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lunes, 12 de julio de 2010

LA GESTIÓN PREVIA: GESTIONAR DESDE EL VESTUARIO TIENE PREMIO

Liderazgo, Gestionar desde el vestuario tiene premio
¿Qué se necesita para meter un gol? ¿Y para hacer pleno en una campaña comercial? Aunque ambos casos difieren en el proceso, el resultado es el mismo: lograr un objetivo común. La receta para el éxito incluye una pizca de liderazgo y buenas dosis de solidaridad.
Si en el fútbol el éxito se demuestra con los goles, en la empresa el cumplimiento de objetivos es la prioridad, el resultado que evidencia un buen trabajo en equipo. En ambos casos, la gestión previa, antes de salir al campo, es fundamental. ¿Cuántas veces se ha atribuido una derrota deportiva a un mal ambiente en el vestuario? El mal rollo de la trastienda se deja ver en el terreno de juego. Por esta razón es clave que todos y cada uno de los integrantes de un equipo conozcan los objetivos, confíen en sus capacidades y en las del resto de sus compañeros, que son juez y parte implicada en la estrategia por un objetivo común.
Valores para ganar
Enric Serradell, profesor de Estudios de Economía y Empresa de la UOC, señala la sociabilidad y la solidaridad como los valores que deben tener las personas para que la suma del todo supere a los individuos. Para Juan Carlos Cubeiro, presidente de Eurotalent, un equipo es un grupo humano que genera sinergias y resultados superiores. "En el deporte y la empresa, cuando existe cierta complicidad personal, los resultados son mejores.
Lo mismo sucede con la solidaridad, que se hace muy evidente cuando se trabaja por proyectos. Ahí los roles de cada uno de los miembros son cambiantes", dice Serradell, quien ilustra esta situación con el rodaje de una película: "Es la muestra más clara de que los proyectos nacen y mueren, y las relaciones que generan se producen una vez en la vida. Ese grado de temporalidad hace que estén muy cohesionados. Las relaciones largas y estables en determinado puesto no favorecen ese grado de implicación".
Por estos motivos Douglas McEncroe, director de Douglas McEncroe Group, dice que es básica una buena gestión antes de saltar al campo de juego. Señala la confianza, la claridad y la comunicación como los valores clave:
"Hay que reforzar la posibilidad de tener éxito sin generar expectativas poco realistas, tener muy clara la estrategia, sin dejar lugar a la duda, y conocer los vínculos de cohesión entre cada uno de los miembros. En un equipo la parte depende del todo". Según Vicente Blanco, consejero consultor de Mercer, no hay equipo sin liderazgo ni líder sin equipo. Pero además señala el tiempo de juego como un factor determinante: "Si un grupo aprende a trabajar y tiene éxito, eso le refuerza. Si fracasa de forma habitual acaba disolviéndose".
Los entrenadores y los directivos son los encargados de velar por el estado de ánimo del conjunto. “Si las victorias lo justifican todo se corre el riesgo de perder el siguiente partido. Deben gestionar la euforia y la disforia. Los entrenadores analizan en términos DAFO(Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades) lo que ha salido bien y lo que debe salir mejor, e introducen cambios", afirma Cubeiro, quien pone un ejemplo futbolístico de plena actualidad: "Los mejores entrenadores sacan a jugar a los que están mejor física y anímicamente. Así, en el mundial de Sudáfrica Vicente del Bosque sustituyó a Fernando Torres en el partido que disputó la selección española de fútbol contra Portugal y Paraguay, porque al Niño le puede la ansiedad y no acierta cara al gol".
Javier Sevilla, director general del Jobssy.com, cuenta con una dilatada experiencia en recursos humanos. Identifica dos tipos de perfiles que pueden influir en la gestión de un grupo de personas: el manager, que es el responsable del equipo, y el operativo. "En el primer caso lo más importante es motivar, generar un ambiente adecuado e integrarse en el grupo como uno más. Un buen jefe debe estar en contacto con su gente, escucharla y comprender sus problemas sino el equipo no funciona". Por otra parte, y no menos importante, Sevilla destaca el aspecto operativo: "Cada profesional es como un engranaje que mueve la máquina, por eso es fundamental que encaje perfectamente".
Y de vuelta al vestuario, ¿es más fácil gestionar la victoria o la derrota? McEncroe considera que si se fracasa no hay que fijarse en lo que se ha hecho mal, sino reforzar lo que se ha hecho realmente bien: "Si se trabajan los defectos, sólo se consigue gente mediocre en esa disciplina, pero si se potencia la parte positiva se logran profesionales brillantes". Blanco aconseja capitalizar las experiencias y persistir en ellas: "Se aprende más de los errores. El éxito puede ser la puerta del fracaso".
Fuente: Expansión, Montse Mateos

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