jueves, 10 de junio de 2010

LA GUERRA QUE TENÍA QUE ESTALLAR: APPLE CONTRA GOOGLE

El iPhone no permitirá la tecnología publicitaria del buscador
Era cuestión de tiempo que los dos grandes triunfadores de la nueva era tecnológica post-burbuja, la llamada Web 2.0, entraran en guerra. Y parece que por fin ha estallado. Apple no sólo ha lanzado el nuevo iPhone, sino que ha introducido unas nuevas condiciones para los desarrolladores de aplicaciones en las que prohíbe el uso de la tecnología de publicidad para móviles AdMob que acaba de comprar Google.
Esta prohibición provocó una airada respuesta de Google ayer, en la que acusaba a Apple de crear "barreras artificiales a la competencia" y de "estancar el progreso tecnológico".
Esta guerra pone de manifiesto la creciente competencia entre dos empresa que hasta hace muy poco parecían aliados naturales: Google proporciona las búsquedas en Internet y la cartografia para el GPS del iPhone. Pero el buscador se está centrando ahora en el mundo de los móviles con su sistema operativo Android, que ha tenido un gran éxito de ventas; de hecho, se venden más smartphones con Android que iPhones, y eso es lo que ha provocado la reacción de Apple
Esto supone una amenaza clara para el dispositivo que se ha convertido en la mayor fuente de ingresos de la empresa de Steve Jobs, por encima de los ordenadores Mac.
Esta guerra sigue a la que ha estallado Apple contra Adobe, el fabricante de la tecnología Flash que el iPhone sigue sin incorporar. Detrás de estos enfrentamientos se encuentra la posición de dominio de Apple, que ha superado en capitalización a Microsoft y que se siente por fin con fuerza suficiente como para imponer sus reglas en el mercado de los móviles.
Jobs puede haber quemado sus naves y, si rompe definitivamente con Google, puede necesitar buscar un sustituto que le provea de los servicios que ahora presta el buscador. Pero Google también tiene que tentarse la ropa antes de romper definitivamente con una empresa que ahora mismo se ha convertido en el líder de este mercado y, más importante, en el nuevo estándar que todos los demás siguen. Lo que está claro es que nos esperan tiempos apasionantes.
Por: Ainhoa Giménez, Bolságora
Fuente: El Economista

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