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domingo, 18 de julio de 2010

Cómo hemos cambiado... con la crisis

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La crisis ha cambiado nuestras costumbres financieras: antes pagábamos todo a plazos; hoy, en dinero fresco. Antes teníamos antojos, hoy cubrimos las necesidades. He aquí una lista de las costumbres que hemos variado.
A tocateja: Eso de ir al banco, pedir un crédito al consumo y llenar la casa con equipos de música y el garaje con coches ya no está de moda. En realidad, los bancos ya no nos prestan dinero de modo que, o pagamos a tocateja, o no hay televisor. La nueva costumbre consiste sacar dinero del cajero el lunes y ceñirnos a esa cantidad durante la semana. Nada de pagar con la tarjeta de crédito sin mirar la cuenta.
Se mira pero no se compra
Antes, nos lanzábamos a la calle a comprar como posesos consumistas. Veíamos un escaparate y no podíamos evitar entrar en esa tienda, y llevarnos foulards, zapatos, bolsos o libros. La tentación salía cara. Ahora, lo suyo es ver pero no tocar. Mejor dicho, ni siquiera damos el paso de ver porque así resistimos mejor la tentación. Solo salimos de compras cuando es estrictamente necesario. La ropa que necesitamos, o la lámpara que realmente deseamos.
Guardar por si acaso
El cubo de la basura se había convertido en nuestro aliado. Nos deshacíamos de zapatos, camisas, abrigos sin miramientos. Había que dejar fondo de armario para las nuevas adquisiciones. Ahora echamos mano de la ropa del invierno anterior. Del verano anterior. Remendamos calcetines, alargamos bajos, estiramos mangas. Nuestra frase preferida: antes ampliar la cintura, que echarlo a la basura.
El teléfono, para lo básico
Nos acordamos ahora del consejo del abuelo: "El teléfono es un cacharro para dar recados y nada más". ¿Estar una hora pegados al móvil? ¿Escribir un mensaje y pulsar multienvío? ¿Ver la tele por el móvil? Nada de eso. Ahora solo lo usamos para dar recaditos cortos y encima nos abonamos a las tarifas más baratas. El teléfono ha vuelto a sus orígenes: un aparato para dejar recados.
El plomo en oro
Las familias han descubierto el secreto de la alquimia pues están convirtiendo plomo en oro. Ordenadores antiguos, aspiradoras, reproductores, teléfonos, tostadoras... todo ello va a eBay, Cash Converters o cualquier tienda que acepte productos de segunda mano. Con ello se logra obtener algo de dinero, y limpiar la casa de trastos inútiles.
Adiós a la TV por cable
Si tienes una televisión pública sin anuncios ni cortes publicitarios, ¿para qué seguir manteniendo los canales de pago? Mucha gente se está dando de baja de los servicios privados de televisión de pago que, como mínimo, cuestan 15 euros al mes. ¿El fútbol? Pues lo vemos en el bar o en casa de un amigo.
Seguros baratos
El seguro del coche, el seguro del hogar, el seguro de la segunda residencia. ¿No se han pasado las compañías con las primas? Es cuestión de llamar a otras compañías, pedir presupuesto, y mostrarlas a nuestra compañía. Así comprobaremos que nuestra compañía nos puede rebajar hasta un 30% las cuotas.
El táper es la salvación
Todos los días nos gastábamos diez euros de media en el menú del restaurante cerca de la oficina. Eso se acabó. Te preparas un pollo al chilindrón o unas habas con jamón en casita, y te la llevas a la oficina en el táper. A la hora de comer, benditos microondas. No sólo ahorras más de 150 euros al mes sino que comes mejor, más sano y lo que te gusta. Y lo mismo con el comedor de los niños en el cole: que se lleven la comida desde casa. Por cierto, nuestro libro de cabecera es "Recetas de táper: cocina fácil para llevar a la oficina" (Planeta).
Plato único o medio menú
Eso de llegar a un restaurante y pedirse dos platos y postres, no sólo engordaba un montón, sino que adelgazaba la billetera. Ahora se pide un solo plato y directos al café. ¿Apetece una entrada? Pues se comparte. Y en lugar de agua mineral, agua de grifo en jarra. Hemos descubierto que eso de pagar por agua mineral embotellada era una bobada.
Regalos prácticos
Nada de sorpresas. Si se acerca tu cumpleaños, seguro que insinúas que te hacen falta unos zapatos, una cazadora, o un libro de dibujo técnico. Así se invierte dinero en algo que se va a usar. Se acabó la era de los regalos sorpresas consistentes en relojes con cronómetro (ya tenemos tres), perfumes (tenemos cinco sin acabar), o corbatas (tenemos infinitas).
Cenas caseras
Las parejas solían quedar con otras parejas e irse a cenar a un buen sitio, regándolo con vinos conservados en roble, y postres de diseño. Demasiado caro. Ahora la costumbre es quedar en casa de alguien, y pactar lo que cada uno va a llevar: unos traen el vino, otros la tortilla, otros el postre. Resultado: una cena de primera con un coste de risa. Ah, y antes de irse, todo el mundo a lavar su plato.
Coches indestructibles
Míralo, ¡si parece nuevo! Ese coche con 100.000 kilómetros que cinco años atrás ya habríamos cambiado, ahora se ha convertido en nuestro perrito faldero. Le tenemos cariño porque ha sido fiel. Y eso hay que premiarlo: nuevos amortiguadores, nuevos neumáticos, unos retoques con pinceles mágicos para que no se noten las rozaduras, y como nuevo. Y encima hemos descubierto que la gasolina de 98 octanos le permite recorrer más kilómetros y sin carraspear. Otros 100.000 kilómetros le esperan.
La casa es la hucha
¡Eh, apagad esa luz! ¡Que alguien cierre el grifo! ¡Basta ya de tanta lavadora! No es la voz de la abuela enfadada sino el grito de guerra en todas las casas. Hay que ahorrar. Mejor dicho: no hay que despilfarrar. Los chicos se habían acostumbrado a tener el ordenador encendido día y noche, a echar los vaqueros a lavar cada dos días o a pegarse unas duchas de media hora. ¡Estamos en guerra! Las luces se apagan, los grifos se cierran, y las lavadoras se usan la mitad de las veces.
El zapatero, mi gran amigo
Tacones, suelas, remiendos... ¿Quién ha dicho que estos zapatos ya no dan más de sí? Les queda mucha tralla gracias al zapatero remendón: los deja como nuevos por un precio que casi es un regalo.
Fuente. El Rincón de Salas, Carlos Salas

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