿Suena inexacto? Sí, y no. Lo que ocurre en una crítica es el simple pero poderoso acto de probar una hipótesis desde cada ángulo de ataque o elogio. Pero estas palabras son peligrosas.
La palabra "ataque" debe usarse con cuidado; hay una vieja leyenda sobre las críticas en las escuelas de arte en que el profesor descuelga un cuadro de la muralla y lo atraviesa caminando para evidenciar su disgusto. Esa crítica cae en la categoría de " crítica malévola", que puede servir para ser dramatizada en las películas, pero sirve muy poco al desarrollo de un artista.
Del mismo modo, la palabra "elogio" debe ser usada con cuidado porque una andanada permanente de aplausos puede generar una parálisis creativa.
Siempre es más agradable escuchar "me encanta", pero cada artista sabe que su trabajo siempre puede ser mejor; por eso el "me encanta" puede ser igual de nocivo que "esto es basura". La especificidad es importante en cualquier buena crítica.
La crítica permite que los pro y los contra salgan a la luz para que los artistas escuchen, se defiendan y aprendan de un público de expertos y pares. Entrega un método para juzgar las respuestas a preguntas resbaladizas que no tienen respuestas concretas.
Dada la ambigüedad que rodea a la innovación, es fácil ver cómo una crítica honesta también puede ser una práctica útil de negocios. En otras palabras, ser abierto a la crítica lo convierte a usted en un auditor ávido y sensible a los aportes en tiempo real del mundo que lo rodea.
Hoy se debate mucho sobre cuál es la mejor forma de dar feedback a los empleados:
-si enfocarse en las fortalezas o en las debilidades, o
-cómo hacer una revisión anual eficaz.
Al jefe le corresponde “criticar” el trabajo de sus subordinados, ¿pero qué pasa al revés? En el modelo tradicional del liderazgo autoritario, se espera que el líder tenga la razón. La crítica al jefe es a puertas cerradas, o por la espalda, y casi nunca se hace abiertamente. Pero mis estudios en liderazgo creativo me indican que ser criticable es una manera importante de asegurarse de que sus acciones sean las pertinentes.
Ser criticable significa que usted está abierto a la idea de que podría estar equivocado, y por ende que la única forma de probar sus hipótesis es sometiéndolas a la crítica.
También significa que usted está abierto a hacer preguntas más grandes sobre su trabajo y su validez dentro de la organización. Dicho de otra manera, ser criticable lo hace más responsabilizable.
En la Rhode Island School of Design han adoptado la práctica de criticar la forma en que se dirige la organización como si se estuviese en un estudio. Las reuniones de equipo suelen tomar la forma de una crítica, donde se evalúa detalladamente mis presentaciones en público, el manejo de ciertas situaciones o las comunicaciones que se quieren emitir.
Ciertamente que no es perfecto. Pero por eso habla de ello acá y en las charlas que el autor da en otros lados.
Para que la idea sea criticada. Así que critíqueme, por favor.
Por: John Maeda
Fuente: Blog Hbral

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