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martes, 13 de julio de 2010

Romper con lo cotidiano, el elixir de una nueva carrera, "Pippa Lee"

"El matrimonio es sólo un acto fe, cuestión de rutina", afirma Pippa Lee. El personaje que interpreta Robin Wright en La vida privada de Pippa Lee, la última película de Rebecca Miller –hija del escritor Arthur Miller y autora de la novela en la que se basa el filme–, es así de realista y capaz de esconder un ataque de histeria bajo un semblante sereno.
La vida de Pippa está marcada por el estado de salud de su marido, Herb Lee –Alan Arkin–, un editor de éxito 30 años mayor que ella, que decide trasladarse a Connecticut en busca de la quietud que no encuentra en la ciudad.
La protagonista comparte con su marido dos hijos veintañeros, que empiezan a vivir por su cuenta, y una relación silenciosa, tranquila, basada en el respeto mutuo y la amistad y que se mantiene en equilibrio gracias a una rutina buscada.
Poco tiene que ver este montaje con su juventud y con su niñez, marcadas por el desorden y los cambios de carácter de una madre paranoica continuamente colocada: "Mi madre nos quería hacer creer que vivíamos en un anuncio de televisión o en una película. Nadie se daba cuenta, pero yo sí", recuerda.
En el pasado Herb aportó a Pippa esa seguridad que necesitaba pero que ahora la tiene atrapada en un futuro incierto: su compañero, que acaba de cumplir 80 años y ha sufrido un par de infartos, es el garante de su equilibrio y ante su posible fallecimiento teme volver al caos que gobernaba su vida en el pasado.
La rutina y el miedoAcomodarse, caer en la rutina y el miedo a lo desconocido son también algunos de los temores que paralizan a muchos profesionales. Sentirse cómodo y seguro en el puesto son alicientes que pueden actuar en contra cuando trabajar se convierte en una rutina de la que no es posible escapar. Para evitar esta desilusión, que suele ser la causa de falta de compromiso y pérdida de la iniciativa –los motores de la productividad–, las empresas diseñan todo tipo de programas destinados a salvar al empleado. Así se le ayuda a salir de ese despido interior, el mismo que padece Pippa cuando nada de lo que hay a su alrededor consigue despertarla de su letargo, aunque lo intenta.
Como el resto de sus vecinas septuagenarias se apunta a clase de cerámica y sólo cuando la profesora le llama la atención porque no progresa, reacciona. Le responde de mala manera y es expulsada por ello. Alterada, acude a su marido, al que sorprende con su mejor amiga. Para Pippa es la gota que colma el vaso, el detonante que le hace plantearse una nueva vida apartada de la comodidad pero sin rastro de hipocresía.
Lotfi El-Ghandouri habla en El despido interior de un problema similar al que padece el personaje de esta película, pero desde la perspectiva laboral. El autor analiza en su libro cómo la infelicidad en el puesto de trabajo nos lleva a convertirlo en una prisión, algo similar a la cárcel en la que transcurre la vida de Pippa.
Que el talento existe es un hecho, pero también lo es que no son muchas las empresas capaces de explotarlo, y además faltan personas que conozcan sus verdaderas capacidades y las pongan al servicio de la sociedad. Pippa tiene un gran talento que no ha sabido desarrollar: la rutina mantenía su cabeza ocupada. Herb no la ayudó, pero tampoco ella era consciente del daño que se estaba haciendo: el sonambulismo que padece sólo es una consecuencia de su infelicidad.
El cambio
¿Qué anima a los profesionales a afrontar el cambio? A menudo esta transformación viene dada por factores externos: un aumento de sueldo, un cambio de puesto y, sobre todo, un despido, pueden los puntos de inflexión. El error reside en esperar. Según El-Ghandouri, cerca del 60% de los profesionales creen que las organizaciones no les animan a dar lo mejor de ellos mismos. Lo que significa que más de la mitad de la fuerza laboral está en riesgo de vivir un proceso de despido interior. La cuestión es si la culpa es de las organizaciones o de las personas.
Algunos directores de recursos humanos ya empiezan a dejar de lado el paternalismo que domina buena parte del tejido empresarial español y abogan por la autonomía: "El empleado tiene que venir motivado de casa. Nosotros le ofrecemos los medios pero tener iniciativa y ganas es algo que nace de uno mismo". Francisco Román, presidente de Vodafone, califica el paternalismo como un vicio a largo plazo. Lo cierto es que el empleado que trabaje en empresas que le dan todo hecho se expone al mayor de los peligros: el acomodo y el estancamiento profesional, justo la cara opuesta a la empleabilidad, que debería perseguir, y a la productividad y el compromiso que desean generar las empresas entre sus empleados.
¿Cuántas fortalezas levanta a su alrededor para huir de la realidad? ¿Cuántas horas es capaz de navegar por Internet en su jornada laboral sin darse cuenta del tiempo perdido? Para paliar estos males que, llevados al extremo, pueden impactar en el negocio, las empresas tienen que aprender a encontrar el equilibrio entre lo que dan a su plantilla y lo que les exigen. Porque, ¿sabe lo que tiene que hacer en su puesto de trabajo? ¿conoce sus objetivos?
Si los profesionales saben cuánto vale su aportación gozarán de la autonomía necesaria para tomar la iniciativa, disfrutarán con ello y no caerán en el despido interior, un lastre difícil de soltar. La comodidad es un lujo que, muchas veces, no es compatible con la carrera. Tome las riendas y, como Pippa, dé el salto a una nueva vida.
La vida privada de Pippa Lee
Director: Rebbecca Miller
Nacionalidad: Estados Unidos, 2010
Género: Drama
Fuente: E&E, Montse Mateos

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