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jueves, 5 de agosto de 2010

Modelos Mentales, Como enfrentas la adversidad

Algunos se esfuerzan, poniendo en ello sus vidas, por demostrar al mundo lo bueno y maravillosos que son, ocultando sus faltas y asumiendo la mentalidad del sabelotodo.
Algunos hacen esto incluso conscientes de su incompetencia e ignorancia, y otros, creyéndose su propio engaño, llegan también a emitir floridos discursos en los que se escuchan palabras cosméticas y sin substancia, con las que se declaran eternos aprendices, sin percatarse de la incoherencia que existe entre el canal del audio y el del video.
Me pregunto por qué, la gran mayoría de nosotros fuimos parte alguna vez (y a veces lo seguimos siendo) de este juego desgastante. Y con esta pregunta en mente me sumergí en la lectura de Mindset, The New Psychology of Success, donde Carol Dweck vuelca el producto de 20 años de investigaciones sobre la forma en la que las personas enfrentamos las equivocaciones, los errores, los problemas, las dificultades. Aquí van algunas pistas.
Dweck encontró dos sistemas básicos de mentalidad que impregnan la manera en que vivimos y que tienen sus raíces en creencias sobre nosotros mismos que afectan la manera en que manejamos nuestras vidas.
Estas creencias determinan nuestra capacidad para convertirnos en mejores personas y para alcanzar las cosas que valoramos. ¿Una simple creencia tiene el poder de transformar nuestra psicología, y por ende, nuestra vida? ¿Cómo esto es posible?
Unos creen que sus cualidades están escupidas en piedra. Qué nacen con una cierta cantidad de inteligencia, con una cierta personalidad y con un cierto carácter moral. Estos tienen que probar siempre que son aptos, ya que no pueden vivir sintiéndose deficientes en la mayor parte de estas características básicas.
Algunos de nosotros nos entrenamos en esta mentalidad desde pequeños, y nuestros padres y sistemas educativos nos regaron constantemente con mensajes que alimentaron esta creencia, que somos un producto terminado con ciertas características de calidad fijas e inmutables: aptos o ineptos, inteligentes o tontitos, voluntariosos o vagos, físicamente ágiles o torpes.
Veo a muchas personas con este objetivo agotador de probarse a sí mismas (en clases, en sus profesiones y en sus relaciones). Toda circunstancia los llama a confirmar si son o no aptos. Ante cada situación se preguntan: ¿Tendré éxito o fallaré? ¿Me considerarán inteligente o estúpido? ¿Seré aceptado o rechazado? ¿Me sentiré ganador o perdedor?
¿No valora nuestra sociedad la inteligencia, la personalidad y el carácter? Sí, pero… Existe otra mentalidad en la cual estos elementos no están fijos en sus magnitudes, no son las cartas que te tocaron y con las que tendrás que vivir el resto de tu vida. En esta otra mentalidad estos elementos son flexibles y lo que hoy tienes constituye el punto de partida para tu desarrollo y crecimiento.
Esta mentalidad del crecimiento se basa en la creencia de que tus cualidades básicas son algo que puedes cultivar mediante tus esfuerzos. Aunque las personas podamos diferenciarnos en los talentos, aptitudes, intereses o temperamentos iniciales, todos podemos cambiar y crecer mediante la dedicación y la experiencia.
¿Acaso las personas con esta mentalidad creen que cualquiera puede llegar a ser cualquier cosa, que cualquiera puede convertirse en un Einstein o un Beethoven? No, pero creen que toda persona tiene un potencial real desconocido (e inconcebible), el que es imposible develar por anticipado y que puede desplegarse con años de pasión, dedicación y entrenamiento.
No se si las cualidades de una personas son algo que puede cultivarse o que está esculpido en la piedra. Me interesa poco saber cuál es la verdad en esta cuestión. Lo que sí me importa es que reflexionemos sobre cuál de estas dos mentalidades es mejor para nosotros. ¿Cuales son las consecuencias de pensar de una manera o de otra?
Fuente: Puerto Managers

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