lunes, 23 de agosto de 2010

Hoy, hasta el jefe es temporal

El 'alquiler' de altos ejecutivos por pocos meses permite a las empresas controlar sus gastos - Los directivos ajenos a la plantilla afrontan más riesgos para cumplir objetivos
La temporalidad, el mal endémico de la economía española que todos -el Gobierno y la oposición, la patronal y los sindicatos- prometen combatir, afecta principalmente a los trabajadores con menos formación, a los jóvenes, a la parte más baja de la pirámide laboral. La cúspide parecía permanecer ajena a la incertidumbre. Hasta ahora.
Prolifera una nueva fórmula de contratación para jefes: el alquiler de directivos que asumen el mando desde el primer día y que se marchan cuando se cumplen unos determinados objetivos, ya sean estos crecer, conquistar nuevos mercados o escapar de una inminente quiebra.
La crisis golpea también a los hasta hace poco intocables. Ante el gran coste de asumir a un ejecutivo indefinidamente, la opción temporal se presenta como la más conveniente para empresas estancadas o en apuros que necesitan urgentemente nuevas ideas en su cúpula.
Además, permite testar al profesional, comprobar si sería rentable contratarle cuando lleguen tiempos mejores. En un país donde la inestabilidad laboral es marca de la casa, ¿habremos de acostumbrarnos a jefes con futuros tan frágiles como los de sus subalternos?
"Somos como una empresa de alquiler de coches de lujo". Así se vende Luis Encinas, antiguo responsable de marketing de la empresa de telecomunicaciones ONO. Hace tres años dejó su cargo junto al director general, Fernando Ojeda, para embarcarse en un proyecto de TDT de pago que fracasó por la huida de los inversores. A principios de 2010 decidieron cambiar de rumbo: ahora ofrecen su experiencia en grandes empresas al que pueda y quiera pagarla.
El caso de Fernando Ojeda y Luis Encinas es revelador. Durante el tiempo que transcurrió entre el descalabro de su anterior negocio y su posterior promoción como directivos a tiempo parcial, muchos de sus viejos colegas les solicitaban ayuda para gestionar mejor sus empresas. Sin cobrar ni un duro a cambio.
Acostumbrados a bregar durante más de dos décadas con la competencia, Encinas y Ojeda se dieron cuenta de que podían sacar partido a su lista de contactos.
"Veíamos", describe Encinas, "tijeretazos en el gasto de las compañías y Expedientes de Regulación de Empleo; que no se contrataba indefinidamente a nadie; y, sobre todo, algo que nos interesaba mucho: cierta saturación en los equipos directivos, que apenas podían hacer nada aparte de sus viajes de negocio. Hacían el mismo curro de siempre, pero con menos gente". Ahora ambos asesoran, se integran en una compañía y toman decisiones, pero siempre de manera temporal (por un mínimo de tres meses) y solo para puestos de "altísima" dirección, como consejeros delegados o directores generales. Cobran un fijo más una comisión en caso de que su labor contribuya a que aumenten los beneficios.
Su especialidad es potenciar el crecimiento de entidades que se han quedado estancadas: "Antes de la crisis, te subías a la ola y más o menos crecías. Es ahora, cuando no hay ola, cuando más nos necesitan", dice Encinas para explicar su éxito.
Trabajos temporales, sí, pero bien remunerados. Nada que ver con el típico drama del joven hiperformado que deambula durante años por empleos inestables y mal pagados. "Se les conoce como AGE, Activos de Gran Experiencia. Es un juego de palabras con el término inglés edad: profesionales de más de 50 años, veteranos que cobran en torno a los 120.000 euros anuales", asegura José Ignacio López, director del departamento de Organización de Empresas de la Universidad Complutense de Madrid. Puede resultar obsceno hablar de precariedad en estos casos. "Muchos de ellos han abandonado sus anteriores empresas, pero tras recibir grandes sumas como indemnización. Cercanos a la jubilación, gozan de una capacidad económica importante y no les importa cobrar menos".
¿Hasta qué punto esta fórmula no es una mera continuación de lo que siempre hicieron las consultoras o, como plantea José Ignacio López, "los mismos perros con distintos collares"? La respuesta la tiene Miguel Portillo, director de una de las divisiones de la compañía británica de selección laboral Michael Page: "En España esto es algo nuevo. En los estratos bajos la temporalidad lleva ya 15 años instalada, pero a niveles directivos está alcanzando su auge en este preciso momento". Portillo se encarga de escoger ejecutivos para puestos temporales a petición de las empresas. Viene a ser la competencia con la que tienen que enfrentarse Encinas y Ojeda, que ofrecen sus servicios sin necesidad de intermediarios.
La crisis económica ha propiciado la existencia de "un colectivo de directivos de alto valor que ahora están desempleados", explica Miguel Portillo. Las empresas ajustan sus presupuestos y los recortes los pagan primero los cuadros medios y bajos. Después, y en menor medida, los jefes. Portillo clasifica en dos categorías a los ejecutivos que se prestan como carne de alquiler. "Por un lado está el directivo de alto valor que se ha quedado descolocado en el mercado. Acepta una opción temporal solo porque quiere conservar cierta visibilidad, hacer currículo y asegurarse unos ingresos hasta que encuentre algo indefinido". Por otro lado, "los profesionales de lo temporal", los adictos al riesgo que rechazan integrarse en una empresa. Prefieren sacarle jugo a la opción de arrendarse: la brevedad de su contrato se compensa con un salario muy por encima del que establece el mercado.
"Si se cumplen los objetivos sale barato". Quien habla es el patrón de la división española de una importante multinacional. La empresa, aquí anónima por petición de este directivo, ha sorteado relativamente la crisis; cerró 2009 con beneficios, pero para ello tuvo que recortar su plantilla. Ahora, realizados los ajustes, quiere crecer, incrementar los beneficios y explotar el área de marketing, en el que la compañía, reconoce, "flaquea": para lograrlo, ha alquilado a un ejecutivo. Este empresario asegura que aún no ha pactado la cantidad a pagar al recién llegado, y explica que prefiere esta opción a la indefinida porque teme que, si hace fijo a un alto ejecutivo, "la empresa se le quedará pequeña y se marchará o se desmotivará".
Profesionales contratados por horas, días o semanas, por meses o años, que no tienen miedo al riesgo. Si los objetivos no se cumplen, no se cobra el bonus, con lo que el sueldo por un año de trabajo se reduce considerablemente, quedando lejos de lo que podrían ganar en otro lugar menos excitante pero más seguro. Existen perfiles agresivos: los que prefieren retos a corto plazo en lugar de estabilidad. Y también los que se ven obligados a conformarse debido a la crisis. "Antes era casi misión imposible convencer a un ejecutivo para que abandonase su compañía y se dedicase a pulular temporalmente por otras", recuerda Elena Terol, fundadora de Excellent Search, que intenta pescar a los mejores candidatos en un "mercado revuelto".
En Estados Unidos, Reino Unido y Holanda la práctica de asalariar a directivos durante un corto periodo de tiempo funciona desde los años setenta del siglo pasado bajo el nombre de Interim Management. No es lo mismo que el alquiler: como los ojeadores de los equipos de fútbol, se trata de hacer de headhunter (cazatalentos, término cada vez más utilizado en el ámbito económico), de buscar a quien salve la empresa en momentos de crisis. "Intervenimos cuando se produce una emergencia, somos solucionadores de problemas", explica Alfonso de Benito, consejero delegado de EIM, multinacional del Interim Management cuyo principal activo es una potente base de datos de más de 2.000 ejecutivos potencialmente en alquiler. "Nunca firmamos contratos. Nos piden un directivo, lo localizamos y a cambio cobramos una remuneración".
En España, el Interim Management llegó con retraso y aún sigue creciendo, pero la fórmula más novedosa es la del alquiler de directivos sin intermediario alguno, a modo de freelance, como Encinas y Ojeda. Se diversifican también las misiones de estos jefes por un año. Ya no se les requiere solo para evitar la quiebra haciendo el trabajo sucio. "Encontramos desde sustituciones para bajas por maternidad hasta proyectos de evaluación a corto plazo para decidir si se entra o no en un nuevo mercado", explica Miguel Portillo, de Michael Page.
Sin embargo, todavía abundan las contrataciones temporales para perfiles a los que se les exige mano dura y sangre fría. Llegar, evaluar y hacer limpia. Reestructuraciones, despidos, cambios radicales... A ser posible, con experiencia en situaciones difíciles, curtidos en crisis y sin remilgos para los recortes.
Que alguien así llegue a una empresa tradicional, habituada a formar a sus propios empleados y sin recurrir a nadie externo, es todo un conflicto, como argumenta el psicólogo Francisco José Palací, de la UNED: "Puede provocar un rechazo frontal. No va a encajar en la cultura de la empresa y será muy difícil que lleve a cabo su trabajo porque generará desconfianza. Será totalmente contraproducente".
José Ignacio López considera que lo mejor es que no se les contrate a ellos solos, sino que vengan con sus propios equipos para así no tener que integrarse en entornos que no les van a aceptar: "Dentro de la empresa suele llevarse muy mal. Nada más llegar, muchos de ellos están en la órbita de la presidencia, por lo que parecen niños mimados y levantan muchos recelos".
El agravio aumenta si al directivo temporal se le ha traído para que despida empleados o decida a quién no se le renovará el contrato. María Esperanza Hernández, psicóloga y presidenta de la asociación contra el mobbing ACAL, conoce a los temidos "ejecutores": "En algunos casos he apreciado cómo la destrucción y la exclusión de un trabajador ha sido exprés, a la carta, siguiendo un plan de hostigamiento de manual. Ante la falta de escrúpulos y la limpieza de la ejecución, sospechamos que la función que este directivo desempeñaba era precisamente esa, puesto que contaba con antecedentes parecidos en otra empresa".
Al igual que existe acuerdo en que la temporalidad deberá dejar paso a otras fórmulas si queremos ver el tan cacareado cambio de modelo productivo en España, existe consenso en que el alquiler de directivos ha llegado para quedarse. "Es una vía absolutamente válida, algo que irá in crescendo. Ya existen países, como Holanda, donde cuanto más abajo vas, cuanto menos cualificado y menos experiencia tiene el trabajador, más estable es su contrato; mientras que los altos estratos están siempre en régimen temporal", opina el directivo Miguel Portillo, que defiende la opción neerlandesa y aplica también un símil futbolístico entre la situación de los directivos y de los jugadores de alto nivel: "Firman por un año y no importa solo su rendimiento sino sobre todo que se cumplan una serie de objetivos de equipo". José Ignacio López, muy crítico con los conflictos que se pueden crear, aboga no obstante por aprovechar este sistema para implantarlo en las pymes: "Creo que debería generalizarse".
En un entorno económico inestable, cambiante, los altos cargos deberán habituarse a la fragilidad del futuro al igual que el resto de trabajadores. Muchos serán utilizados para hacer en unos pocos meses lo que nadie se había atrevido a hacer en años. Cuando el clima en la empresa sea insostenible, la teoría dice que se marcharán con un buen bonus en el bolsillo. Y después, la incertidumbre de volver a ponerse en oferta hasta que alguien necesite a un veterano al que conceder mucho poder por muy poco tiempo.
Así son los 'jefes express' - Cláusula de exclusividad. Evita la competencia desleal, esto es, que el directivo actúe en dos empresas de un mismo sector.
- No son consultoras. El directivo trabaja en los cuadros de dirección de la empresa, no asesorando desde fuera.
- No hacen 'interim management'. Les emplean compañías que quieren ampliar mercado, no solo aquellas en riesgo de desaparecer. Tapan parches y ayudan a crecer.
- Solo altos cargos. No ocupan cuadros medios. Se les contrata como consejeros delegados o como directores generales por un periodo.
- Cobro por objetivos. Si se cumplen las metas, los directivos reciben la cantidad acordada más una prima.
Por: MIGUEL CALZADA / PABLO GARCÍA
Fuente: El País

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