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miércoles, 22 de septiembre de 2010

Algunas lecciones de liderazgo de los jesuitas del siglo XVI...


Cuando Ignacio de Loyola fundó la Compañía de Jesús en el siglo XVI, se fijó ciertos objetivos en materia de captación y desarrollo de los líderes de la organización. Sus ideas todavía gozan de gran actualidad para ejecutivos del siglo XXI...

A mediados del siglo XVI, cuando Ignacio de Loyola y otros estudiantes de la Universidad de París fundaron la Compañía de Jesús, no tenían una idea demasiado clara del trabajo que harían.

Sin embargo, sabían perfectamente la clase de gente que pretendían reclutar en la organización y las dotes que debían poseer sus líderes.

Un artículo de ESADE Business School nos ofrece un interesante recorrido por las enseñanzas que los directivos del siglo XXI pueden extraer del modelo de liderazgo jesuita. Veamos...

1) Autoconciencia

En cualquier organización existen prometedores jóvenes ejecutivos que parecen tenerlo todo para llegar a la cúspide. Sin embargo, lo cierto es que la inteligencia, la ambición y la formación no siempre son suficientes y muchos de estos jóvenes talentos acaban estancados.

Según la investigación de ESADE, estos resonantes fracasos pueden atribuirse, en muchos casos, a la falta de comprensión de las propias fortalezas y debilidades en un contexto cambiante.

En efecto, en medio de los incendios del día a día, son pocos quienes pueden (o quieren) detenerse a reflexionar sobre el rumbo que está adoptando su carrera.

Y los jesuitas parecen haberlo comprendido hace varios siglos.

En efecto, cada persona que se une a la organización debe atravesar un mes de retiro donde la única tarea consiste en someterse a una intensa reflexión espiritual sobre las propias fortalezas y debilidades en relación con la misión del movimiento.

Incluso, una vez de vuelta a las actividades cotidianas, el jesuita se toma todos los días unos momentos para reflexionar sobre sus objetivos últimos y las lecciones aprendidas durante la jornada para alcanzarlos.

2) Adaptabilidad

A esta altura, no es sorpresa para nadie que una de las claves de éxito de cualquier empresa radica en su habilidad para adaptarse a los cambios en el ambiente competitivo.

En una célebre investigación realizada en los '90, los profesores John Kotter y Jerry Porras concluyeron que las empresas más exitosas son aquellas que cuentan con ciertos valores centrales e inmutables compartidos por todos los miembros y una capacidad para adaptarse a las circunstancias del entorno.

El jesuita Roberto de Nobili pareció aplicar esta enseñanza perfectamente cuando, a principios del siglo XVII, emprendió un viaje de evangelización a la India.

De Nobili se mantuvo fiel al dogma cristiano. Sin embargo, para transmitir más eficazmente su mensaje, se adaptó a su entorno vistiéndose con las tradicionales ropas hindúes y hasta se convirtió en vegetariano.

3) Heroísmo

Nuestro moderno concepto del heroísmo está asociado con el guerrero que conquista una base enemiga y recibe una condecoración.

Pero los jesuitas tenían otra concepción. Para ellos, el héroe era aquel con grandes ambiciones y una pasión por la mejora continua, el hombre que constantemente busca oportunidades de poner su granito de arena en el éxito de un proyecto conjunto.

4) Amor

¿Qué tiene que ver el amor con la vida corporativa? Seguramente, a usted no le irá bien como ejecutivo si se pone a recorrer los pasillos de la empresa abrazando a sus colegas y diciéndoles que los ama.

Desde luego, los jesuitas no eran ingenuos. Ignacio de Loyola decía que el amor debe manifestarse en los hechos, no en las palabras.

El amor se manifiesta en una actitud positiva hacia los otros, una actitud que sirva para desarrollar todo su potencial. Confianza, respeto y una sincera voluntad de ver triunfar al otro son la forma de manifestar el amor hacia el prójimo en una organización.

En definitiva, advierte el artículo de ESADE, los posmodernos solemos considerar al liderazgo, básicamente, como una serie de tácticas para que el otro haga lo que queremos (y quizá, hasta agradeciéndonos por darle la oportunidad de hacerlo).

Los jesuitas, por el contrario, tenían una óptica completamente distinta. Para ellos, el liderazgo era un conjunto de valores que conforman a una persona en su manera de relacionarse con los otros de una forma altruista y orientada al bien común.

Fuente: MateriaBiz

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