viernes, 6 de agosto de 2010

Las tabaqueras retan al Gobierno con la guerra de precios en el tabaco de liar

Imperial Tobacco, Philip Morris, JTI y BAT, tabaqueras que concentran el 96,82% de las ventas de cigarrillos, mantienen una dura guerra de precios en el tabaco de liar, que les ha llevado a subvencionar parte del coste a los fumadores.
Por cada bolsa de 20 gramos que comercializan, las tabaqueras pagan de su bolsillo al Ministerio de Economía y Hacienda alrededor de 0,20 euros. Aún así, resulta un negocio rentable para las empresas, dado que los costes de producción de este tabaco son inferiores a los de los cigarrillos.
Esta paradójica situación se explica porque las compañías están comercializando la picadura de liar por debajo del precio mínimo establecido por el Gobierno.
Hace poco más de un año, en un intento de frenar el 'boom' de este producto como alternativa a la cajetilla tradicional y disminuir su diferencial de precio frente a los cigarrillos, el Ejecutivo subió su fiscalidad.
Por un lado, introdujo un impuesto específico de seis euros por kilo, el equivalente a 0,12 euros por bolsa de 20 gramos y de 0,18 euros, en 30 gramos. Por otro, para subir el suelo de las tarifas, incorporó un impuesto mínimo de 50 euros por kilo. Esta tasa obliga a las compañías pagar, al menos, esa cantidad al Estado por impuestos especiales del tabaco (la suma del impuesto específico y ad valorem, 41,5% del precio de venta).
Si no se alcanza, como ocurre actualmente, las compañías pagan la diferencia. El tabaco está gravado, además de con los impuestos especiales, con el IVA (18%) y con la comisión al estanco (8,5%).
En la práctica
El impuesto mínimo actual, situaría el precio más bajo de una bolsa de 20 gramos en 2,12 euros y el de 30 gramos, en 3,18 euros. Ninguna de las grandes marcas se comercializan en esa banda de precios.
Entre los más baratos, se sitúan Pall Mall (BAT), L&M (Philip Morris) y For U! by Fortuna (Imperial Tobacco) que se comercializan en bolsas de 20 gramos a 1,60 euros. Incluso con esta tarifa, las tabaqueras obtienen margen con la venta de este producto.
Así se desprende si se tiene en cuenta que el precio de cesión (margen para la compañía, sin contabilizar los costes de producción, después de abonar los impuestos y el canon de los estancos) equivale a 0,22 euros por unidad. Es el márgen que obtienen, incluso después de pagar 0,216 euros para cubrir la diferencia con el impuesto mínimo.
En la banda de precios de 2,60 euros (bolsa de 30 gramos), al que se vende Camel, Chesterfield Roll Your Own y Lucky Strike, las empresas tienen que pagar a Hacienda 0,241 euros por unidad para cumplir con el impuesto mínimo. Con esta tarifa y a pesar de abonar la tasa, las compañías obtienen un margen bruto de 0,48 euros.
Revisión
Ante esta situación, empiezan a surgir voces dentro de la industria que reclaman la actualización del impuesto mínimo de las picaduras desde los 50 euros a 70 euros por kilo, una medida que obligaría a las compañías a situar la tarifa en el entorno de los dos euros para el paquete 20 gramos. Tras la subida del IVA, el precio medio de una cajetilla de cigarrillos es de 3,35 euros.
La revisión al alza de los precios contribuiría, además, a reducir el diferencial frente a la cajetilla tradicional de cigarrillos. No es cuestión baladí. En el primer semestre, el consumo nacional de tabaco de liar ha crecido casi un 18% al convertirse en la opción low cost de los cigarrillos. El tabaco de liar equivale al 8,8% del consumo de cigarrillos en volumen, aunque valor representa el 3.5% de las ventas totales de tabaco, según datos del Comisionado para el Mercado de Tabacos.
Otras voces en el sector apuntan que la revisión del impuesto mínimo en el tabaco de liar sería una medida más eficaz en la lucha contra el tabaquismo que la prohibición de fumar en todos los espacios públicos, especialmente entre los jóvenes. Por su bajo precio, el tabaco de liar es la fórmula que eligen los jóvenes adultos, que es cómo las compañías definen al consumidor de menor edad, porque la venta de tabaco a menores de 18 años está prohibida.
Por: I Elizalde
Fuente: Expansión

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